Pero ahora, especialistas del campo penal aseguran que el empoderamiento de las mujeres también atravesó al delito en los sectores populares. Ellas son cada vez más, algunas tienen roles preponderantes que empiezan a ocupar por propia decisión y cargan con una crueldad mayor cuanto más jóvenes son.
Algo así como: si hay que matar a bebés ajenos para una vendetta, no se duda. Simple. "Códigos" criminales que hasta hace unos años no eran moneda corriente y de los que ellas no están ajenas.
Lo cierto es que las mujeres del mundo del delito hoy se arman, amenazan públicamente a jueces, periodistas y competidores de bandas, organizan los trabajos y administran peso a peso el comercio de la droga.
Desafiantes, les sacan la lengua a los fotógrafos cuando las llevan esposadas, aunque como parte del mandato de cuidado femenino están también a cargo de hijos y nietos, y protegen el patrimonio familiar.
A diferencia de ellos, además, las mujeres visitan a los líderes que cumplen condena en la cárcel, hombres a los que paren, crían, aman, celan, veneran y padecen.
La Capital entrevistó a tres especialistas en Derecho penal para analizar este nuevo fenómeno de época, que por ahora tiene más hipótesis y preguntas que certezas, y donde, como en todas las mafias, corre sangre patriarcal e hipermachista. Un escenario donde los relatos sociales, mediáticos y judiciales se dividen entre quienes condenan a estas mujeres por anticipado y proponen salidas punitivistas, quienes las victimizan o quienes intentan entenderlas como nuevas líderes.
La investigadora del Programa de Antropología Política y Jurídica de la UBA Eugenia Cozzi, y las fiscales de la Justicia provincial Valeria Haurigot (Jefa de Unidad Balaceras) y Luciana Vallarella (Unidad de Violencia de Género) dan sus visiones.
La madre de la criatura y su ex mujer
Quienes siguen la saga de las notas policiales desde hace tiempo en Rosario leyeron al menos una vez algunos de los nombres de estas mujeres o sus apodos. Hay dos, "Cele" y Lorena, quienes parecen hacerle homenaje al dicho que dice: "Casamiento y mortaja del cielo bajan".
Patricia Celestina "Cele" Contreras tiene 53 años, el cabello de un furioso rojo cobrizo y no sabe leer ni escribir, sí firmar. Es la ex esposa de Ariel Máximo "Viejo" Cantero, un hombre que hace algunos meses recuperó su libertad y quien, se presume, es padre de más de 20 hijos.
Con "la Cele", palabra reverenciada e indiscutida en la familia, engendró seis: Claudio Ariel Pájaro Cantero, el muchacho que heredó de su padre el liderazgo de Los Monos más los rulos renegridos y largos como tirabuzones, y terminó asesinado de seis balazos en 2013. El que sigue es Máximo Ariel "Guille" Cantero, morrudo, de lentes, de apenas 32 años. Lleva 7 años preso por ocho condenas que suman cien años. Y el menor, Dylan Cantero, de 17 años, comenzó a tener problemas policiales y judiciales con apenas 8 años.
Cele estaba detenida cuando sus abogados pidieron que la dejaran salir de la cárcel para cuidar a Dylan, un problema común para estas mujeres que dejan a sus hijos guachos tras los encierros.
Aún así el jovencito siguió en problemas. Este año fue arrestado luego de intentar escapar a caballo por las calles de zona sur, con una Glock 9 milímetros con la que parece extorsionar a comerciantes y taxistas en la zonas del Casino.
Cierran el círculo fraternal las tres chancletas: Yoana, Mariana y Macarena. Pero Cele, como suele obligar el mandato de cuidado a las mujeres, no solo crió a los propios. También al adoptivo Ramón Ezequiel "Monchi" Machuca, preso junto a Guille Cantero, y a una hija del Viejo, Elizabeth Cantero, cautiva de las adicciones, brava y muerta tras defenderse a los puños de un ataque de internas y policías cuando cumplía condena en la cárcel.
Cele, a diferencia de Carmela –la mujer de Tony en la emblemática serie de la mafia ítalo estadounidense Los Sopranos que hacía oídos sordos y la vista gorda–, supo siempre bien qué hacen los hombres de la familia.
Los cuidó y cobijó para que no los imputen en su casa de calle Cañar de Ambar, en barrio La Granada, donde se encontraron balanzas y armas.
