Educación
Domingo 09 de Octubre de 2016

Corazón y razón para descubrir la ciudad

Estudiantes secundarios de Pompeya y de la Escuela Nº 541 trabajan para hacer visibles espacios de Rosario.

¿Qué es el Macro? "Un banco", "el supermercado"... fueron las primeras respuestas que recogieron estudiantes de las secundarias Pompeya y Nº 541, volcados a hacer más visibles lugares simbólicos de la ciudad. Casi nadie de los entrevistados mencionó al Museo de Arte Contemporáneo de Rosario ubicado junto al Paraná. Por eso lo visitaron, tomaron fotos, debatieron en el aula y volvieron el jueves pasado. Invitaron a quienes paseaban por la zona a conocerlo y en menos de hora y media llevaron 80 personas. Por cada visitante estaquearon fotos y un banderín, habitando además su propia gran obra. Ahora van por la memoria del sitio de la tragedia de calle Salta y por la Estación de trenes Rosario Oeste. Al proyecto lo llaman Caminante, una innovadora manera de construir conocimientos solidarios, colectivos, dentro y fuera de la escuela.
Detrás (o al frente) de esta movida están tres profesoras: Andrea Eixarch, Gabriela Ventimiglia y Verónica Milana. Andrea enseña en las dos escuelas involucradas, el tercer año de la Secundaria Nº 541 República Argentina y el cuarto año de Nuestra Señora de Pompeya, de alguna manera es el nexo de este trabajo donde el protagonismo de los estudiantes es indiscutible.
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Estudiantes y docentes del Proyecto Caminante. Vuelven visibles lugares simbólicos de Rosario. Comenzaron por el Macro, ahora siguen por el sitio de la tragedia de calle Salta y la Estación Rosario Oeste.
Estudiantes y docentes del Proyecto Caminante. Vuelven visibles lugares simbólicos de Rosario. Comenzaron por el Macro, ahora siguen por el sitio de la tragedia de calle Salta y la Estación Rosario Oeste.
León, alumno de Pompeya, ratifica esa afirmación con su testimonio: "Soy tímido, no me gusta mucho hablar y en clase es como que nunca participo pero cuando empezamos con este proyecto comencé a escribir, a dibujar en la bitácora, como más me salía, además de sacar fotos. Fue una manera de expresarme. Lo más valioso es que aprendemos saliendo a la calle, con las vivencias".
El proyecto se llama Caminante Rosario, se transita con recorridos por los sitios señalados como "no invitantes" porque no se conocen (Macro), porque son dolorosos (calle Salta) o están abandonados (Estación Rosario Oeste). Para transformarlos los chicos y chicas les ponen imágenes, memoria y palabras a través de fotografías, entrevistas, lo que registran en sus bitácoras y el intercambio permanente en la escuela. ¿Qué aprenden? A investigar, a expresarse, a escribir con sentido, historia local, arte, a hacerse preguntas para seguir aprendiendo y a construir ciudadanía.
Fuera de lo común En la planta alta de la Primaria Macacha Güemes, de Cerrito al 5600, funciona la Secundaria 541. Poco a poco los estudiantes de tercer año van contando detalles y cualidades del proyecto Caminante.
"Lo normal es venir, dar clases e irse, y no salir de la escuela para ir a otro lugar. Yo no conocía el Macro y siempre tuve la idea que un museo era algo aburrido. Cuando lo conocí me gustó, es demasiado fuera de lo común", dimensiona Nair lo que para ella representa esta experiencia escolar.
En el salón de tercer año se van sumando las voces. Agustín, Matías, Micaela, Aldana, María Sol, Ezequiel y Kevin, entre otros, repasan cómo trabajaron sobre las fotos y banderines que el jueves llevaron al Macro, para hacer "invitante" un espacio "casi escondido", que no todos conocen, y al que por lo menos "le falta un cartel". Los banderines banderines que estaquearon dicen "Acá hay un museo". También hablan de los otros espacios recorridos, del impacto que aún perdura en los vecinos de la tragedia de calle Salta, donde en agosto de 2013 fallecieron 22 personas por la explosión provocada por un escape de gas. Dicen que los testimonios se dividen en volver a construir otro edificio o conservarlo con un memorial. "Pienso que hay que conservarlo como está, porque sino se tapa todo y con el tiempo nadie se va a acordar", opina Micaela.
"Lo más valioso del proyecto es que aprendemos saliendo a la calle, con las vivencias"
Para la Estación Rosario Oeste proyectan un mural de muchos colores. Un poco que sea la síntesis de lo investigado con los vecinos que se ocupan de conservar la memoria. En la 541, además de Andrea Eixarch, aporta en esta tarea la profesora Soledad Bosco.
