“La ilustración es contar a través del lenguaje visual”, define la dibujante Elissambura sobre esta profesión que asume, muchas veces no tiene el merecido reconocimiento. La ilustradora —nacida en la ciudad de Mar del Plata y que eligió vivir en Rosario— conversa con La Capital sobre su trayectoria con más de 30 libros publicados, la participación en la próxima Bienal de Bratislava (Eslovaquia) que empieza en octubre, y su pasión por hacer del cuento un maravilloso encuentro con las imágenes. También cuestiona cierta infantilización que advierte en textos para las infancias, al punto que se editan libros más pensados en evitar preguntas incómodas a los adultos que los compran.
En el marco de la Feria Internacional del Libro Rosario 2023, la vicepresidenta de la Asociación de Dibujantes de Argentina (ADA) y responsable de la sede Rosario coordinó un taller infantil que invitaba a través del dibujo a pensar la ciudad. Mientras espera el inicio de una de las exposiciones más prestigiosas a nivel mundial donde se exhibirán dos de sus trabajos más recientes, se encuentra terminando de ilustrar dos libros nuevos que todavía no vieron la luz.
“Mi trabajo consiste en crear y desarrollar personajes, contar historias, generar contenidos ilustrados y comunicar a través de la imagen”, afirma Elissambura, un seudónimo que adoptó para firmar sus libros y con el que se hizo reconocida.
Sobre la valoración de quienes como ella se dedican a dibujar con entrega y pasión, subraya: “La ilustración no es algo inútil o un capricho, tampoco algo que está solo en las cosas para chicos. Atraviesa nuestras vidas, y aparece en todo lo que aplica imágenes, puede ser una tela estampada, gráficas digitales y todos esos dibujos que vemos por ahí fueron realizados por ilustradores o artistas gráficos”.
También se refiere al contacto que se establece con los niños y las niñas en cada taller, y la oportunidad de despertar futuras vocaciones: “Acostumbran a preguntarnos de qué trabajamos, y en ese ida y vuelta abrimos una puerta para quienes les gusta dibujar o pintar, una posibilidad que no deberían cerrar cuando ingresan al secundario”. En su experiencia personal, cuenta que empezó cursando la carrera de biología y de letras hasta que finalmente descubrió la ilustración en el ciclo básico de diseño gráfico. “En ese momento —reconoce— me enamoré de contar historias y hacer libros”.
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“No puedo ni me interesa ilustrar todo igual porque cada proyecto necesita cosas diferentes”, sostiene la ilustradora radicada en Rosario.
Leonardo Vicenti
—En este recorrido que te llevó a representar al país varias veces en una bienal y a ilustrar más de 30 libros, ¿qué te sigue enamorando de la profesión?
—Siempre tuve en claro que me gustaban las ilustraciones, las historias y los libros. La magia de contar historias a través de la imagen es lo que más me apasiona, y el plus está en tener algo que decir con esas ilustraciones que vaya más allá de la literalidad y el desafío de poder manejar el lenguaje visual de manera efectiva.
—¿Cómo es el proceso de un ilustrador en el mundo digital y cómo se forman hoy los jóvenes?
—Ya no existe más el original analógico aunque se trabaje en témpera, lápiz o collage. Se entrega el archivo digital de ese original creado en papel y procesado para la impresión. Sí o sí se necesita la pata digital, por más que hagas un collage y saques una fotografía. Pero también se requiere contar con la formación tradicional para entender lo digital. La nueva generación proyecta en digital porque hoy es más accesible y se abrieron muchas nuevas aplicaciones de la ilustración, conectando con otras partes del mundo y con las redes que hacen que nada quede lejos.
—¿Cuál es el vínculo que se establece entre quien ilustra y quien escribe un cuento?
—El escritor escribe su historia, el ilustrador dibuja su historia y lo que se genera no es ni una ni la otra sino una tercera obra, por decirlo de alguna manera, que es la conjunción de esos dos lenguajes. Hacer un libro es como una película, es un trabajo conjunto en el que muchas personas intervienen. Sí cambian las formas de contar la historia, el tipo de imagen, de textura o de texto, y en ese nexo que se establece permanentemente con el editor se negocia qué se dice con la imagen y qué con el texto.
—¿De qué manera fueron cambiando las formas de comunicar hacia las infancias?
—Hoy se infantiliza mucho la forma de comunicar hacia los niños y las niñas cuando no hace falta tratarlas entre algodones. Las infancias necesitan de libros de terror y de realidad, esas historias que leía mi generación que no tenía el filtro de lo políticamente correcto. Como cuando leés Los recreos del pequeño Nicolás, de René Goscinny, que cuenta la historia de niños que se comportan como tal, que hacen travesuras, y que algunas veces también son malos.