Su perfil maternal se registra con su voz ya en las escuchas judiciales de la megacausa Los Patrones, la primera por drogas en que condenaron en 2018 a Los Monos. Allí esta joven madre se oía protegiendo a sus hijos, pero también dando órdenes y consejos como autoridad moral de la banda.
De todos modos en ese juicio solo se condenó a una mujer: Silvana Jesica Gorosito, pareja de Monchi Machuca. El proceso había llevado a la cárcel a los líderes del clan y sus lugares debían ser reemplazados. ¿Por quiénes? Por las mujeres de la familia.
Cele, Vanesa Barrios (compañera de Guille) y Jessica Ayelén Lloan (pareja de Jorge Chamorro, subalterno del Guille).
"Es que no cualquier mujer forma parte de las bandas: solo las que son familiares de un miembro de la organización o parejas son las elegidas, las que dan confianza. El acceso no es libre, hay una relación siempre sanguínea que las habilita a dirigir al grupo desde afuera de la cárcel", apunta la fiscal Vallarella.
En 2018 Cele fue condenada a 10 años de cárcel por narcotráfico. Se comprobó que cobraba planes sociales (Asignación Universal por Hijo, el Programa de Seguridad Alimentaria de Santa Fe y la Ayuda Social de Urgencia) tanto por Dylan como por su hermana, Mariana.
Lore
Foto: Gentileza de Clarín
El otro nombre, tal vez el de la más mediática y desafiante, es el de Lorena Miryam Verdún. Viuda del Pájaro Cantero con quien tuvo tres hijos y quien se escudó en una nota diciendo que se mantenía "gracias a la venta de ropa y sábanas", aunque reconoció en el mismo diálogo que la buscaba gente de mucha plata para que la proteja: "No lo hago porque soy una mujer con hijos y no puedo”.
Para Lorena el Pájaro no murió. Lleva como prueba su rostro tatuado en el cuerpo y en dos aros de oro colgados en sus orejas. Lo idolatra. Por él cruzó insultos contra Mercedes Paz, la pareja del “Pájaro” al momento de su asesinato, y contra el juez Juan Carlos Vienna, a quien sindicaba como protector de la familia Paz sospechada en el asesinato del padre de sus hijos.
Tampoco murió para ella Daiana, su hija. Lorena luce el nombre de la jovencita en un dije dorado, sobre su pecho. Así encarna a la hija de 16 años que falleció en un accidente en 2016, camino a la cárcel de Rawson cuando iba a visitar a su tío Guille.
Por Daiana y por el Pájaro esta mujer amenazó a voz viva y públicamente y nadie dice que no lo volverá a hacer.
"Usted mató a mi hija. Ella fue para allá (hacia Rawson) porque no lo trasladaron al Guille. Usted tiene familia y la justicia divina se va a encargar de que sufra lo mismo que mi familia", le gritó al juez Edgardo Fertitta una semana después del accidente fatal de su hija, ante la mirada de colegas, abogados y empleados del tribunal.
La segunda intimidación fue un año después, a los periodistas Hernán Lascano y Germán de los Santos durante la presentación del Libro "Los Monos. Historia de la familia narco que transformó a Rosario en un infierno" (Sudamericana, 2017).
Cuestionó a los gritos la información del libro, dijo que era "inventada" y remató mirando a los ojos a los autores: "Ustedes nos investigaron a nosotros, ahora los vamos a investigar a ustedes".
La última advertencia, también vehemente y a la vista de todos en una audiencia judicial, fue contra el fiscal Matías Edery.
"Esto no va a quedar así", disparó replicando una frase típicamente varonil antes de ser apresada, junto a su hijo de 18 años. Uriel "Lucho" Cantero está acusado de homicidio y balear a un patrullero con 60 tiros.
Los cargos contra ella son por acopio ilegal de 25 armas de fuego y un millón y medio de pesos que no pudo justificar hace apenas unos días. Lorena no es una mujer precisamente frágil.
"No son víctimas"
Aunque tras todo este derrotero Vallarella hace una salvedad. "No son víctimas, pero sin intención de exculparlas me pregunto si estas mujeres tienen chances para otra cosa o si tienen las mismas posibilidades de decidir que los varones en ese ambiente delictual y de vulnerabilidad económica estando a cargo de sus hijos. A veces no les queda otra, ahora bien, cuando deciden meterse manejan códigos muy violentos sin dudas".
