Una de las primeras oraciones que dice Vandera en diálogo con La Capital es: “Dedicarse a la música es una experiencia personal, e implica mucho hacerse cargo de todo”. El rosarino acaba de publicar un disco con ocho canciones que se titula “El negocio de la música”. Durante 2020 sacó “Error y prueba” y está preparando material para editar en 2023. Espíritu inquieto, desde su primera banda en Rosario, Certamente Roma, produjo y colaboró con otros artistas como director musical (entre ellos Alex Ubago, Amaia Montero, Carlos Baute y Bambi, ex Tan Biónica) e hizo la música de más de 40 documentales de History Channel y Discovery Channel, con dos candidaturas a los Emmy Awards.
Prácticamente publica un disco por año mientras también forma parte de la banda de Fito Páez, con quien, más allá de mantener un vínculo permanente de colaboración, volvió después de presentarse en el Teatro Colón celebrando los 70 años de Charly García. Hace frente a todos los sucesos que se imponen en su camino, haciéndose cargo, y dominando el destino.
Transcurre la segunda mitad de la década del 80. En la guitarra suena un re mayor. Luego Carlos la deja reposar mientras en las paredes del cuarto repercute el sonido, toma un trago de agua fría, vuelva a agarrar el instrumento, y otra vez un re mayor. Carlos es más conocido como Vandera. Y el re mayor fue su carta de entrada en el universo de la música pop. La historia de la guitarra en su casa la cuenta así: “Tenía 17 años y me dedicaba al fútbol. Mi cabeza y la de mi familia estaban ahí, era bueno y tenía futuro. No tenía vínculo con la música, a excepción del equipo de mi hermano Víctor y un piano que había en la casa de Pablo Granados, con quien íbamos juntos al colegio San José. Pero no tenía una sensibilidad especial por la música. Un día que estaba lesionado y no podía entrenar, un amigo me pidió que lo acompañase a su clase de guitarra. El profesor era Mario Oyarbide y me enseñó «Yendo de la cama al living». Algo me pasó, Mario lo notó, y me dijo que me lleve la guitarra”.
Así ingresó a otro mundo que, por supuesto, afectó el entorno: “El ingreso de la música en mi casa instaló la batalla con mi padre. El quería que yo jugara al fútbol y la música también fue una manera de enfrentarme a él, por amor”. Y agrega: “El cambio se dio cuando lo conocí a Fabián Llonch, que me enseñó toda la base para que yo pudiera jugar con la música”.
Por esos días el pop en Rosario rendía reconocimiento con Graffiti e Identikit como bandas protagonistas. Mientras tanto, Jorge Llonch, el hermano de Fabián, ya trabajaba con Charly y Fito. “Sin tener cultura de ir a ver shows, porque no tenía la pasión de chico, ahí arranqué, con ese contexto”, dice. Y así, casi en paralelo, pasa a formar parte de la banda Certamente Roma, “por casi una imposición de Fabián que me decía que tenía que cantar, y si de algo estaba seguro yo era de que eso no era cierto. Pero canté confiando en él”.
Con un demo en un cassette, algunas radios empezaron a pasar la canción “Quebrados en el silencio”. El primer show fue en un boliche que se llamaba La Fábrica, todavía no tenían disco pero fueron cuatrocientas personas. Además, en la presentación del primer material metieron dos mil personas en el Patio de la Madera. “Era increíble para la época, pero nunca lo viví así. Para mí era como decir «vamos para acá, vamos para allá»”. Antes de entrar a grabar el disco, Vandera se somete a una operación por problemas de salud, que salió bien, pero lo obligó a ir a grabar con una herida que tenía que curar entre toma y toma. Es una situación bien descriptiva de lo que puede hacer la música, aunque no siente que haya habido ningún romanticismo: “Me iba al baño porque sentía que me había saltado un punto. Me curaba y volvía. Canté apoyado en una silla y agarrado a un pie de micrófono. Un delirio. En un disco ambiguo para mí, siento que canté porque justo era yo el cantante y tenía que hacerlo, pero hubo algo otra vez que me hizo hacerlo. Aunque no diría que me aferré a la música, sino a una silla para sostenerme”, explica.
Certamente Roma - Quebrados En El Silencio (En Vivo)
La banda no duró mucho, en parte por la inflación de 1989. “Teníamos un contrato con una compañía de Buenos Aires que confiaba mucho en nosotros, tocábamos todos los fines de semana y estábamos difundidos por todo el país, pero explotó todo y no progresó”. Fabián se fue a vivir a Nueva York, Vandera intentó seguir, pero pronto empezó a componer su primer disco solista. Luego vino el segundo, el cual presentó con lleno completo en la Sala Mateo Booz, pero en 1997 decidió irse a trabajar a Buenos Aires. Tenía muchos amigos viviendo allí y la creencia de que todo pasaba allá estaba muy expuesta.
