Día de la Bandera
Miércoles 21 de Junio de 2017

Caras largas y narices frías

Todo fue rápido. A tal punto que el discurso de Macri fue el más corto de la historia de los presidentes en el Monumento,

¿Cómo reaccionaría un analista extranjero que hace un par de años observaba la utilización política del acto por el Día de la Bandera, con tribunas bullangueras del kirchnerismo, ante el evento de ayer, casi vacío y en medio de una zona blindada? Luca Prodan, también extranjero, lo sintetizó magistralmente en una canción: "Esto sí que es Argentina". En dos años, cambió todo.

El diáfano día a sol abierto, temprano por la mañana, no pudo ser disfrutado por el rosarino medio por motivos que tienen su explicación: el temor a los escraches a Mauricio Macri y la incomodidad que le genera estar un par de horas en la ciudad, justo el día más importante de la rosarinidad, si es que eso existe. Durante años la queja era que el kirchnerismo se apropiaba de una efeméride que le correspondía a la historia no al Nunca Menos. Ahora, ni siquiera hay apropiación de nada: desapareció el desfile, todo es gélido, puro protocolo.

Macri no se lleva del todo bien con Miguel Lifschitz. La relación pasó de ser pésima a lánguida. No se miraron durante los pocos minutos que duró el acto. No hay onda, no hay affectio societatis entre el presidente y el gobernador de la provincia de Santa Fe. Por ahora. Las necesidades políticas tienen cara de hereje y el futuro es un interrogante.

En su pieza oratoria, Lifschitz aprovechaba los minutos y colaba entre los almíbares discursivos adjetivaciones que no tenían otro destino que la gris gestión macrista. "Exclusión", "pobreza" y "patria", entre otras, eran un intento del gobernador de clavar pequeñas dagas. Ni se miraban con el líder del PRO.

En pleno discurso del mandatario socialista, el jefe del Estado buscó un pañuelo y se sopló la nariz. Luego vinieron muecas de malestar, como si estuviera digiriendo algo que provocaba escozor.

El temor que existía entre los fundamentalistas del protocolo era evidente: todo tenía que ser rápido, sin pausas. A tal punto que el discurso de Macri fue el más corto de la historia de los presidentes en el Día de la Bandera: 5 minutos.

"El país ha comenzado a crecer", dijo en un momento el presidente. Nadie aplaudió. Luego sí, un grupo de macristas que seguía el acto esbozó algunos aplausos que taparon los insultos y cánticos que provenían de una veintena de anti-macristas, que tenían una bandera que pedía por la liberación de Milagro Sala. El resto del auditorio estaba compuesto por militares, gendarmes, políticos y periodistas.

Sin lugar a dudas fue el acto más frío en clima humano de todos los que se realizaron en años electorales. Recién después de finalizado se pudo ver a los precandidatos tratando de ser capturados por algún micrófono. ¿De qué hablar cuando no había pasado nada de nada?

Macri ejerce un liderazgo frío que se verifica en este tipo de eventos. A diferencia de los ocho años de Cristina no hubo barras ni cánticos partidarios. Se agradece, pero el jefe del Estado debería darle también un marco mas cálido, más sugerente al 20 de Junio. No todo debería ser visita armada a emprendedores y/o jubilados. En algún momento podría permitirse gozar de un espectáculo popular, todo lo contrario a lo que sucedió ayer.

El Día de la Bandera fue para Macri, Lifschitz y Fein una mañana de caras largas y narices frías. Para el análisis político, casi la nada misma.

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