Andrea Eixarch es docente de lengua y literatura, enseña comunicación; Verónica Milana, artes visuales y Gabriela Ventimiglia, ciudadanía y participación. Hace buen tiempo comenzaron a pensar las líneas del proyecto que este año pusieron en marcha. "Vivimos algunas dificultades de un sistema educativo que tiene una lógica escolar muy fragmentada, encapsulada, respecto de los saberes; que entra en crisis con las demandas de los chicos", convienen las tres educadoras, egresadas de Humanidades (UNR), sobre la urgente necesidad de ofrecer en la escuela secundaria otras formas de enseñanza.
La iniciativa que encaran se apoya en la idea de aula taller, donde el docente "es más bien quien sugiere" y los estudiantes "pasito a pasito desarrollan autonomía" en sus aprendizajes. Lo definen como un "proyecto pedagógico de intervención cultural, donde la concepción metodológica es el caminar".
"El caminar nos aúna, es lo común que garantiza iguales posibilidades y derechos a todos los chicos", valoran como horizonte inclusivo. La idea se apoya en otras metas, como la de aprender a mirar de otra manera lo cotidiano y cercano y el desarrollo de una cultura de lo afectivo. La categoría —apuntan— de sentipensante de la que habla Eduardo Galeano ("Me gusta la gente sentipensante, que no separa la razón del corazón. Que siente y piensa a la vez. Sin divorciar la cabeza del cuerpo, ni la emoción de la razón").
El recorrido iniciado por los estudiantes y docentes es de diálogo permanente entre los espacios públicos, la comunidad y la escuela. En ese ir y venir realizan un real ejercicio de ciudadanía. La intención es ampliar cada año el proyecto Caminante, sumando nuevos espacios y haciendo que los alumnos repliquen la forma de trabajo con otros nuevos grupos. Una ambiciosa iniciativa que es posible —destacan las profesoras— por el apoyo institucional que recibe.
Más de los caminantes
La charla con las tres educadoras se da en la Escuela Pompeya (Mendoza al 5200) un rato después de una clase de expresión corporal, donde chicas y chicos ejercitan cómo habitar los espacios también con el cuerpo. Candela, Valentina y Agustina describen la previa a la intervención que concretaron en el Macro el jueves pasado y las que vendrán en calle Salta y la Estación Rosario Oeste.
Soraya confía que se vio sorprendida por "la inmensidad de los espacios en los que trabajan y no son visibles": "Si pensás en el Macro es un lugar enorme, de colores que se ve de cualquier punto de Rosario, pero no se conoce; o calle Salta donde la gente no se toma el tiempo para darle la atención que realmente necesita. Y la estación que está apagada. A todo hay que devolverle otra mirada".
"El proyecto es una respuesta a las dificultades de un sistema educativo que tiene una lógica escolar muy fragmentada"
Para Victoria este proyecto es valioso porque además se hace en común con otra escuela. Melani recoge la idea de llevar una bitácora propia, donde "cada uno es libre de poner lo que quiera, lo que va viendo, los sentimientos y los recuerdos".
La manera de asumir los aprendizajes aparece en las voces de los estudiantes. "Podemos expresarnos de distintas formas, no estar pendientes del pizarrón o del profesor. Cada uno dice lo que piensa y eso construye una idea, una acción. Este proyecto nos va a marcar a todos en la vida", dice Ezequiel.
Ornella se suma a las palabras de su compañero de curso sobre la experiencia: "Nos afianzó como grupo, capaz que antes no éramos tan unidos, es como que nos empezamos a conocer mejor, a mí me hizo bien". A esa altura, la emoción de las profesoras presentes ya no es un secreto. A todas las ganan las lágrimas.
Milagros opina que el trabajo que encaran "no solo forma estudiantes sino personas" y Cristian rescata la pluralidad de ideas con la que construyen sus conocimientos.
En ronda, cara a cara, asoman más conclusiones de los caminantes. Iara y Cristian explicitan lo que todos reconocen: el trabajo de las docentes. "Propusieron el proyecto, nos incentivaron, no lo hacen buscando un aumento de sueldo. Quieren que aprendamos de la manera que a nosotros más nos gusta".
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Caminantes que el jueves pasado llevaron sus fotos al frente del museo
Caminantes que el jueves pasado llevaron sus fotos al frente del museo
Un trabajo en común
"Cuando bajamos del colectivo empezamos a caminar... pero no como siempre, ahora era distinto, caminábamos de otra forma, me encantaba, me sentía feliz... Muchas veces damos pasos largos para llegar antes, pero no nos damos cuenta de todas
