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Domingo 18 de Junio de 2017

Cambiar para que nada cambie

"Los delirios de un regreso por aclamación popular existen en la mente de Cristina. Se imagina plazas como la del 17 de octubre"

Creo que estaremos todos de acuerdo en afirmar que transcurridos 18 meses de gestión del actual gobierno, nada ha cambiado aún. Aclaro que no soy militante de ningún partido político ni tengo banderías, soy periodista y duele ver como diariamente la situación es más desesperante para el grueso de la población. Basta con mencionar que a nuestros abuelos de Pami les han quitado sus medicamentos como si ellos representaran un beneficio, que el conflicto docente se comió muchos días de la educación de los chicos, una de las patas de la mesa de cualquier sociedad que se precie de serlo. Que la clase media sigue siendo vapuleada con el impuesto a las ganancias, gravamen que el los actuales dirigentes consideraron que atentaba contra el bolsillo y la calidad de vida de las familias "tipo", que nuestros jóvenes siguen sin encontrar la posibilidad de un trabajo serio, digno, que los inserte en un sistema que parece que expulsa más de lo que incluye. Considero que se terminó la "era de la victimización", que es solo un escudo que a nosotros como pueblo no nos suma. ¿A alguien le quedan dudas de la corrupción del gobierno anterior? Creo que no, pero ya es hora de dejar que la Justicia haga su trabajo. Hoy queremos ver progresos, cambios reales. Es verdad la herencia, las tarifas por debajo de su costo, los subsidios excesivos en muchos casos y demás hechos graves, pero ¿cómo seguimos? Sabemos que la esperanza es lo último que se pierde, pero a esta altura del viaje, casi a la mitad del mandato, no se avizora ni la punta del iceberg del progreso. El dinero cada día rinde menos, los salarios están congelados, las tarifas son las únicas que crecen y buscan su realidad, pero la ecuación real, la del día a día, es siempre negativa para el ciudadano común, que en definitiva es el que aporta y al que buscan seducir con timbrazos o frases reiteradas meses antes de una elección. Estamos todos cansados de la grieta entre los partidos, de la desigualdad, de la corrupción anterior y de la inercia actual, creemos profundamente en el sistema democrático que tanto sudor y lagrimas nos costó, pero muchachos, ustedes son los representantes del pueblo, nosotros pagamos sus suculentos sueldos. Tienen que trabajar para paliar las necesidades básicas de todos los compatriotas, repito sin importar el partido, color o religión, y si bien hay que proyectar a futuro en educación, economía, salud, seguridad, etcétera, también necesitamos acciones ya, comportamientos que cambien ahora mismo nuestra pobre calidad de vida. Lo merecemos, eso es hacer patria.

Juan Pablo de la Torre

DNI 25.505.510

juampichiche2@gmail.com - @juampidelatorre


Agradecimiento al hospital Español

Queremos agradecer al Hospital Español de Rosario la generosa y profesional atención que le brindaron a Néstor Ricardo Audero en su larga lucha contra su enfermedad y por la gran contención que recibimos como familia. A los doctores que nos guiaron en todo desde el inicio, demostrando su enorme amistad. Y fundamentalmente a cada uno de los trabajadores del hospital, desde los administrativos, mucamas, camilleros, técnicos y todo el servicio de enfermería: sólo mencionaremos a "Ivana", que fue mucho más que una enfermera, y en ella homenajeamos a toda la buena gente que lo cuidó hasta el último momento de su vida.

Hijos y señora de Néstor Ricardo Audero


Padres de calle 3 de febrero al 2500

Lo primero es un recuerdo para mi papá, Angel Rodríguez, que fue una persona excepcional, pero al rememorarlo en su día quiero hacerlo extensivo hacia los padres de mis amigos de la cuadra, que forjaron niños felices y que son personas honorables, criados en familias muy distintas (religión, cultura y posición económica), pero en todos los casos dando amor y trasmitiendo honorabilidad. El señor Golberg, papá de David, que a pesar de no ser católico festejaba la Navidad y nos deleitaba con fuegos artificiales; Enrique Altare, padre de Fernando y Marcelo, del cual guardo el mejor de los recuerdos; el señor Najman, papá de Abel, quien siempre nos ganaba en las carreras de autitos; el señor Alles, padre de Cecilio y Tito, que nos permitía el uso del garaje para que los días de frío, calor o lluvias no estuviéramos en la calle. El padre de Ricardito, quien sufrió la pérdida de su hijo muy jovencito, el señor Renzi, papá de Gustavo, que nos inclinó a varios a practicar esgrima; el señor Gasparutti, padre de Eduardo, electricista del barrio: cuando él no estaba y sin que lo supiera, investigábamos su taller. Un recuerdo para ellos y un abrazo muy grande para sus hijos, mis amigos de la cuadra.

Miguel Angel Rodríguez

DNI 6.065.126


En busca del líder invisible

Resulta inútil de toda inutilidad pretender, o exigir en la actualidad que la gente común haga un aporte valedero a la sociedad evaluando los elementos que dispone y los actores que se ofrecen. Incluyendo la pública evidencia de ser conducidos por personajes ineficaces, personalistas, vengativos, y en su mayoría de dudosos prontuarios. El ser humano solamente puede imaginar algo distinto de la mera supervivencia cuando el entorno económico en el que vive, y los personajes que administran, le permiten el tiempo y la suficiente energía como para pensar en algo más que en su propia hambre, ya que si nadie le garantiza el futuro, el hoy se le vuelve inmenso. Expresa el refrán: "Si no se logra creer en el mensajero, resulta imposible dar crédito al mensaje". Que altamente difícil resulta encontrar una persona pública digna de ser imitada, ese ser hoy invisible, cuya orientación poder seguir de buenas ganas, y cuyas cualidades destacadas, estén totalmente alejadas de la interminable y ya cansadora comparación con la maldad o la corrupción de sus oponentes. Con dolor de ciudadano, la gente espera de un líder que prometa algo, lo defienda y lo mantenga en el tiempo respetando el valor de sus propias convicciones, resaltando algo tan valioso y en desuso, como la claridad de los valores personales. Vivimos una era colmada de enorme cinismo que nos viene comiendo la esperanza y contaminando el espíritu. Lamentablemente este siglo ha alumbrado algunos fanatismos destructores, la especulación financiera, el fanatismo religioso, y el exceso de poder político volcado a la corrupción. Penosamente inducidos a creer que las diferencias radican en las ideologías, en lugar de la honestidad y continuidad de las políticas de estado, el torrente de la historia nos convierte en culpables a los que votamos, en lugar de quienes asumen y fracasan cíclicamente en defender nuestros derechos.

Norberto Ivaldi

norbertoivaldi@gmail.com




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