Poder capitalizar una experiencia ajena no fue tu caso.
Para nada. Sobre todo de donde yo vengo, de Armstrong, un pueblo muy chiquito donde no tenés ese roce con un profesor de una academia grande o la posibilidad de conocer al menos al hermano de alguien que es profesional. En mi caso fue siempre ir a los golpes, recorriendo el camino.
¿Quién fue tu mayor influencia en el tenis?
La verdad es que nunca fui un fanático. Sí te puedo decir que al único jugador que me quedaba viendo era Patrick Rafter. El era el que captaba mi atención delante de la TV. Creo que por su estilo, por la agresividad que tenía su juego. Me gustaba su saque y volea, su personalidad. Otra cosa que miraba era Argentina en la Copa Davis, sobre todo en dobles, eso me encantaba. Igualmente para mí era tedioso mirar de principio a fin el partido de tenis, no era muy fanático, prefería el fútbol. Después ya más de adolescente, cuando empecé a hacerme profesional, Nadal fue al que más admiré y admiro.
¿Se puede vivir del tenis?
Es muy difícil. Como poder se puede, pero es muy difícil. Estadísticamente es muy baja la cantidad de chicos que pueden llegar a ser profesionales y vivir de este deporte. El dato que te lo marca es que son los cien primeros del mundo entre millones y millones de jóvenes que lo intentan. Por eso te digo que como poder se puede pero es muy difícil.
¿Se lo aconsejarías a un chico?
Le diría que siga su sueño y que deje hasta lo que no tiene para lograrlo. Esa es la única manera que se va a sentir bien en el caso de que no lo logre.
¿Cuál fue el momento deportivo de tu carrera que te marcó a fuego?
Un primer momento fue cuando tenía 17 años y tomé rumbo para Buenos Aires. A mí me quedaba un año más de la secundaria y ya tenía una edad en la que había que tomar la decisión de lo que iba a hacer: querer intentar con el tenis o si directamente lo dejaba y lo tomaba como un hobbie y seguir el rumbo de un adolescente que se va a estudiar. Lo que influyó en la decisión fue una cuestión de resultados. Me fue bien en juniors donde estaba en los primeros puestos del ránking nacional y sentía que mucha gente alrededor mío había hecho mucho esfuerzo por lo que yo conseguí hasta ese momento. No es que los iba a defraudar si no lo intentaba, pero me pareció que valía la pena intentarlo.
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Bagnis se dio el gusto de superar a Andy Murray en el arranque del 2022.
Era un poco devolver esa confianza que habían depositado en vos.
O al menos intentarlo. No nos podíamos retirar sin haberlo intentando. Y eso fue lo que me llevó a tomar la decisión de continuar. Realmente en mi interior no estaba convencido en un ciento por ciento de hacerlo. Al año siguiente ya llegó una oferta con un sponsor para apoyarme económicamente prácticamente por el resto de mi carrera por diez años. Esa fue una decisión muy difícil porque con mi familia no sabíamos para qué lado tomar, porque era un contrato que me ataba a mi carrera deportiva. Nos daba miedo pero a la vez nos permitía intentarlo. Mi familia no podía afrontar el gasto que creíamos que podía llegar a tener en los siguientes años, que son los más difíciles porque son los primeros y son los que vas a pérdida. Por eso fue una decisión tan difícil para todos nosotros.
Coria lo tuvo a Nalbandian y entre los dos se potenciaban. ¿Vos tuviste algún jugador que te potencie a vos?
Sí, compartí mucho de chico con un ex compañero, Nacho Martire, de Roldán. Nos conocimos prácticamente desde Atos (Asociación Tenis Oeste Santafesino) y ya a partir de los 10 años empezamos a competir en la Federación Santafesina de Tenis, tanto con él como con Franco Pertusati, con el que pude tener una gran relación durante años. Esa fue mi primera etapa, hasta los 14 años. Ya en la etapa de los Nacionales fue con Guido Pella, Marco Trunguiletti y Federico Del Bonis. Nuestra camada fue siempre muy competitiva, muy buena. No es para nada casualidad que nos haya ido tan bien en tan poco tiempo. Cuatro jugadores de la camada 90 llegando prácticamente a estar entre los 100 primeros del ránking mundial no es poco y eso te va dando además una competencia interna muy buena entre nosotros, obviamente.
¿Qué pensás de la nueva camada?
Son muy buenos. Los procesos en el tenis cambian y los chicos hoy en día son profesionales, si se permite el término, cada vez más temprano. En mí época era mucho más amateur. Yo iba a los cumpleaños de 15, jugué al fútbol hasta cuando pude... tomé mi carrera de una manera muy amateur. Hoy veo que todo se va profesionalizando desde una edad más temprana porque el deporte te obliga.
¿No te arrepentís de haberlo vivido así ?
