La ciudad
Miércoles 06 de Septiembre de 2017

Falta de límites, imitación e impotencia escolar, algunas causas detrás de las amenazas

Profesionales vinculados a las conductas adolescentes analizan el por qué de esta seguidilla de llamados alertando sobre bombas en colegios

Sólo en el último mes hubo más de 160 falsas amenazas de bomba en escuelas de Rosario y el martes se identificó por primera vez el teléfono desde el que se efectuó una de esas llamadas: como se presumía, era de una alumna del colegio amenazado. Aun cuando desde Fiscalía no descartan otras motivaciones, como el móvil político, la mayoría de las hipótesis apuntan a los propios estudiantes que entran en una suerte de "juego". Tradicionalmente ligado al intento de "zafar" de un examen, ese comportamiento, al repetirse y multiplicar sus efectos, adquiere otra dimensión social que dos estudiosos de la adolescencia y los procesos educativos, la psicóloga Cecilia Pedro y el decano de Humanidades, José Goity, se atrevieron a analizar. Falta de límites paternos, impotencia de la institución escolar, estado de anomia, conductas adolescentes que buscan "impacto" y generan un "patrón de imitación" fueron algunos de los puntos sobre los que pusieron la lupa.

Aunque los dos aclaran que se trata sólo de "hipótesis" y no de certezas, que los propios alumnos de las escuelas sean quienes llaman para alertar sobre la presencia de artefactos explosivos obliga a reflexionar sobre todos los actores que intervienen en escena: los chicos, sus familias, la comunidad educativa, el Estado.

Por los efectos de esas acciones, además, queda afectado todo el resto, desde aquellos a quienes se les entorpece el tránsito por los operativos de seguridad, hasta la sociedad en su conjunto, que banca económicamente el costo de movilizar los recursos materiales para despejar las amenazas. Sin contar el clima de incertidumbre, conmoción y hasta miedo que viven, por ejemplo, los alumnos más pequeños a los que se hace salir del colegio, y las complicaciones familiares que eso trae.

"Claramente, esta es una situación que remite a múltiples factores, no es algo lineal", advierte Goity, profesor de la carrera de Ciencias de la Educación, además de decano.

En lo que hace al efecto multiplicador de los llamados, una suerte de bola de nieve que va agrandando el fenómeno, el educador recuerda que lo que buscan es generar "impacto". Si tienen éxito se conforma un "patrón imitativo".

La imitación

Mucho se ha escrito y hablado sobre imitación y adolescencia, en el supuesto de que mientras el chico intenta lidiar con todos los cambios que le sobrevienen (desde en su propio cuerpo) busca afirmarse a través de la identificación con otros y en esa búsqueda de pares suele incurrir en "conductas que solo no tendría, como tomar alcohol, fumar y hasta protagonizar desmanes", grafica la psicóloga Pedro.

En esos procesos de socialización adolescentes suelen aparecer dos cuestiones conjugadas: "Omnipotencia y falta de conciencia del peligro", dice la especialista, quien a la vez advierte contra la estigmatización y los prejuicios hacia esa edad."Creen poder todo, no miden los riesgos ni las consecuencias de algunas cosas que hacen, no pueden reflexionar sobre las consecuencias", afirma. El caso más extremo de esas acciones, donde también juega la imitación al límite, es el de la autoagresión y hasta el suicidio cuando se repite en una localidad o un sector social determinado.

A Goity también le preocupa la "anomia", la dificultad para "adherir a determinadas normas e instituciones" que hacen a la convivencia. Y en particular, sobre las falsas amenazas de bomba, el "no tener el menor registro del daño que generan al movilizar a toda una escuela" y transformar eso en "una gracia".

El especialista no refiere sólo a los "daños económicos" que implica movilizar tantos recursos materiales y humanos en los operativos antiexplosivos, sino a otros "costos", entre ellos la "desvalorización de la escuela, que atraviesa crecientes dificultades, yo diría impotencia, por no poder ordenar a los sujetos".

Y que ahora la Justicia advierta que iniciará procesos penales a los responsables de las llamadas y cobrará multas a las familias le mueve a otra reflexión. "Yo les tenía más miedo a mis padres que al Código Penal", ironiza, cuando hoy "ningún chico expresa temor por la sanción familiar ni escolar: con esto los adolescentes desafían a la escuela y a través de ella de alguna manera al Estado".

Como "moda" y sobre todo como buen "síntoma" de algo social más profundo, cree, también este pasará, aunque ahora cobre forma de "eclosión".

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