Es un déjà vu de lo que sucedió hace un mes con la ley ómnibus. Esta vez, la derrota del gobierno en el Senado fue más política que normativa. El DNU, por ahora, sigue en pie. Y sigue generando efectos en los alquileres, las góndolas y la medicina prepaga. Zonas sensibles, tanto en términos materiales como de status, para la castigada clase media que acompañó a Milei y sigue en modo “elijo creer”.
El poroteo preliminar en Diputados muestra que la oposición dura tiene una tarea difícil pero no imposible. Este miércoles, Unión por la Patria, Hacemos Coalición Federal, el FIT y cinco radicales rebeldes estuvieron a diez legisladores de alcanzar el quórum y poner a la defensiva al gobierno.
Por impacto, no es lo mismo construir una mayoría para inyectarle vitaminas a los anémicos ingresos de los jubilados que para torpedear una de las principales iniciativas de un gobierno que empezó su travesía hace solo tres meses, pero enciende una luz de alerta en el tablero de los libertarios.
Ante esto, el gobierno activó una ronda de reuniones con diputados, tanto para blindar el DNU como la nueva versión de la ley Bases, que comenzó como una norma XL y tras el baño de realismo político que le dio el Congreso se convirtió en un proyecto talle S.
Con lógica, trazó círculos concéntricos y va de los espacios más cercanos a los más lejanos. Primero, del PRO, convertido casi en una filial de La Libertad Avanza. Después, del partido radical, en sentido literal. Allí se distinguen tres grupos: el ala colaboracionista, integrada por la mayoría de los legisladores y los gobernadores (salvo Pullaro), y los que acompañan a Martín Lousteau y Facundo Manes, que disputan el papel de defensor de las banderas históricas de la UCR. Tanto para el economista como para el neurólogo su curva de crecimiento es inversamente proporcional al éxito de Milei.
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En tanto, este lunes será el turno del bloque de Pichetto. En esos días negociación frenética de la ley Bases original, cuentan en el Congreso, el viejo jefe de bloque del Frente para la Victoria y ex candidato a vice de Mauricio Macri se mostraba dispuesto a actuar el rol de Eduardo Duhalde o, en su defecto, a hacer de kingmaker si la crisis desembocaba en una Asamblea Legislativa.
En todo caso, los encuentros con las diferentes bancadas le sirven al gobierno para sostener la iniciativa y sondear el terreno de cara al evento refundacional que convocó Milei en su discurso nocturno del 1 de marzo en el Congreso y que podría contener un error tipográfico. Más que un pacto, un acuerdo de gobernabilidad y un marco de políticas públicas, el de mayo podría ser un parto: el nacimiento de un nuevo sistema con el presidente como eje y varios fragmentos del orden que estalló el año pasado orbitando a su alrededor.
Habrá que ver si llega ese momento o la incontinencia verbal del presidente complica el proceso de gestación de un nuevo espacio político, que todavía está en estado embrionario.
Lo cierto es que el gobierno acumula más de tres meses de sequía legislativa. Milei parece haberse acostumbrado a sufrir derrotas que busca presentar como victorias morales. Allí parece más un discípulo de César Menotti que de Carlos Bilardo.
Como si fuera poco, esta semana quedó expuesta la fractura con Victoria Villarruel, atacada primero en las redes por la tropa libertaria y señalada por la Oficina del Presidente, la cuenta que traduce, muchas veces sin filtro, los pensamientos de Milei. Finalizada la sesión, la presidenta del Senado buscó mostrarse leal a su compañero de fórmula y a la vez presentarse como la cara dialoguista e institucionalista de la familia ensamblada de derechas que llegó al poder. Por sus vínculos con las fuerzas armadas y de seguridad ella representa un protobolsonarismo vernáculo.
Milei parece haberse acostumbrado a sufrir derrotas que busca presentar como victorias morales Milei parece haberse acostumbrado a sufrir derrotas que busca presentar como victorias morales
En hiper minoría en el Congreso y sin gobernadores e intendentes propios, Milei encara la política como un Lollapalooza donde la opinión pública y la comunicación son el escenario principal y el resto tablados secundarios. De lo que se trata es de cubrir baches. Tapar cualquier ruido, como los que provoca la inflación y llevan a la banda libertaria a tocar la canción conocida de los formadores de precios. Y, sobre todo, mantener entretenida a la audiencia.