—¿Y por qué pensás que ocurre eso?
—Tiene que ver con el hecho de que se empezó a editar para los adultos que compran los libros y no para los niños que leen. Se edita para que el docente en el aula o el padre en la casa no reciba ninguna pregunta incómoda, y es el niño quien termina perjudicado y convirtiéndose luego en un adulto incómodo. Se trata de pensar en una determinada historia para que ese niño pueda ser cualquiera, que no tiene todo solucionado por ser un superhéroe. Enfrentarlo a un conflicto o problema hace que pueda procesar sus propios miedos o realidades. Hay muchos cuentos para cuidarlos del mundo de afuera, y eso hace que se transforme en un adolescente y un adulto que no pudo problematizar todo eso.
—¿Busca el ilustrador o ilustradora plasmar un estilo en cada uno de sus trabajos?
—Particularmente no estoy de acuerdo con esa máxima que dice que tenés que tener un estilo definido. En mi caso, no puedo ni me interesa ilustrar todo igual porque cada proyecto necesita cosas diferentes, sea en el tipo de personajes o de tratamiento, en la técnica, en la paleta o en el ritmo. Creo que quienes ilustran se reconocen más por cómo cuentan una historia, por cómo desarrollan una composición y por cómo usan los espacios vacíos que por dibujar siempre igual. Mis trabajos se caracterizan, aunque no sé si es estilo, por tener muchos animales, fuertes contrastes de color, composiciones con blancos, una técnica mixta que no se sabe muy bien si es analógica o digital. Dibujar animales también tiene que ver con los proyectos para los que me convocan, últimamente he ilustrado muchos libros de animales con diferentes estilos y al mostrar esos resultados se generan nuevos proyectos similares.
—¿Cuáles son tus libros favoritos?
—La abeja que no era joven ni vieja, de la escritora Adela Bach editado SM ediciones, que ya no está en el país y a través de una acción conjunta logramos recuperar esas publicaciones. Otro es El corazón de Marion, de Mariela Kogan, y Pío Pío, el primer libro juego de mi autoría que empezó por la imagen y de observar que los chicos chiquitos están muy fascinados con las gallinas, algo que no se sabe bien por qué.
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”Pío Pío” nació a partir de la curiosidad de los chicos por las gallinas.
El desafío de ilustrar para todas las edades
Las ilustraciones de Elissambura formaron parte de diferentes planes de lectura. En Unicef Guatemala, colaboró en la confección de cuadernillos sobre los derechos de las personas con discapacidad, y para Unicef Argentina en la ilustración del libro Guarda Secreto, de la colección “Cuentos que cuidan”, que se accede desde la página oficial con descarga gratuita.
“La ilustración es para todos los públicos y no tiene una edad, el problema es el mercado que determina que hasta los 10 o 12 años los libros llevan ilustración y de más grandes ya no”, remarca la dibujante.
A los 48 años, recibida en la Escuela Superior de Artes Visuales Martín Malharro (Mar del Plata), sus trabajos reflejan la experiencia de más de 20 años en el campo de la ilustración infanto-juvenil y editorial. En una familia de artistas —con su mamá escultora y su papá pintor y grabador— revela que hoy se encuentra quizás transmitiendo de manera natural y espontánea ese legado a su hijo Julián: “Es un lector compulsivo, no para de leer y le gusta mucho las historietas”.
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“Shhh! The baby asleep” fue publicado por una editorial estadounidense.
Con sus dibujos de Rosario a Bratislava
Diez ilustradores argentinos seleccionados por la Asociación de Dibujantes de Argentina (ADA) participarán en la 29ª Bienal de Ilustraciones de Bratislava, que tendrá lugar del 4 de octubre al 3 de diciembre de 2023. “Es un evento clave en el campo de las bellas artes y la ilustración para niños, que reúne cada otoño impar a lo mejor del campo de los ilustradores”, destaca la ilustradora, que participó otras veces de esta prestigiosa exposición internacional, organizada por el Ministerio de Cultura de la República de Eslovaquia, el Comité de Eslovaquia de la Unesco y la Casa Internacional de Arte Infantil.
“Es importante destacar que la selección siempre se realiza de forma democrática, por votación directa de los socios de ADA de todo el país”, cuenta. Las ilustraciones viajan en papel para la muestra con un ejemplar de cada libro, que permanecerán en la biblioteca mundial de Bratislava. Pío Pío de Gerbera Ediciones y Shhh! The baby’s asleep de la Editorial estadounidense Charlesbridge son sus títulos seleccionados.