Cada vez que observan la reacción de los líquidos cuando se mezclan, extraen el ADN de una fruta, experimentan con sustancias que cambian de color o masas que modifican su estado físico al contacto, su curiosidad se vuelve infinita. Con guardapolvo, gafas, un par de guantes, su pipeta y cuaderno de experimentos, asisten una vez por semana al taller de ciencias La Molécula Atenta, un espacio lúdico y recreativo que funciona en el Centro Educativo Challenges, frente a la plaza principal de Zavalla. Niños y niñas de 3 a 12 años de esta localidad y también de otras cercanas como Rosario, Soldini, Pérez y Roldán, están dispuestos a descubrir este maravilloso mundo de la ciencia que los acerca a la biología, la física y la química.
Mentes curiosas
“A partir de la pandemia, empecé a vincularme más con los experimentos y hacerlos en casa con mis hijas. Con la inquietud de hacer algo distinto y que puedan aprender, compartí esta experiencia con otras mamás”, comenta Mancini, docente de Agrarias e investigadora de la UNR.
“Los experimentos se empezaron a hacer famosos y me animé a organizar un taller de ciencias para niños. Al principio y por el prejuicio que solemos tener, pensaba que no se iban a interesar muchos chicos, pero nos animamos igual y formamos el taller de ciencias y experimentos La Molécula Atenta, para niños y niñas en una localidad de siete mil habitantes”, explica sobre el proyecto que lleva adelante junto a Melisa (Di Giacomo) y Analía (Aparicio Portis).
"A partir del juego se divierten y les damos lugar para que puedan expresar su curiosidad y alegría al descubrir algo nuevo" "A partir del juego se divierten y les damos lugar para que puedan expresar su curiosidad y alegría al descubrir algo nuevo"
Ciencia que enseña y divierte
En el hall de ingreso de la Facultad se preparan para la foto Emilia Byrne, Catalina Moreta, Gaspar Nahhas, Lourdes Rota, Gerónimo Llanes Brelliz, Máximo Crippa, Ciro Sandez, Camila Chiappello, Ciro Martinez Capitani, Victoria Bruni, Giovanni Ferroni, Renzo Datuli, Isabella Moreta ,Maitena Maurino y Francisco Moreta.
Guardapolvo y gafas en manos conversan sobre sus intereses y deseos de seguir explorando el mundo de las ciencias. Acompañados por un familiar y con cierta timidez se acercan primero los más pequeños. Ciro de 7 años fue el representante rosarino durante el primer encuentro de minicientíficos, es alumno de la Escuela Provincial Nº 1.162 Dr. Pedro Nicasio Arias. Una vez por semana, su mamá lo lleva hasta el taller de ciencias ubicado en Zavalla, una actividad que asegura lo divierte mucho, sobre todo si tiene que hacer slime, uno de sus experimentos preferidos.
La experiencia de Máximo (8 años) es diferente al resto de sus compañeros. Vive en General Roca, provincia de Córdoba, y sigue los experimentos de manera virtual y en contacto con la seño Micaela, luego de participar en un ciclo de encuentros presenciales que el taller organizó en su ciudad. Una experiencia que las coordinadoras emprendieron por la ruta 9 para llegar con sus experimentos a diferentes localidades.
Entre risas y entusiasmadas por la propuesta, tres amigas y compañeras de la Escuela Nº 6.371 Joaquina Villarino de Soage en Zavalla, hablaron sobre su participación en el encuentro de minicientíficos. Las niñas tienen 10 años, comparten el espacio del taller y también su interés por las reacciones químicas que producen los líquidos al mezclarse. Isabela, por ejemplo, presentó lluvia de colores, un experimento que, comenta, consistió en colocar agua y aceite con colorante en un vaso, un proceso que al batirlo produce grandes gotas de colores. Maitena, en cambio, prefirió hacer un súper slime casero de color azul y Victoria llamó a su experimento “colores inquietos” y admite que a su papá también le gusta poner manos en la ciencia.
A los varones siempre los divierte hacer experimentos. Asisten a la Escuela Nº 224 Domingo Faustino Sarmiento de Zavalla. Giovanni tiene 10 años y aunque no se acuerda desde cuándo le gusta hacer experimentos, se refiere a uno de los primeros que se animó a probar. “Ponía una moneda en un globo, lo ataba y cuando empezaba a girar hacía como un zumbido”, dice. Para Ciro, en cambio, estar con amigos y reírse es lo más importante, “en casa a veces también hago experimentos con el libro de ciencias que nos dan en el taller”. A Renzo le gustan los proyectos desafiantes y quiere hacer experimentos para crear otros nuevos. “Es un poco difícil, pero quiero hacer por ejemplo un slime y luego convertirlo en luminoso y que brille en la oscuridad. Mucha gente lo pudo hacer y a mi también me gustaría probar”.
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Hiperconcentrados y orientados por un grupo de científicas, los nenes y nenas del taller experimentan con distintos elementos, colores y texturas.
Despertar científico
El Primer Encuentro de Minicientificos por el mundo “La ciencia nos pone inquietos” —organizado por La Molécula Atenta y la Escuela de Experimentos de Uruguay— se realizó a principios de noviembre bajo la modalidad virtual. Este intercambio entre niños y niñas de distintos países busca popularizar la ciencia y promover las actividades steam (ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas) en la educación formal y no formal.
