Banda de Los Monos
Miércoles 09 de Agosto de 2017

Las variadas etapas de una investigación que implicó custodia para tres jueces

Rodenas terminó avalando la investigación de Vienna. La hizo propia y la dio por buena. Pero antes la criticó de una manera persistente que muchos de sus colegas recuerdan.

Los asuntos por los que la Banda de los Monos comparecerán en juicio en octubre próximo dieron lugar a distintas causas. El corazón de la pesquisa lo constituyen las acciones que inició el juez de instrucción Juan Carlos Vienna a partir del homicidio de Martín Fantasma Paz en septiembre de 2012. El trámite tuvo un momento inicial de casi total letargo pero se reactivó dos meses antes del asesinato de Claudio Pájaro Cantero. Fue cuando se ordenaron escuchas telefónicas al núcleo duro de la familia de barrio Las Flores.

En esas escuchas que duraron algo menos de dos meses late el corazón de todos los procesos que terminan en el juicio venidero. Toda la prueba decisiva está allí. Aparece primero la evidencia de las actividades en búnkeres de parte de los Cantero, con las rutinas de la provisión de la mercadería, las órdenes de trabajo en los locales de venta, las compras de armas y municiones, la colaboración de los distintos actores policiales para asegurar impunidad en negocios ilícitos y actividades violentas. Y una cantidad de homicidios, algunos escuchados en su planificación, otros a minutos de ejecutarse, y una violencia dispersa que ya generó once condenas en un juicio abreviado, consentidas por las defensas de los acusados.

Las acciones judiciales que sirvieron para consolidar la evidencia fueron ordenadas por el juez Juan Carlos Vienna. Su conducta será analizada en el juicio venidero. Pero su investigación hasta ahora no ha sido conmovida. La jueza Alejandra Rodenas recibió, al tomar las causas vinculadas a Los Monos, una investigación terminada. El camarista Rubén Jukic ya la había confirmado diciendo dos cosas fuertes. La primera es que centrar la causa en la hipótesis que conducía al clan Cantero era razonable. La segunda es que las escuchas eran válidas.

Rodenas terminó avalando la investigación de Vienna. La hizo propia y la dio por buena. Pero antes la criticó de una manera persistente que muchos de sus colegas recuerdan. Incluso con actos como dictar la nulidad de un operativo de Vienna contra una finca de Pueblo Esther buscando a Monchi Cantero, donde se hallaron armas de fuego y 40 kilos de cocaína, porque la orden no estaba bien fundada. La Cámara dio vuelta esa decisión (incluso el fiscal le mostró a Rodenas que ella había ordenado allanamientos con órdenes semejantes a aquella de Vienna).

Al heredar la causa de Vienna la jueza avanzó con una investigación ya hecha en cuanto a la producción de prueba. Lo mismo hicieron otros jueces como Patricia Bilotta que procesó al policía Juan Delmastro por el tiroteo a un búnker que causó la muerte de Lourdes Cantero, de 14 años, en una causa que el actor fundamental era el entonces prófugo Monchi Cantero.

Al tomar esas causas en 2016 Rodenas adoptó ciertas medidas interesantes. Mantuvo activa la búsqueda de los prófugos y le delegó la acción a la TOE que, vale decirlo, trabajaba en la causa desde junio de 2013. Cuando Monchi fue detenido en Buenos Aires por la Policía Federal cumplimentó las acciones de una captura que no había librado ella. Y avanzó contra Monchi al declararlo autor de la matanza de tres personas frente al Distrito Sudoeste, de la muerte de Lourdes Cantero en el barrio de la Carne y de jefe de asociación ilícita.

La única causa que Rodenas no heredó fue esa en la que procesó a cinco personas, entre ellas Guille Cantero, por el brutal asesinato de Diego Demarre, dueño del boliche frente al cual un día antes habían matado al Pájaro Cantero. Los elementos decisivos de esa medida judicial fueron, una vez más, las evidencias de las escuchas ordenadas por Vienna. Y lo procesó al comisario Gustavo Gula Pereyra siguiendo una recomendación del camarista Daniel Acosta.

Lo que hizo Rodenas no fue resultado de una distinción heroica, matiz explotado en su campaña política, sino de su condición de funcionaria pública. Desandar ese camino habría sido, para cualquier juez, tremendamente costoso. A ella le tocó resolver la situación de Monchi. Y lo mandó a juicio por cuatro asesinatos que constituyen el punto más comprometedor para el futuro del acusado. Eso lo hizo ella con su determinante firma, pero en una causa que tuvo acciones decisivas de sumariantes, secretarios penales, jueces y camaristas. Está muy lejos de ser el trabajo de una sola persona.

Efecto perturbador

Monchi Cantero no formaliza una amenaza, pero le habla a la jueza que lo procesó deslizando un efecto perturbador, tanto para ella como para el tribunal que tiene que resolver su caso aún abierto. En este trámite hay tres jueces con custodia policial. Uno de ellos, Edgardo Fertitta, fue amenazado de muerte de manera directa desde la cárcel de Rawson por Guille Cantero, que hace un mes fue imputado por ese delito. Los fiscales dicen que numerosos testigos que señalaron a los Cantero en la instrucción ya anunciaron que no se presentarán en audiencias donde quedarán cara a cara con los acusados. En la zona de Las Flores el miedo es un insumo que campea desde mucho antes de que se iniciara esta causa. Y la ex jueza dijo claramente, hacia el final de un camino del que es protagonista, que está preocupada. Algo pleno de significación en un trámite cargado de intimidación y sobresalto.

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