También la fiscal Haurigot echa por tierra la versión romántica de que la historia cargada de sufrimientos de estas mujeres sea atenuante de responsabilidad ante la Justicia penal.
"De acuerdo a lo verificado, en mujeres procesadas y condenadas de todas las bandas, el rol de ellas es preponderante: no se advierte situación de sometimiento en las líderes, sino que vemos que la misma lucha que damos para ocupar trabajos formales se da en el marco de la narco criminalidad, desde la organización de 'tira tiros' y la preparación de la logística –a quién le dan la moto y a quién el arma o a quien apuntar como objetivo de la balacera–. Lo hacen porque los varones están presos y asumen el rol del varón", dice antes de agregar que no escapan a la crueldad.
"Una de ellas, Tania Rostro, fue condenada por la Justicia federal como parte de una organización, les prestaba plata a los jóvenes y cuando no les podían devolver les ofrecía vender droga para ella y así construyó lealtades y poder. Se escuda en su hijo discapacitado. En el territorio ocupan casas de prepo con sus hijos, extorsionan, valiéndose de una estructura criminal. Todo esto para sus hijos es doloroso y las consecuencias son a futuro. La madre del joven Brandon Bay se cargó el negocio con sus hijas cuando él cayó preso acusado de crímenes aberrantes. Son responsables de la degradación social y además en las escuchas se comprueba que son muy violentas con sus hijos y en sus casas, lugares donde esconden armas y a soldaditos".
Por último, Haurigot habla de una diferencia sustancial en la pirámide de poder de estas mujeres.
"El único caso que cambia –asegura la fiscal– es el de la que atiende búnker, lo hace como salida laboral, de noche, en un eslabón bajo de la organización criminal, totalmente intercambiable, pero funciona igual con el varón".
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Además de Cele y Lorena hay más mujeres surcadas por la marginalidad, el delito, la sangre y el cautiverio.
Gladys Obdulia Barrios (implicada en narcotráfico, tía de Vanesa, esposa de Guille, suegra de Moco Reynoso, amigo de la infancia del Pájaro), Daniela Ungaro (integrante del clan Funes-Ungaro, fue pareja de Luis Medina –asesinado junto con su novia Justina Pérez Castelli en diciembre de 2013–, hermana de René "Brujo" Ungaro, preso por el crimen del ex jefe de la barra brava de Newell's Roberto “Pimpi” Caminos).
Rosa Capuano (ex esposa y segunda línea de Esteban "Lindor" Alvarado, condenada por lavar activos y formar parte de la estructura financiera dedicada a sostener el trabajo del líder narco. Alvarado fue socio de Medina).
Lucía Uberti (tenía un hijo de 2 años cuando fue apresada y dio a luz a su segundo hijo ya detenida. Vinculada con Daniel “Teletubi” Delgado, uno de los condenados por el Triple Crimen de Villa Moreno. Está imputada como organizadora de catorce balaceras contra edificios de la Justicia y domicilios de jueces. Su frase célebre fue: "Yo les tenía miedo a los narcos y ahora les doy órdenes a ellos", pero las escuchas dieron cuenta de que ellos le decían qué debía hacer).
Jorgelina "Chipi" Selerpe (pareja de Alan Funes, también sobrina de Domingo Selerpe, un hombre que supo ser segunda generación de vendedores de drogas en Tablada. También fue imputada junto con su pareja por el crimen de Marcela “Tuerta” Díaz, y Brisa Amaral (cuando tenía apenas los 18 años vio cómo mataron con diez disparos a su novio Jonathan “Bam Bam” Funes. Ella resultó ilesa pero uno de los sicarios le dijo: “Quedás viva para que cuentes lo que pasó”. Luego asesinaron a su hermano y a su abuela).
Ambas, Chipi y Brisa, se dieron el gusto, detenidas, de sacarles la lengua a los reporteros gráficos al mejor estilo del ícono Rolling Stone.
Otra es Micaela "La Diabla" Leguizamón (investigada como jefa de una organización narco que pisa fuerte en San Nicolás, hermana de Brisa, quien se casó horas antes del último Triple Crimen cuando debía mantener prisión domiciliaria). Un video de la previa a la fiesta y preparación del elenco femenino ya circuló por las redes.
