N. de la R.: Lo que sigue es una infidencia sobre el trabajo en el diario.
N. de la R.: Lo que sigue es una infidencia sobre el trabajo en el diario.
Hace un par de días Nanci Martín, la autora de "Los hombres las prefieren malas", posteó a la web del diario un mensaje en el que sugería que ciertos episodios contados en esta columna tenían un curioso parecido a los que narraba en su libro y, por lo tanto, sospechaba que su obra podía haber "inspirado" mi relato o bien, si yo no había tenido la fortuna de disfrutar de su talento, no quedaba otra que yo, Ricardo Luque, a quien esta ciudad se me conoce más por mi apodo de "Indio" que por el nombre con el que me bautizaron mis padres, era ¡un personaje de ficción, creado por ella!
Un disparate. Eso fue lo primero que pensé cuando, en medio de la vorágine diaria, me asaltaron sus palabras. Esta mina está loca, fue mi primera conclusión, y fui más allá, seguro me quiere transar. Se ve que le gustó cómo escribo, vio mi foto en el diario y no pudo evitar tirarse un lance. ¿Estará buena?, fue la pregunta inevitable que surgió de mis sesudas cavilaciones. Me crucé hasta Homo Sapiens confiando que en la solapa del libro tenía que haber una foto que pudiera despejar mis dudas. Mientras buscaba en las estanterías recordé que en la librería se había hecho la presentación del libro y distraídamente le pregunté a uno de los vendedores por la autora. Directo, brutal, dio su veredicto: "Un bombón".
Atribulado, nervioso, saqué el celular para preguntarle a una amiga psicóloga si la conocía (Nanci Martín, además de escritora,es psicóloga, locutora y rosarina). Como no me atendió, pedí un café y me puse a hojerar el libro, al hacerlo me di cuenta de todo. Me bastó leer un par de páginas de "Los hombres las prefieren malas" para darme cuenta de que, como Will Farrell en "Más extraño que la ficción", yo no era dueño de mis actos. Seguía el dictado silencioso de una mujer. Era su pesonaje, su títere. Un hombre.




Por Nicolás Maggi