De artesanal a industrial
Desde el 15 de noviembre de 1867, las primeras tiradas del Diario La Capital se hicieron con una imprenta manual. Se armaba una “caja” de madera que contenía los tipos con letras, números, signos, separadores, corondeles, letras de molde para el titulado, etcétera. Ubicados siempre al revés de la lectura, el grabado se realizaba gracias a la fuerza del imprentero al accionar una palanca unida a un tornillo y éste a la plancha de estampado, con el papel debajo.
Fue de la misma manera durante ocho años ya que para el cumpleaños del diario de 1875 se reemplazó la antigua imprenta por una rotativa de mayor versatilidad con un sistema de engranajes puestos en funcionamiento a través de un pedal. El 22 de mayo de 1887 La Capital renovó otra vez su rotativa con motivo de haber aumentado su tamaño.
Grandes transformaciones
Las grandes transformaciones vendrían con el siglo XX. Los primeros de enero de 1905 y 1908 el diario puso en funcionamiento máquinas rotativas, eléctricas, ambas de marca Marinoni, con las cuales pegó un salto cualitativo enorme, y de ser una “imprenta”, como el diario se denominaba a sí mismo, pasó a ser una empresa editorial de carácter industrial.
Para que todo eso ocurra, en 1886 en Alemania se había inventado la linotipia o máquina de linotipos. Se trata de la mecanización del proceso de composición del texto mediante un aparato que reproducía con tipos de plomo, antimonio y estaño la escritura realizada sobre un teclado. Esos metales son contaminantes, considerados insalubres para las personas, productores de enfermedades como el saturnismo, y los encargados de su manipulación tenían un régimen especial de trabajo.
La máquina rotativa encendida en 1905 era de entrada doble de bobina y así el diario aumentó su tirada, puso en la calle 16 páginas, utilizó un nuevo formato (más reducido) con una estética más clara de siete columnas de texto en vez de nueve y puso por primera vez avisos clasificados en su primera plana.
La rotativa Marinoni llegó de París, Francia, donde fue fabricada y vino acompañada de cinco linotipias o máquinas de linotipos.
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Máquina de linotipos que se encuentra en exhibición en el Museo del Diario La Capital, único en Sudamérica.
Diario La Capital / Ángel Daniel Amaya
Sin mano de obra
La transición de la imprenta a la rotativa y del armado de las páginas a mano al tipeo en linotipias revolucionó los talleres de La Capital. Pero había un problema, mayor: en Rosario no había conocimientos ni mano de obra calificada para trabajar en las nuevas maquinarias.
La solución inmediata fue contratar personal en Buenos Aires. El diario La Prensa facilitó al mecánico Pascual Bettinolli, encargado de armar la nueva rotativa y de formar a los primeros mecánicos en rotativas de La Capital y de Rosario.
El uso de las linotipias mereció otro plan, ya que en ese momento eran una novedad absoluta.
"El hombre que sabía leer al revés" explica cómo funciona una linotipia, "la octava maravilla del mundo"
Otro plan
Las negociaciones se pusieron duras. La reticencia de los técnicos se hizo manifiesta ya que preferían seguir en sus ocupaciones en Buenos Aires aunque finalmente viajó a Rosario un grupo de linotipistas que pondría en funcionamiento el nuevo sistema de edición del diario.
Aquí aparece en escena un personaje importantísimo para la historia de La Capital, ya que fue gerente y administrador de la empresa desde 1874 hasta 1925. Fanor Gelabert tenía otro plan para los recién llegados: irían a hacer de técnicos claro, pero también de maestros.
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Fanor Gelabert fue gerente y administrador de La Capital de 1874 a 1925 y resposable de la convocatoria laboral a mujeres.
Archivo Diario La Capital
A Gelabert se le reconoce la idea inicial y el impulso: La Capital creó una escuela de linotipistas para que los próximos empleados del diario estén a la vanguardia de la tecnología más avanzada disponible a principios del siglo XX y para que los puestos de trabajo por ella generados sean ocupados por rosarinos.
Pero más de cien años después y luego de enormes transformaciones sociales, un detalle del plan de Gelabert cobra un brillo especial. Los laburantes no necesariamente debían ser rosarinos y esto no debe ser entendido como una contradicción.
¿Inspiración alemana?
El viernes 28 de octubre de 1904 el Diario La Capital publica por primera vez un pequeño aviso destacado en el que solicita “Aprendices” para los sectores de Litografía y Encuadernación. Se infiere entonces que allí comenzó el reclutamiento de los alumnos a los que irían a guiar los linotipistas contratados en Buenos Aires. No sin reticencias, viajaron a Rosario cuatro especialistas, tres hombres y una mujer. Ellos se apellidaban Bordón, Zaccá y Villarruel; de ella, de nacionalidad alemana, no hay registro.
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El 28 de octubre de 1904 La Capital publica por primera vez un aviso solicitando “Aprendices” para los sectores de Litografía y Encuadernación.
Archivo Diario La Capital
Es posible que la linotipista alemana haya inspirado a Gelabert para decidirse por otra novedad: los nuevos linotipistas no debían indefectiblemente ser rosarinos y se le ocurrió abrir el llamado a las rosarinas.
