Cuando esta semana el Departamento de Agricultura de los EE.UU. (USDA) puso el gancho final para autorizar el cultivo transgénico del Trigo HB4®, la rosarina Bioceres cerró un largo círculo en su historia. Si bien ya tenía mercados importantes donde comercializar su semilla persistente a la sequía, Estados Unidos significa jugar en Primera, o, valga el caso, en la NBA.
El país norteamericano se convierte en el cuarto mercado en aprobar totalmente el cultivo y comercialización del trigo HB4, una semilla modificada genéticamente para resistir el stress hídrico y ayudar a que la campaña no se pierda. Ya lo había hecho Argentina, Brasil y Paraguay que se llevan el grueso de la producción sudamericana.
La aprobación de Argentina fue determinante para la firma porque había una resistencia previa muy fuerte con todo un lobby en contra de la comercialización del trigo transgénico de parte de molineros, aceiteros y acopiadores, pero el mercado norteamericano es el hito. Por un lado, por su volumen: es el cuarto productor mundial con 50 millones de toneladas de producción y unas 20 millones de hectáreas sembradas. China, India y Rusia se escapan en el ranking.
Además por la prominente facturación futura, por empezar porque podrá acceder al repago de la biotecnología en semillas, algo que no se hace en la Argentina. En el país no se cobran regalías por lo que se invirtió en el desarrollo biotecnológico, básicamente porque la comercialización es entreverada y la trazabilidad muy compleja. Además la ley de semillas es antiquísima.
El desafío de Bioceres
Hay algo de transgresor y osado en la creación de trigo transgénico. Con la soja HB4 se pudieron derribar rápidamente algunas resistencias básicamente porque se comprobó que mejoraba el rendimiento en la producción sin daños colaterales. Pero con el trigo había un límite ético que nadie se había atrevido a enfrentar.
Hace varios años existían señalamientos por atreverse a modificar genéticamente este cereal tan particular. Del trigo se hace la harina, de la harina el pan que hay en todas las mesas del mundo. ¿Llegar a comer el pan genéticamente modificado? Bueno sí, sobre todo en un mundo que demanda cada vez más alimentos.
En el proyecto HB4 hay una suerte de resistencia a los mandamientos de la naturaleza, al clima cuando se levanta de malhumor un año y se empeña por arruinar una campaña entera. El desafío era enorme, con más para perder que para ganar, y justamente eso los motivó a avanzar en loq ue terminó siendo revolucionario. Con el gancho del Departamento de Agricultura de los EE.UU todo aquello quedó en una anécdota para narrar en la historia de la firma.
Trucco.jpg
Federico Trucco, CEO de Grupo Bioceres
Federico Trucco, CEO de Grupo Bioceres, fue determinante para aquel empujón que desde ahora intentará salvar millones de toneladas sembradas en caso de que la seca pegue. Dirige desde 2011 la empresa que . Dejó en stand by su formación de bioquímico y se especializó en administración de empresas en el exterior para encontrarle la vuelta y desembarcar en la Bolsa de Nueva York. Desde entonces el grupo se expandió, pudo globalizarse e invertir en distintos proyectos para convertirse en unicornio.
La aprobación
La aprobación del Servicio de Inspección Sanitaria de Plantas y Animales (APHIS) llega dos años después de que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) autorizara el Trigo HB4® para consumo. Desde la empresa destacan que el proceso se logró bastante rápido, casi cuatro años, frente a lo que ocurrió a nivel nacional donde tardó casi una década en Argentina.
Es un reflejo del país: una semilla que rompe esquemas, que fue desarrollada en "La Siberia" rosarina por científicos y universidades locales, pero que duerme su aprobación durante 10 años. La Argentina se traba y destraba sola. No es armoniosa, pero sí esperanzadora. Y a nivel local es un ejemplo de la Rosario que funciona, la que se impone sobre lo opaco y que empieza a salir. Es ADN rosarino y producción santafesina en alta resolución que se ve con nitidez incluso en momentos de crisis y de cambio climático.