Para nada. Incluso el Colegio lo terminé haciendo un año y medio libre, estudiando muchísimo solo. Mi tío Nacho me preparaba por su cuenta y lo hice a conciencia. No quería terminar por terminar. Tanto la primaria como la secundaria la hice en la escuela Mariano Moreno de Armstrong, y toda la vida les voy a estar agradecido a las profesoras y directoras, con las cuales tengo una relación increíble, porque ellas querían que termine el colegio que había iniciado en el jardín. Y pude hacerlo. Fue algo muy lindo como poder haber hecho el viaje de estudios con mis compañeros, gente con la que sigo compartiendo cosas cada vez que vuelvo. Esa son cosas que muchas veces el deporte te va quitando porque te va obligando a desarraigarte en la adolescencia. Yo trate de aferrarme lo máximo y perderme lo menos posible esos momentos que un adolescente debe tener.
¿Es por eso que cuando no competís siempre te haces una escapadita?
Siempre. Para mí sigue siendo un cable a tierra. Los afectos, las juntadas, me despejan mucho y me alejan del estrés que se puede generar en una competencia. El pueblo tiene esa calma. Lógicamente si por ahí me quedo algunos días más empiezo a aburrirme porque cada uno empieza con su vida normal y quedo como desencajado. Pero la familia y mis amigos saben que cada tanto paso. Es como ir a cargar nafta. Ellos son el combustible que se necesita para que la máquina funcione.
Sos un jugador que las cosas se te fueron dando por el esfuerzo. Debutaste en un Grand Slam, en Roland Garros, ante el francés Julien Benneteau en un partido que duró más de cuatro horas y media. ¿Qué recordás de ese momento?
Me acuerdo que estaba jugando muy bien, que estaba muy preparado. Me había tocado una qualy dificilísima, gané tres partidos jugando uno mejor que otro y en la primera ronda, si bien en ese momento era un rival que estaba 40 o 45 del mundo, la dificultad que tenía fue que era local. Me acuerdo que tenía un juego que era bastante molesto para lo que era el mío por mi condición de zurdo. Después de cómo se dio el partido fue muy raro. Los dos primeros sets los juego en un nivel extraordinario y en el tercer set y en el cuarto me quedé. Me quedo porque toda mi vida había jugado dos sets y acá necesitaba uno más. O me relajé o me dejé estar, no sé, pero entré más suelto y él con la ayuda de la gente empezó a levantar. Ese día habían jugado dos chicos más o menos de mi edad que también habían debutado y habían ganado los dos primeros sets y perdieron los tres siguientes. Me acordé de eso, se me vino ese fantasma la cabeza y me dije ojalá no me pasé lo mismo a mi. Y pude reaccionar a tiempo. El partido se estiró. Yo estaba preparado bien física, tenística y mentalmente, porque en ningún momento me dejé avasallar por la situación. Incluso él dos veces fue al baño, trató de levantar la gente, algo que tranquilamente para un debutante hubiera influido pero pude imponerme en ese quinto set que tuvo una repercusión muy grande y muy linda y siempre va a quedar como un gran recuerdo en mi carrera.
¿Cómo influyó en vos la pandemia?
Lo tomé tranquilo y pude hacer cosas que habitualmente no hacía. Estuve en casa un lindo tiempo y el entrenamiento fue muy bueno, sobre todo en los primeros meses. Todos los sábados hacíamos video llamadas con mi equipo de trabajo e incorporábamos cosas nuevas, de esas que por ahí no se pueden trabajar con tanto tiempo. Ya en el tramo final estaba bastante ansioso queriendo salir.
¿Cómo supliste la falta de tenis?
Es imposible. Inclusive físicamente me preparé para estar acorde a la situación e hicimos varias semanas de entrenamiento pero cuando fui a competir el cuerpo no estaba con esa vorágine que te da el día a día. Me acuerdo que el primer partido que jugué terminé destrozado, como si hubiera corrido una maratón. Tuve dolores hasta que el cuerpo entró en ritmo de competencia. Fue difícil. Pero más allá de lo que me pudo haber dejado desde el punto de vista tenístico, creo que la pandemia dejó otra enseñanza para todos. Fueron momentos muy duros. Hubo gente que perdió a sus seres queridos. Gracias a Dios no pasé por eso y por eso soy un agradecido. Creo que eso es lo más importante y va mucho más allá de haber pedido puntos en el ránking o plata.
¿Cómo me definirías la temporada 2021 que tuviste?
Fue la mejor de mi carrera. No alcancé el mejor ránking que había tenido en 2016 (55º), un ránking que lo había cosechado con bastantes Challengers. En 2021 me fue bien en Challengers, en ATP, en un torneo de Grand Slam (Abierto de Estados Unidos) y ni hablar de que pude cumplir el sueño de estar en los Juegos Olímpicos. Además me pude forjar como persona y como jugador. Mejoré mi juego y espero tener esa fuerza para que el 2022 sea aún mejor.
En el US Open llegaste a tercera ronda y para muchos fue sorpresa. Vos, ¿cómo lo viviste?