Se suman Olga "Tata" Medina (poderosa traficante en el norte rosarino a quien le balearon el frente de su casa a fines del año pasado, hoy condenada) y Tania Rostro (sindicada de liderar una organización en los barrios Parque Casas, Nuevo Alberdi y Cristalería), entre otras.
Son abuelas, madres, esposas, amantes, hijas y hermanas famosas en el campo del narcotráfico. La mayoría jóvenes y de origen vulnerable. Heredan de los varones líderes el negocio por línea familiar, pero bajo sus hilos se arriesgan a todo con códigos y gestos bien masculinos. Hasta la identidad, porque bien podría llamarse a algunas de ellas Las Monas, pero no, son apenas y nada menos las mujeres de Los Monos.
Un elefante en el bazar
Sobre las mujeres de las bandas criminales la investigadora Cozzi se hizo preguntas a las que caracteriza de "urgentes".
"¿Qué están desafiando estas mujeres y pibas, cómo, desde qué lugar? ¿Hay en ese desafío alguna novedad? O dicho de otro modo, ¿los mensajes feministas han incidido en una reconfiguración particular del mundo del delito rosarino? ¿O las pibas estuvieron siempre ahí y lo que cambió fue nuestra forma de mirarlas?".
Un manojo de interrogantes que podría sintetizarse como el alarido de una marcha del 8 de Marzo en un "ahora que sí nos ven, ¿cómo nos ven?".
La investigadora y profesora no da respuestas aún, pero aclara que para investigar el tema ante todo hay que repensar al "comodín narco" que siempre se tiene a mano para leer todas las violencias y homogenizarlas; enunciados que chocan contra el lenguaje periodístico y el de la calle.
"Me genera incomodidad que se hable ligeramente de narcotráfico y mafias, porque son palabras cargadas de sentido y oscurecen más que lo que explican, prefiero pensar en 'el mundo del delito' o 'el delito de los sectores populares'. Usar la categoría autoexplicativa de 'guerra narco' para todo etiqueta y tranquiliza, pero no ayuda a comprender la construcción de prestigio social y honor, ni las búsquedas de reconocimiento en contextos de desigualdad y exclusión social en las que se producen, tampoco lo que se sufre con experiencias de humillación y explotación en espacios como la escuela, la policía o el campo laboral".
Y da un ejemplo en torno al riesgo que se corre al desconocer que hay violencias particulares y no todo es "disputa territorial por el control de la venta de drogas" o "ajuste de cuentas del narcotráfico”.
Cozzi contó que una joven de un barrio, novia de un 'tira tiros' que había conocido en 2015, le reenvió por celular la convocatoria a una marcha de un femicidio.
"Me sorprendí con ese mensaje, hasta ese momento ligaba el reclamo a los sectores sociales medios y no me parecía muy popular; acudí a la cita. Efectivamente el reclamo desbordó todo, la manifestación fue multitudinaria y sumamente heterogénea. Mujeres muy jóvenes se intercalaban con viejitas, pibas de los barrios con señoras del centro y así. Había furia, furia contenida y una energía arrolladora. Sin lugar a dudas cambié mi mirada. Me estaba pasando en frente un elefante en un bazar".
La profesional suma unas últimas "preguntas urgentes".
"¿Cómo las vemos? ¿vamos a seguir ubicándolas sólo en lugares subalternos del mundo de delito y los protagonistas seguirán siendo los varones?, ¿las miraremos solo como víctimas de diversas formas de explotación? ¿Podremos construir otros materiales sociales para que estas mujeres se sientan reconocidas, respetadas, protegidas y conocidas, o seguiremos reproduciendo y acumulando desigualdades y generando sufrimiento?"
Cozzi junto a un equipo de investigación intentará darles abordaje a los cambios de mirada y abordajes en el proyecto de investigación que dirige y se llama: "Mercados ilegales, violencia(s), agencias del sistema penal desde una perspectiva de género. Interacciones entre mujeres jóvenes y policía en barrios populares de la ciudad de Rosario”.
Será un primer acercamiento a un escenario poco investigado con rigurosidad científica, aunque se hable y escriba sobre estas mujeres desde hace años y sus nombres y caras sean, para el mundo criminal de Rosario, más famosas y conocidas que la de Nicki Nicole.