Trueno y Rosario, un vínculo fraterno que se profundizó en los últimos años. En el 2019, año que fue campeón de la FMS, no vino a competir porque tenía 39 de fiebre y ni un decadrón lo hizo levantar. Después, durante el 2020, sacó su primer disco, “Atrevido”, y se tuvieron que conformar con ver la presentación vía streaming, porque la pandemia todavía no permitía espectáculos presenciales. Finalmente, con aforo reducido, vino en marzo de este año, aunque sin banda. “Pero ahora cerramos el año en Rosario, con banda completa, y aforo al 100%”, dice en diálogo con La Capital y completa: “Lo terminamos como tiene que ser, para sacarme el capricho de dar el show que siempre quise dar”, dice respecto a la presentación que hará mañana en el teatro Broadway. Hace unos días, durante la segunda presentación de Nicki Nicole aquí -son pareja hace un tiempo largo-, tuvo una visita express que incluyó interpretar juntos el hit “Mamichula”: “Fui a estar con Nicki, y me volví el mismo día. Fue rapidísimo, pero vi el teatro Broadway con el aforo completo, yo cuando fui no estaba así y no había visto el teatro tan explotado”, dice con el objetivo de repetir experiencia este sábado en la misma sala.
—Lo veo como una puerta, lo que sucede de “Atrevido” para adelante. Porque, viste, siempre pienso que la gente va a tener que escucharlo para conocer verdaderamente mi concepto, porque es lo que soy yo, lo que pienso, de dónde vengo, mi círculo, mi gente. Entonces siento que es la puerta hacia toda la música que pueda venir después. Ahora estamos cerrando el segundo, y es claramente una evolución.
Trueno habla antes de su show en Rosario
—Tenés 19 años, y si bien sos nuevo en la música, desde los 14 estás en los escenarios. Sabés enfrentar un público que se siente bien cuando te ve. Siendo tan chico, ¿cómo es convivir con la presión de darle alegría a la gente?
—Me pasa algo muy zarpado, porque ese es mi lugar en el mundo. Como que no me pongo ninguna idea en la cabeza. Yo funciono mejor arriba que abajo del escenario, entonces para mí no es ni un peso ni un desafío. Presión y nervios siempre hay, y dudas también, y me salen preguntas. Pero cuando estoy en el escenario, es el lugar mío que tengo en el mundo, y es donde más cómodo me siento. Entonces la única situación que siento cuando estoy ahí y agarro el micrófono, es diversión. Además, estoy con mi mejor amigo, con mi viejo, con todo mi equipo también. Entonces estamos divirtiéndonos y jugando a hacer lo que siempre nos sale, lo que nos gusta.
—Al respecto, para llevar la carrera que estás llevando y seguir proyectando, ¿cuán importante es la contención de afectos?
—Para mí es lo más importante de todo. Si tuviera un entorno diferente, también me movería diferente, pensaría diferente y me mostraría diferente. Si capaz no hubiese tenido la contención de mi viejo y de mis amigos, que por suerte ni siquiera me tuvieron que volver a encaminarme, porque nunca me descarrilé ni nunca dejé de ser Mateo o la persona que soy ? también elijo a las personas que quiero tener al lado, seguir con la misma gente, sumar a gente en mi equipo que me vibre y que sea real y no simplemente trabajar, pensar en los negocios y en la plata. Hoy en día mi equipo de trabajo son todos amigos míos, somos un colectivo de gente que tiene un montón de sueños, y un montón de hambre y ganas de romperla toda, y eso es lo más importante porque estamos trabajando todos los días, pero nos divertimos. Y si te divertís en el trabajo, es algo que no todas las personas pueden lograr.
—¿Y vivís cosas que viven los pibes de tu edad? Por ejemplo, los chicos salen para ver cómo laburás vos. También te tocó transitar la escuela siendo Trueno.