Un día Pablo Granados le ofrece trabajo de asistente para lo que hacían con Pachu para Marcelo Tinelli. “Fue la oportunidad de ganar algo para vivir, aunque estuve un par de años sin hacer música, y luego retomé, sigue siendo siempre mi sostén”, aclara. En Telefe siguió trabajando muchos años más como encargado de la parte musical: o sea, todo lo que sucedía en TV con ese perfil pasaba por Vandera. Cada famoso que cantaba en “ShowMatch” era coucheado, grabado y mezclado por él.
En el transcurso, la producción de música propia no paraba, y sale otro disco solista que hizo con el también rosarino Diego Olivero. Hasta que lo llama Fito Páez. “Fito me ofreció participar de la grabación de los demos de lo que después fue el disco «Naturaleza sangre». Fuimos todo un verano con Coki Debernardi. A la vuelta me ofrece salir de gira con un llamado a la casa de mi vieja en Rosario, y yo estaba en duda porque era dejar algo seguro. Pero no aguantaba más lo otro y me fui”. Y agrega: “Fito validaba mis canciones en este mundo de inseguridades que es ser músico o artista, pero también tiene una virtud que es exigirte con cosas que no sabes que podés hacer, estira la vara más arriba siempre. Eso con él fue espectacular. Me dio una seguridad que tal vez hubiera encontrado de otra manera, pero él me la puso en la cara”.
También, trabajando con Fito, conoció a dos productores que en un futuro le ofrecieron musicalizar documentales, muchos para History Channel y Discovery Channel. El primero fue “Pancho Villa, aquí o allá”, que fue ternado a los premios Emmy. Eran seis o siete documentales por año, donde había que entender el oficio, porque entre “Pancho Villa” o el documental “Nazis en Argentina”, también tenía que musicalizar la carrera de una gacela. Todo decantó en el documental de Vilas (“Serás lo que debas ser o no serás nada”), producido por Netflix: “Fue muy placentero trabajar para ese documental, porque soy muy fan del tenis, me gusta mucho, y el personaje de Vilas es fascinante. Lo hubiera hecho gratis si me lo pedía Guillermo, a quien no pude conocer porque hace muchos años que vive en Mónaco”.
_¿Por qué tu nuevo disco se llama “El negocio de la música”?
_Durante un tiempo largo abría el correo y tenía un mail que en el asunto decía “charla sobre el negocio de la música”. Yo pensaba: “Que hincha pelota”. Lo borraba y otra vez aparecía. ¿Por qué? ¿Quién quiere hablar sobre el negocio de la música? Empecé a hacer el disco, y sobre el final empecé a trabajar en la canción que le dio nombre al material. Y pensaba sobre cuando yo empecé con la música, la primera vez que me prestaron la guitarra y me salía el re mayor y me parecía ¡guau! Y me di cuenta de que la experiencia, y lo que me pasa a mí, dentro mío, está muy por fuera de todo lo otro: de la promoción, de la discográfica, de todo. Y la frase me vino sola, porque estaba viviendo un momento lindo, poniendo un sentimiento, y ¿qué sé yo del negocio de la música? Aunque tengo opiniones sobre el negocio de la música, claramente.
_Da la sensación de que siempre formaste parte de un universo paralelo a tu música, para seguir haciendo tus discos, que es a lo que más importancia le das...
_Estoy de acuerdo con eso, mi faro en la vida es hacer música. Ahora estoy por agarrar un laburo que es un montón, y en mi cabeza estoy organizando cuando voy a grabar mis canciones, porque ya tengo otro disco pensado. Eso no lo postergo, es algo que tengo que drenar, sino dejo de ser yo. Para mí es vital.
_¿Por qué el video de la canción “Mi trap”, que tiene al único invitado del disco, Lisandro Aristimuño, lleva imágenes de Rosario?
_Yo soy muy curioso y en un momento empecé a escuchar a artistas que hacen trap. Empecé a entender el mundo de ellos y sus referencias, y recuerdo que hice un viaje a Rosario porque Fabián (Llonch) venía de Nueva York, y quedamos en hacer una burbuja de dos. Caminamos mucho y recorrimos muchos lugares de cuando nosotros éramos pibes. Yo había leído que la palabra trap en su etimología venía de los guetos americanos, y la idea era contar lo que vivís en tu lugar. Entonces la canción es sobre el Rosario que vive en mi cabeza y mi corazón, y se me ocurrió que para explicárselo a un pibe de 20 eso era mi trap.
Vandera & Lisandro Aristimuño - Mi Trap (Video Oficial)