La convocatoria externa fue precedida por una interna, en la que el diario reconvirtió a los cajistas y armadores del anterior sistema gráfico.
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Archivo Diario La Capital
Estudiar y a trabajar
Los cursos fueron un éxito y se inscriben en las memorias del diario sus primeros egresados que, como se había prometido, pasaron a formar parte del plantel de trabajadores de La Capital.
Se reconoce como el primer y las primeras linotipistas de Rosario al "empleado Nicolás Devans" y a “las señoritas” Villagrán, Pereyra, González, Godoy y Giménez. Se deduce que Devans fue un trabajador reconvertido en su actividad mientras que las chicas eran nuevas empleadas.
Infelizmente no fue posible reconstruir las trayectorias laborales o personales de quienes quedaron en la historia del diario como las primeras mujeres trabajadoras de La Capital. Cabe aclarar que eso no significa que no haya habido otras, sino que no hay registros anteriores. Aunque considerando las relaciones de género y trabajo del momento, difícilmente haya habido otras mujeres en la plantilla del diario. Ya que su impresión, hasta la llegada de las linotipias, era una operación sucia e insalubre.
Otro dato que puede abonar esta suposición es que, ante la novedad tecnológica, hubo un rediseño de la organización del trabajo en los talleres y fue inaugurado un turno diurno al que asistían las nuevas empleadas del diario.
Quizás también sea necesario poner en valor la iniciativa de La Capital en referencia a las relaciones familiares y maritales de las mujeres de la época y el carácter emancipador del trabajo remunerado. Y no solo para la economía de las personas. El empleo significaba salir del control de la familia, una rutina laboral dignificante, reconocimiento social, nuevas amistades y otras perspectivas de la vida y el mundo.
Un registro de 1947 puede ofrecer indicios de la evolución del trabajo femenino en La Capital. Para esos años ya no hay mujeres linotipistas en La Capital, quizás como una forma de construcción de las masculinidades laborales, a cargo de las tareas más pesadas y, en este caso, insalubre.
El diario siguió empleando mujeres y se datan incorporaciones en las décadas del 20, 30 y 40. Para 1947, las empleadas de La Capital se desempeñan en las secciones Administración, Dactilografía, Contaduría, Avisos, Circulación, Ventanilla como cajeras, y además telefonistas. También hay mujeres auxiliares de Corresponsalía y las llamadas colaboradoras, que hacían trabajos periodísticos, de tipeo u otros, en forma ocasional.
La mayor de América del Sur
La creatividad y visión estratégica de Gelabert hasta pareció insuficiente cuando en 1907 comenzó el montaje de la nueva rotativa, también Marinoni, de 7,5 metros de largo x y 4 de alto, con cinco entradas de impresión que utilizaba hasta tres bobinas de papel a la vez a tres colores para imprimir desde dos hasta 48 páginas. Tiraba 400 ejemplares por minuto, o sea 24 mil por hora, doblados, cortados y contados.
Las “innovaciones y perfeccionamientos" provistos por la inauguración de la rotativa en 1908 se leyó en la ciudad y el país como "un signo de prosperidad de La Capital" y "un motivo de satisfacción para el público rosarino" pues se trató en ese momento del "primer sitio entre las existentes hoy en América del Sur”.
Semejante despegue tecnológico mereció una nueva estructura de recursos técnicos y humanos, y absorbió una buena porción del negocio de las impresiones. Así, La Capital no solamente editaba el diario. Sus grandes talleres “de obra” le permitieron imprimir libros y folletos, almanaques, tarjetas, talonarios y todo tipo de elementos de papelería, e inclusive confeccionaba el papel sellado para la República de Bolivia.
Hubo renovaciones de la rotativa en 1918 y en 1937, máquina que aún se conserva y en funcionamiento periódico, en el Museo del Diario La Capital, único en Sudamérica. La última fue de los años 90.
El Diario La Capital llegó a tener 26 linotipias y (en 1947) 29 linotipistas, al tiempo que en el taller congregó a 22 mecánicos que se ocupaban de la supervisión, mantenimiento y compostura de toda la maquinaria.
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La evolución de La Capital hacia el estatus de empresa periodística de gran porte así como de medio masivo de comunicación no solamente puede medirse en mejoras tecnológicas y nuevos conocimientos y aprendizajes.
También en la calidad y cantidad de sus trabajadores. Según el propio diario, su planta de empleados era “al comenzar el siglo” de 73 personas, en 1917 era de 114, en 1937 de 352 y para su Centenario en 1967 de 613. Para ese mismo año, La Capital había jubilado a 114 de sus trabajadoras y trabajadores.
Foto de portada: Imagen de mujeres sentadas delante de sus linotipias aparecida en la edición especial del Centenario del Diario La Capital / Archivo Diario La Capital.
Asistencia de archivo: Marcela Yuvone y Daniel Gutiérrez / Diario La Capital
Infografía: Juan Carlos Escobar / Diario La Capital
Gracias a Gustavo Linzuaín, de la Oficina de Personal del Diario La Capital, por su interés