—Es un flash, pero más allá. Yo siempre tuve noción de eso y de que siempre fue muy progresivo, porque empecé con la gente que miraba las batallas en “El quinto escalón”, el movimiento en sí iba creciendo y nosotros éramos cada vez más vistos, pero nunca dejé de ser yo. Mantuve los pies sobre la tierra, fui a la primaria y a la secundaria, y a mí no me cambiaba que la gente me mire, me vea de otra manera. Yo ya estaba acostumbrado de chiquito salir al teatro, actuar con mi padre y con mi madre. Acompañarlo a mi viejo a tocar, o ver a mi vieja tocar. Entonces es algo que yo siempre asimilé que me tocaba, viste, no me cambiaba la visión. Sí obviamente desde los 14 años cuando empezó todo esto, empecé a ser consciente de lo que me pasa, pero no me cambió la visión de cómo ver las cosas.
—A tu papá lo conocen porque fue parte de la movida hardcore en la década del 90 y es uno de los referentes del hip hop. ¿Tu vieja de que palo musical viene?
—Es más amplio, mi madre tuvo su banda, fue directora de murga, profesora de canto, toca el piano, la guitarra. Es música, no da para nominarla en algún género o algo, porque es una persona muy versátil. Gracias a ella aprendí un montón de cosas por fuera del hip hop o la otra movida que estaba a flor de piel, que hoy me doy cuenta que me sirvieron un montón.
—Respecto a enfrentar al público, hay una parte que es la musical, y otra que tiene que ver con ser entretenedor. Vos sabés que tenés que mirar a los ojos, y saludar, porque la gente se identifica y lo toma como propio. ¿Cómo lo haces?
—Arriba del escenario me pasan muchas cosas. Hay momentos en los que me concentro en estar conmigo mismo, y esa energía también se siente; hay momentos en el que le estoy hablando a la multitud, y otros en los que me gusta mirarle la cara a cada una de las personas, y ver que son personas las que te están mirando. De chiquito estaba acostumbrado a mirar más el horizonte del público y tomarlo solo como la multitud, pero con todos los shows que fui dando te vas dando cuenta de que cada una de las personas que te va a ver eligió estar ahí, escucha tu música, está sintiendo algo, y le estás transmitiendo algo. Pero son distintos momentos, ¿viste? no trato de ponerme en personaje, sonreír para que lo vean o saludar para quedar bien. Sino hacerlo cuando me nazca o elegir los momentos de hacer las cosas sin pensar en porqué.
—En tu última canción encontramos un montón de referencias (The Sugarhill Gang, Kendrick Lamar o Illya Kuryaki), pero a la vez suena actual. ¿Cómo hacés para hacer una vieja/nueva escuela?
—Se lo debo casi todo al Pedro Peligro ?el apodo de su padre-. El primer cassette de rap que escuché, el primer dvd, o videos de MTV, me lo dio él. Yo me nutrí de esa música, y hoy la quiero plasmar a mi forma y a mi parecer. Son caprichos, porque es la música con la que yo crecí. Tenía ganas de hacer un rap bien setentoso, y me salió Dance Crip, de la mano de ?los productores- Tatool y Brian Taylor.
—¿Cuál fue ese primer cassette?
—Uno de los primeros que escuché era de Vico C, y también Wu Tang Clan. Teníamos la cassetera, y después más adelante el de discos que se abría una tapita (en referencia a compactera). Y después cuando salieron los dvd empecé a ver cómo rapeaban, cómo se vestían, y los empecé a entender. Vi a Nelly, con la cintita en la cara, ¿entendés? Ni siquiera fue que me los mostró, mi viejo los escuchaba él y yo vivía con él. Entonces fue algo que absorbí desde que soy guachín, porque me tocó, era mi entorno.
—Sobre el final, aparece una cita a Illia Kuryaki, fundamentales para el hip hop en Argentina, que incluso lo llevaron hacia gente que no escuchaba habitualmente el género.
—Los respeto mucho a los Kuryaki, y los quise meter por lo que decís vos. Es hacerle un honor al hip hop argentino. Charly García, ellos, y un poco más acá el Sindicato Argentino de Hip Hop, eran los únicos que se animaron a hacer eso, cuando las miradas iban para otro lado, estaban con otros géneros, apostaron por el hip hop cuando todavía no había un movimiento. Fueron pilares en plantar la bandera en Argentina. ¡Se los pedí a ellos! Los llamé y les dije ?ustedes tienen que estar acá sí o sí?. Los hice buscar el a capela, andá a saber dónde lo tenían, si es un tema que tiene como 20 años. Y se re coparon, participaron, y para mí es un honor.