Tanto mi entrenador como yo teníamos mucha fe en ese US Open. De hecho el torneo anterior lo usamos de preparación y no nos importaron los resultados. Queríamos llegar a Nueva York lo antes posible para aclimatarnos al lugar. Si bien venía preparándome bien, ese invierno lo preparé en Rosario. Eduardo Schwank, que además de ser mi entrenador es un gran amigazo, me ayudó toda la semana y con mi preparador físico nos vinimos desde Buenos Aires a entrenamos toda la semana en el Jockey. Hicimos una preparación buenísima. Estaba realmente preparado. Cuando llegamos me perturbó un poco que la cancha estaba más rápida que otros años pero enseguida hice borrón y cuenta nueva y fuimos partido a partido. Finalmente hubo mucha felicidad, obviamente, pero me quedé con la sensación de que podía haber ido por más. Me traicionaron los nervios, que se entrecruzaron con un poco de cansancio físico en la tercera ronda, pero yo me tenía confianza en seguir un par de rondas más.
En ese momento Javier Frana escribió en Clarín entre otros conceptos que “Para mí Facundo Bagnis es un súper dotado. Y tiene que ver con esos valores y principios; con el respeto a las reglas, con el entendimiento de los procesos, con el trabajo casi como una religión. Proceder con educación y de manera correcta no lo aleja de ser un jugador agresivo y que está siempre determinado a lograr su mejor rendimiento”. ¿Qué sentiste?
Al día siguiente de la publicación se lo agradecí mucho, porque son esas cosas que exceden a lo tenístico y a los reportes informativos. Y que venga de alguien de tanta experiencia, con una carrera como la que el forjó es muy lindo.
¿Cómo fue tu experiencia en los Juegos Olímpicos?
Al aceptar la citación perdimos mucho: torneos ATP, entradas económicas y la posibilidad de sacar muchos puntos que nos permitían a fin de año acomodarnos a una situación mejor, sobre todo porque era una gira de polvo de ladrillo que es nuestra especialidad. Fuimos sabiendo que en Tokio era muy difícil ir a pelear por una medalla porque iban los mejores del mundo, pero no queríamos faltar, como experiencia era algo increíble. Son esas citas que aparecen una vez en la vida y tal vez nunca más se repiten. Aparte para mí, que soy un fanático del deporte, que toda la vida anhelaba y miraba por televisión. era algo que no me podía perder. Ahora voy a poder decir que participé de un juego olímpico representando a Argentina.
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Nacido en Rosario y criado en Armstrong, Bagnis tuvo su mejor posición en el ranking ATP en 2016 cuando ocupó el puesto 55.
¿Cuál es tu sueño?
Una cosa son los sueños que uno va teniendo de chiquito y otra cuando vas transitando una carrera. Un sueño era jugar la Copa Davis y fui parte del equipo. De chico mi sueño era poder participar con mi familia de los logros que podía conseguir, de devolverle un poco de ese esfuerzo que ellos han hecho, cosa que hago cada vez que puedo. Cada vez que me va bien, me gusta llegar al pueblo y compartirlo con ellos, porque se todo lo que hicieron en mi carrera. Con eso soy feliz. No anhelo una posición en el ránking o un torneo en particular. Hoy el tenis es mi trabajo.
Asumió Coria como capitán del equipo argentino. ¿Qué crees que puede aportar?
Guillermo es de esas personas que son diferentes. Él, Nalbandian, Del Potro y hasta el propio Gaudio, lo que consiguieron con el tenis y cómo ven al tenis, hace que para un tenista sea difícil ponerse en sus zapatos. Fueron demasiado buenos, jugadores muy ganadores y llevan esa sangre, esas ganas de seguir vinculados al tenis durante toda su vida. Me parece buenísimo que los ex jugadores, sobre todo los de la Legión, del nivel que ellos tuvieron, de los mejores del mundo durante varios años, estén a nuestro lado transmitiendo toda su experiencia. Eso es algo que para nosotros es de una riqueza enorme. Celebro que podamos tener al lado esa calidad de ex jugadores, entrenadores hoy.
¿Seguís con la Escuela de tenis adaptado?
Sí. Cuando Edu (Schwank) me lo propuso, quería que se forme pero que no tenga que depender exclusivamente del tiempo que yo pudiese estar en Armstrong. Y se creó un grupo de gente amiga que cuando yo no estoy, están ellos. Hay dos profes a la cabeza que son quienes llevan adelante las clases y tenemos la ayuda de tres empresas del pueblo que hacen que cada semana los chicos puedan ir a practicar tenis.
Cuando comienza el año se piden deseos. ¿Vos que pediste?
En lo deportivo que pueda jugar varios años más al tenis (N. de R.: hoy tiene 31). Eso implicaría que físicamente estoy bien. Pero esto es un deporte y si bien es mi trabajo y uno quiere que le vaya bien, no hay que perder de vista las cosas importantes de la vida: pedí amor y salud para toda la gente que tengo alrededor.