Kendrick Lamar es uno de los artistas más relevantes del momento, aunque su nombre pueda no resonar demasiado en esta parte del mundo para quienes no gusten del hip hop. El rapero viene de ganar cinco premios Grammy, incluyendo mejor canción y grabación del año por su tema “Not Like Us”. En la noche del domingo, fue el encargado de dar el show del entretiempo del Super Bowl y ofreció un espectáculo cargado de simbolismos.
En medio de un clima político tenso, marcado por la reciente asunción de Donald Trump (presente en el evento) y su batería de medidas y anuncios, Lamar aprovechó para dar algunos mensajes sobre la identidad estadounidense, además de tirar palos al canadiense Drake, colega y acérrimo rival.
El Super Bowl, la final del torneo de fútbol americano, no es sólo uno de los eventos deportivos más importantes del país, sino que se volvió un fenómeno cultural a nivel global. Con decenas de millones de espectadores, los espectáculos del entretiempo (por los que pasaron desde Prince hasta Lady Gaga) son desde hace décadas una marca registrada de despliegue artístico, visual y técnico.
En ese sentido, Kendrick apostó fuertemente a la potencia de sus letras en lugar de anclarse en parafernalia complementaria. Por supuesto, hubo recursos visuales desplegados sobre las tribunas del Caesar Stadium de Nueva Orleans, y la performance arrancó con él subido al capó de un auto del que salían bailarines como en un truco de magia. Pero teniendo en cuenta que en otros años hubo gente tirándose desde el techo o coreografías de drones, lo de Lamar fue hasta conservador.
El mensaje político del espéctaculo
El eje estuvo en otro lado. Todo arrancó con el mismísimo Samuel L. Jackson interpretando al Tío Sam, el personaje que icónicamente representa la idiosincrasia estadounidense, así tal como lo hace el propio Super Bowl. En la narrativa planteada, Samuel/Sam estaba ahí para supervisar que Lamar, un artista afroamericano con raíces activistas y anti-corporativas, no se saliera de los parámetros de lo aceptado por las masas. Es decir, que no se pusiera demasiado político. Las expectativas del famoso “half-time show” son entretenimiento y muestras de patriotismo, y Kendrick entregó eso muy a su manera, sin comprometer su visión ni su identidad.
Por empezar, eligió arrancar con canciones de su reciente disco GNX, incluso los lados B, en lugar de temas más conocidos. Además, estuvo acompañado por unos 80 bailarines (todos afroamericanos), vestidos de azul, blanco y rojo, que en varios momentos armaron y desarmaron la bandera de Estados Unidos.
“Demasiado fuerte, demasiado temerario, demasiado ghetto”, reprobó el Tío Sam de Jackson después de la primera parte. “Sr. Lamar, de verdad sabe jugar el juego?”, preguntó, en clara alusión a la colisión entre expectativas y autenticidad que planteaba Kendrick como centro de su espectáculo.
Embed - Kendrick Lamar - Not Like Us
>> Leer más: Messi no se quiso perder el Super Bowl LIX: el rosarino presenció el duelo entre Kansas City Chiefs y Philadelphia Eagles
Después, tuvo una parte más amigable junto a la artista SZA, pero antes avisó: “Quiero tocar su canción favorita, pero sé que les encanta hacer juicios”. Esto fue una referencia a “Not Like Us”, la canción ganadora de premios que es un mensaje directo al rapero Drake, quien demandó a Universal por “difamación” después de su publicación.
Y ese momento llegó. Pero además de un palo al canadiense, con quien Lamar sostiene una profusa rivalidad hace más de una década, “Not Like Us” también fue un mensaje político. “No son como nosotros” fue un sutil disparo a toda una parte del pueblo estadounidense que no tiene que ver con los valores culturales e identitarios afroamericanos que Kendrick defiende como propios. "La revolución está a punto de ser televisada. Eligieron el momento correcto, pero al tipo incorrecto", lanzó en una de sus letras.
Muchos analistas apuntaron que toda la narrativa habló sobre cómo Donald Trump y sus votantes, a pesar de su profeso patriotismo, no lo representan a él ni a los suyos, quienes hace tiempo construyen su propia Estados Unidos. Además, fue un despliegue de orgullo negro. Hasta Serena Williams (vinculada a Drake tiempo atrás) apareció en un cameo haciendo crip walking, un paso de baile característico de la cultura rapera de Compton (Los Ángeles), de donde son oriundos tanto Lamar como la tenista
“Si hubiera hecho este paso en Wimbledon, me hubieran multado”, dijo Serena en redes, reivindicando su identidad por sobre los estándares y expectativas del deporte, así como Kendrick lo hizo por sobre los estándares y expectativas de la industria del entretenimiento.
Embed - https://publish.twitter.com/oembed?url=https://x.com/serenawilliams/status/1888768019179901104&partner=&hide_thread=false