La actividad recibió el apoyo de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, la Fundación SF500 (incubadora de empresas que fomenta las vocaciones científicas) , la comuna de Zavalla y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) de Uruguay. Participaron más de cincuenta chicos y chicas de cinco nacionalidades de habla hispana: Ecuador, México, España, Uruguay y Argentina. La experiencia estuvo focalizada en tres ejes: darles un espacio a las infancias para mostrar sus experimentos, la creación de una biblioteca virtual con experimentos compartidos por divulgadores de diferentes partes del mundo, que se encuentra disponible para ser consultados por docentes o familias en el canal de YouTube de Minicientificxs, y la transmisión de experiencias con enfoque steam dirigida a educadores.
APERTURA DEL 1º ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MINICIENTIFICXS POR EL MUNDO - 3 Noviembre 2022
“Esta didáctica trabaja en el desarrollo del pensamiento lógico, racional y creativo, y no solo promueve el interés por las ciencias naturales, matemáticas, ingeniería y arte, sino que también fomenta capacidades científicas, tales como el trabajo en equipo, la comunicación oral y escrita, la argumentación, la creatividad y el pensamiento crítico, entre otras”, sostiene la científica.
De este encuentro que sentó precedentes en el abordaje de la ciencia para las infancias, participaron chicos y chicas que asisten a diferentes talleres de la región, quienes acompañados y motivados por su familias grabaron desde sus casas un video. Micaela Mancini destaca que también se sumaron alumnos y alumnas de la Escuela Primaria Agroecológica Nº 1.418 de Venado Tuerto.
—¿Cómo se llevan los docentes de primaria con la ciencia en el aula?
—Mi percepción es que se trabaja poco en las escuelas, no por falta de ganas sino por falta de tiempo y capacitación. Dentro de los objetivos que perseguimos con el encuentro de minicientíficos es demostrar que mediante los experimentos los docentes podrían motivar y estimular a los niños para trabajar los contenidos. Con un experimento simple relacionado con física o química, se pueden atravesar diferentes contenidos. A veces los docentes lo sienten como disociado como si solo fueran para las ciencias naturales, cuando en sociales y lengua también se puede aplicar. A partir de experimentos que fascinan a los niños y niñas, se puede abordar la escritura y la lectura. Cuando fuimos convocadas en la escuela del parque Villarino para hacer una experiencia de extracción de ADN de banana, fue surgiendo el interrogante de aquel que se encuentra dentro de las células que no están en el núcleo sino en las mitocondrias que vienen de las mamás. Esa inquietud nos sirvió para contar que fue una de las herramientas que se utilizaron para que las Abuelas de Plaza de Mayo pudieran encontrar a sus nietos. Entonces hablamos de esa época, de los análisis genéticos y de recuperar a esos niños. Con un experimento abordamos muchos temas y realizamos un aprendizaje integral.
—¿Cuánto queda por recorrer en el camino de popularizar la ciencia?
—Estamos arrancando, pero lo importante es que existen muchas ganas de parte de las educadoras para llevar las propuestas al aula. La escuela todo el tiempo se ve interpelada por sus contenidos y la forma de abordarlos de parte de las familias. La sociedad quiere estar más cerca de la ciencia, y por eso los científicos estamos llamados a abrirnos un poco más y popularizar su alcance.
—¿Popularizar la ciencia no es lo mismo que divulgar?
—Cuando se divulga, el científico cuenta su proyecto de investigación a la sociedad. Popularizar es acercar el conocimiento científico y llevarlo a la sociedad relacionándolo con la cotidianeidad, demostrando que el conocimiento científico está más arraigado en nuestro día a día de lo que la sociedad imagina. Se puede investigar una pregunta y estás haciendo ciencia. Cuestiones simples que están al alcance de la mano, que hacemos de manera inconsciente y que no sabemos por qué. Brindar las herramientas vuelve a la sociedad más crítica, y si lo desarrollamos a temprana edad algo de eso queda.
—¿Cuáles son los experimentos que más disfrutan y convocan a las infancias?
—Tenemos clásicos dentro del taller y preferentemente aquello que pueda generar alguna reacción. Llama mucho su atención las sustancias que cambian de colores o masas que modifican su estado físico al aplicar presión o liberaciones de gases a través de reacciones químicas con sustancias de la cocina. Este año trabajamos en varias oportunidades con hielo seco y el slime, y siempre les encanta pegotearse y meter manos en la masa.
—Tanto su curiosidad incansable como la profundidad de sus preguntas, sobrepasa y hasta incomoda muchas veces a los adultos a la hora de responder...
—A veces los chicos preguntan en casa, por ejemplo, acerca del color del cielo y por falta de tiempo nuestra respuesta suele ser “porque sí”, en cambio de reconocer que no tenemos las herramientas para responder e invitarlos a buscar esa información juntos. No está mal decir “no lo sé”. Desde el taller, siempre tratamos de acompañar sus preguntas e inquietudes porque ese proceso también es parte del aprendizaje.