las cosas que dejamos en el camino, vivimos corriendo y no nos permitimos caminar... Darnos ese tiempo para aquietar la mente y el corazón. Y saben que es lo que más me gusta? Qué vayamos todos por el mismo camino... sin importar las direcciones y cuál será nuestro destino...", escribió en su bitácora Soraya, alumna de la Escuela Pompeya.
La bitácora es una de las herramientas privilegiadas que usan los chicos y las chicas del Proyecto Caminante Rosario para registrar lo que aprenden, ven y conocen. También sus impresiones. Pero la experiencia no ahorra en recursos. Las artes plásticas tienen un lugar preponderante, también las tecnologías de la información y la comunicación.
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Estudiantes de Pompeya y el registro de testimonios en Rosario Oeste.
Estudiantes de Pompeya y el registro de testimonios en Rosario Oeste.
Los distintos trayectos de la iniciativa son archivados por los alumnos también con fotos y videos; además administran el perfil de Facebook "Caminante Rosario" donde dan cuenta de las actividades que concretan. Las demás redes sociales son usadas para difundir los encuentros que vienen. Diseñan banderas, tarjetas de invitación, como la que hicieron para convocar a los más cercanos al Macro.
Las profesoras subrayan todo el tiempo que el proyecto es de la escuela, parte de la institución y vuelve siempre al aula. Pero no se queda ahí. Se enriquece con las opiniones de la comunidad, de otras instituciones, de otros docentes. Todos los aportes sirven, son tenidos en cuenta para dar lugar a la construcción de conocimientos colectivos.
Los estudiantes rescatan así, por ejemplo, el aporte de los vecinos que custodian la identidad que la Estación Rosario Oeste le da al barrio, a la historia de la ciudad, con la que se comprometen cada domingo bien temprano cuando izan la bandera, como una manera de decir "aquí estamos".
También las diferentes miradas de cómo preservar la memoria de la tragedia ocurrida en calle Salta. O bien de las visiones sobre el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario y las obras que allí se convocan.
Las docentes definen a la experiencia como de intervención pedagógica urbana, a través del caminar la ciudad, y como una respuesta "creativa a superar el fragmentarismo y binarismo de las miradas educativas y urbanas".
Para toda esta tarea hubo una preparación con diferentes propuestas. "Hicimos un trabajo previo a partir de la imagen, de cómo buscar imágenes diferentes. Por ejemplo, recorrimos el barrio que todos los chicos lo conocen y pasan diariamente pero tratamos de encontrar cosas que antes no veíamos. Es aprender a mirar de una manera diferente, es encontrar una manera distinta de ver las cosas", explican las educadoras.
En esa previa, hubo una especial atención a los ejercicios que invitan a despertar las emociones, y que incluyeron desde juegos de palabras hasta un laboratorio de sentidos.
La experiencia reunió en el mismo proyecto los estudiantes secundarios de las Escuelas 541 y Pompeya. Unos y otros se visitaron en sus escuelas y se reconocieron en un trabajo en común.
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Los chicos y chicas de la 541 con los banderines listos para llevar al Macro.
Los chicos y chicas de la 541 con los banderines listos para llevar al Macro.

La memoria para seguir caminando
En calle Salta yo respiré dolor...
En calle Salta yo caminé entre
muchas voces...
En calle Salta yo aprendí el
valor de la vida...
En calle Salta descubrí una
historia cercana que es mía.
En calle Salta hay un muro y
silencio, un espacio de lo que ya
no está y aún sigue vivo...
En Calle Salta yo sigo caminando...
No sé qué te pasa a vos.
María Sol, Escuela Nº 541

Hoy, el único tren que recorrió
las vías infinitas fuimos
nosotros, parando el tránsito
por unos segundos mientras
cruzábamos la calle. Nosotros
somos el tren, no conectamos
ciudades, pueblos o
países, en cambio, conectamos
el Macro con el arte
y la expresión, conectamos
calle Salta con el recuerdo.
Conectamos la estación con
la esperanza y conectamos
los tres lugares entre sí.
Conectamos Rosario con
más Rosario, y a su vez, la
conectamos con los rosarinos.
Somos conexiones, conectores,
llevamos, traemos,
observamos y seguimos con
el viaje. Somos un tren que
conecta su propia ciudad con
la gente y que construye sus
propias vías infinitas.
Melani, Escuela Pompeya

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