El valor de la tierra rural santafesina muestra señales claras de recuperación impulsada por las actividades ganaderas, la firme demanda de suelos de alta productividad y la reactivación paulatina de las operaciones inmobiliarias. Así lo señaló un informe del centro de estudios y servicios de la Bolsa de Comercio de Santa Fe.
El estudio indica que la provincia presenta una marcada heterogeneidad según la aptitud productiva e infraestructura hidrológica de los suelos. La Compañía Argentina de Tierras (CAT) definió ocho zonas agronómicas, sobre la base comparativa del Atlas de Suelos de la República Argentina (Inta). En el sur, se ubican la cuenca endorreica y la pampa ondulada santafesina; en el centro la pampa llana santafesina oeste y su similar centro, hacia el norte por la frana costera se ubica el área de influencia del río Paraná, y al norte las llanuras chaqueñas este y oeste, los bajos submeridionaes y la cuña boscosa.
La evolución
La Bolsa recordó que el valor de la tierra en Santa Fe, tras la devaluación de 2001, se encontraba en mínimos históricos. La hectárea en la zona núcleo rondaba de u$s 3.500 a u$s 4.500, mientras que en zonas del norte no superaba el rango de los u$s 200 a u$s 500.
Entrado el nuevo siglo, la adopción masiva de siembra directa, el paquete biotecnológico de soja RR y los precios récord internacionales impulsaron una notoria suba en el valor de la tierra rural en dólares. Entre 2003 y 2012, la zona agrícola sur alcanzó sus máximos históricos, con un promedio de entre u$s 18.000 y u$s 20.000 la hectárea.
Sin embargo, a partir de 2013, el mercado inmobiliario rural atravesó una etapa de estancamiento y una corrección a la baja en los valores de la tierra (entre un 15% y 25% respecto de los máximos de 2011). “Este escenario estuvo determinado fundamentalmente por la presión de las retenciones, las distorsiones del mercado cambiario y el impacto de sequías recurrentes”, indicó el centro de estudios de la Bolsa santafesina.
El panorama actual
Actualmente, hay “una tendencia de sostenimiento y recuperación gradual en los valores”, impulsada principalmente por la revalorización del sector ganadero y la escasez de oferta de calidad.
“La mejora en el precio del kilo de carne de la hacienda en pie incrementó la demanda de campos de cría, recría e invernada, dinamizando las consultas en las zonas mixtas y marginales del norte provincial”, señaló. Por su parte, los lotes de alta productividad agrícola, en la zona núcleo, se perciben como activos “refugio de capital o reserva de valor”, con escasa oferta en venta.
Costo de oportunidad
Los economistas de la Bolsa analizaron el costo de oportunidad de destinar el suelo a la actividad ganadera en lugar de la agrícola, o viceversa, en el territorio santafesino. El resultado es variable.
En el sur y centro provincial la relación entre el valor de la hectárea agrícola de alta calidad (máximos de alrededor u$s 18.000 en Pampa Ondulada) y la hectárea ganadera de la misma región (u$s 1.500 – 3.500) presenta una brecha entre 4 a casi 6 veces. El costo de oportunidad de desviar hectáreas agrícolas de “clase 1” ó “2” a ganadería es “significativamente alto medido en margen bruto por hectárea (alrededor de 500 u$s / ha anual). Por eso, la ganadería en esta región se desplaza “hacia áreas de media loma o esquemas de intensificación, como feedlots y tambos.
En el Norte provincial y los bajos submeridionales, en cambio, los valores rondan entre u$s 150 y u$s 350 la hectárea. Si bien, el costo de oportunidad es notablemente bajo, la aptitud es limitada por anegamientos hidrológicos. La mejora en el precio del stock vacuno ha permitido que la relación “kilos de carne vacuna / hectárea” se encuentre en niveles históricamente atractivos.
“Como referencia, en el norte de Santa Fe, vender entre 2 a 4 vacas/vientres (según edad, condición reproductiva y calidad genética) puede equivaler a adquirir una hectárea de campo ganadero, potenciando la inversión en recría e infraestructura ganadera”, enfatizó el estudio.