La desprolija y apresurada puesta en marcha en Rosario del Código Procesal Penal, que después debió ser postergada para mayo, es sólo el ejemplo más reciente de que el gobierno prioriza el golpe de efecto y el impacto del anuncio por sobre la implementación y la eficacia de las medidas.
La debilidad política de Milei obliga a distintos factores de poder a moverse con cuidado. Tanto los que quieren encarrilarlo, como el FMI y la Corte Suprema, como los que quieren confrontarlo, como la CGT. Todos tienen claro que están frente a un gobierno con huesos de cristal.
Refuerzos bonaerenses
Distinta es la situación de Pullaro, que tiene mayoría propia en la Legislatura y su fuerza gobierna las ciudades y pueblos donde vive el 90% de la población santafesina.
Esas son las fortalezas que, reconocen en el entorno del radical, resguardan al gobernador de la volatilidad de la opinión pública. Al igual que a nivel nacional, también a los santafesinos y a los rosarinos se les pide un exigente test de paciencia.
En este marco, la ayuda de la provincia de Buenos Aires a Santa Fe en la lucha contra la violencia suma otro hecho novedoso a una etapa cargada de anomalías. Una suerte de federalismo en defensa propia.
Casualidad o no, al día siguiente en que Axel Kicillof envió 80 patrulleros y tres minibuses Milei sumó nafta a la rebelión fiscal en territorio bonaerense que encendió José Luis Espert, una estrella ascendente en las fuerzas del cielo.
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La relación entre Pullaro y Kicillof se remonta al amanecer de la gestión libertaria. “Maxi y Axel hablan permanentemente para intercambiar impresiones. A pesar de las posiciones históricamente diferentes, los dos gobiernan provincias grandes y que limitan entre sí y hay temas que se cruzan”, dicen desde la Casa Gris.
Para ambos, el acuerdo táctico es pura ganancia. Pullaro suma recursos en un contexto donde no sobra nada. Y Kicillof puede romper cierto aislamiento del kirchnerismo y continuar con su proyección camino a 2027 en tiempos de disgregación nacional.
De algún modo, la cooperación entre ambos gobernadores evoca la articulación en los comienzos de la pandemia. “Esto es aún más audaz. Aquella la impuso el contexto, estas complicidades la ponen los actores. Se están reformulando las fronteras”, dice un consultor que conoce, y mucho, el paño del peronismo.
Más en modo súper ministro de Economía que presidente, Milei cedió a Patricia Bullrich el rol protagónico. Concentrado en alimentar a su núcleo duro, el presidente se dedicó a atacar al socialismo y por el momento desaprovecha la oportunidad que abrió la crisis en Rosario para capitalizar un éxito en un año que en el terreno económico será de sangre, sudor y lágrimas.
Mientras tanto, en el gobierno provincial se preparan para nuevos coletazos violentos de lo que interpretan como una puja de poder entre el Estado y los grupos criminales.
Cerca de Pullaro consideran una batalla comunicacional ganada que todo el arco político califique los homicidios al azar como narcoterrorismo.
En el gobierno provincial se preparan para nuevos coletazos violentos de lo que interpretan como una puja de poder entre el Estado y los grupos criminales En el gobierno provincial se preparan para nuevos coletazos violentos de lo que interpretan como una puja de poder entre el Estado y los grupos criminales
En la mesa chica del gobernador insisten con que situaciones excepcionales demandan soluciones excepcionales. Esto implica modificar la ley de Seguridad Interior para que efectivos de la Fuerzas Armadas puedan realizar tareas de patrullaje, previo entrenamiento. La diferencia de escala con Colombia y México, entienden, minimiza el riesgo de que las bandas coopten a los militares.
En la misma frecuencia discursiva que la provincia, en la intendencia de Rosario creen que la crisis de seguridad en la ciudad abre una ventana para captar todos los recursos que sea posible, por ejemplo, para urbanizar los barrios populares, y no tachan a ningún aliado dispuesto a compartir trinchera en un conflicto que activa alianzas inesperadas.