“Vivimos un momento histórico demasiado parecido a lo que Paulo Freire denominó situación límite, una crisis civilizatoria de contornos inciertos y apocalípticos, en la que prescindir de la esperanza es negarle a la lucha uno de sus soportes fundamentales”. La cita del politólogo y educador popular Hernán Ouviña está incluida en unos de los capítulos de La palabra y el mundo. Conversaciones freireanas, publicado recientemente por la Editorial Muchos Mundos, a cien años del nacimiento del pedagogo brasileño.
Doctor en ciencias sociales, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe, Ouviña participó en diversas iniciativas de educación popular y coordina talleres de formación política junto a movimientos sociales y sindicatos de base de la Argentina y América Latina. El próximo viernes 12 y sábado 13 de noviembre estará en Rosario para dictar un seminario sobre “Paulo Freire y las pedagogías emancipatorias de nuestra América”. La actividad es gratuita, se entregan certificados y será en la sede de Coad (Tucumán 2245). Organiza el Centro de Estudio, Investigación y Documentación Educativa (Ceide) Simón Rodríguez.
—¿Qué implica pensar a Freire hoy?
—Vivimos una crisis civilizatoria que la pandemia no genera pero sí exacerba. Y releer a un pensador y militante —porque fue un educador popular que siempre pensó en la intencionalidad política de ese acto educativo de conocer el mundo y a la vez problematizarlo— es fundamental. En sus últimos días él apostó fuerte por redoblar la esperanza como un principio ontológico. Estos son tiempos sombríos pero al mismo tiempo de ejercicio de una pedagogía de la esperanza. Freire decía que ante situaciones límites hay que internar construir el “inédito viable”. Esta es una coyuntura donde el mundo se nos presenta en la inminencia de una catástrofe, y éstas situaciones límites para él tienen que permitirnos repensar incluso el sentido mismo de la vida. Apostar a conocer la realidad pero al mismo tiempo transformarla. Y recuperarlo hoy también implica retomar algunas cuestiones que tal vez no fueron tan exploradas y que en el libro intentamos ahondar.
—¿Como cuáles?
—Por ejemplo la dimensión ecológica. Paulo Freire en sus últimos escritos plantea que la defensa de la vida no puede acotarse a la vida humana, sino que también incluye a la naturaleza. Su libro quizás más conocido de finales de los años 60 es Pedagogía del oprimido y él reconoce que allí no mencionó a una oprimida fundamental que es la naturaleza. Que está siendo contaminada y devastada. La coyuntura de crisis, que la pandemia agudizó, nos plantea una reflexión crítica en donde la educación requiere sí o sí una ecopedagogía o pedagogía de la tierra. Ese es un eje que nos interesaba retomar. Otro es el feminismo. Él reconoce que otra oprimida fueron las mujeres, sobre todo las de los sectores populares. Entonces pensar en una pedagogía feminista, en una despatriarcalización del acto educativo y de la sociedad como una gran escuela a cielo abierto es otro tema relevante.
—En el libro también se menciona un aporte desde Freire ligado a las infancias y el adultocentrismo.
—Ese es otro eje fundamental que nos interesaba, dialogar con un Freire que brinda algunas pistas para una crítica del adultocentrismo. Algo que también está cobrando relevancia en las instancias educativas pero también más allá de ellas. Pienso en lo que implicó la pandemia, el confinamiento, la violencia al interior de las familias y los espacios de reproducción de la vida. Esta mirada es poco explorada en Freire, porque la tradición de la educación popular y de la alfabetización remite a jóvenes y adultos. Pero en muchos libros y conversaciones —a los que llama libros parlantes— rememora su infancia y piensa cómo les niñes filosofan, problematizan el mundo y lo desnaturalizan. Por lo tanto, pensar en una educación no adultista es otra de las claves contemporáneas y en eso Freire tiene mucho que aportar. Al igual que en una crítica al colonialismo, ya no como una fase del capitalismo, sino con una lógica contemporánea, teniendo en cuenta que él participó activamente de los procesos de alfabetización en varios territorios africanos. Por lo tanto, cómo romper la colonialidad no solo con determinadas potencias como Portugal, Inglaterra o Francia, sino pensar en una descolonización intelectual, epistémica. En una reapropiación de la memoria histórica y una recuperación de las raíces. Y en la coyuntura latinoamericana, pensar en los pueblos indígenas, afro, migrantes y en todo el mestizaje de culturas nos parecía un puntal fundamental.
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—¿Qué aportes tiene su mirada en el ámbito escolar, donde la pandemia obligó a revisar prácticas y dinámicas educativas?
—Es fundamental. En general se ha restringido a Freire a la cuestión de la alfabetización y lo cierto es que en realidad lo que nos propone es una concepción del mundo y del acto educativo, no solamente un método de enseñanza. Muchas veces se habla del método Paulo Freire y me gusta pensarlo como una filosofía de la praxis. No solo en términos de conjunto de dinámicas que se pueden aplicar, sino como una perspectiva problematizadora, situada. Otro de los capítulos del libro hace un cruce entre Freire y Rodolfo Kusch para pensar la geocultura. Creo que hoy la educación y la escuela misma están en crisis porque no son ajenos a esta coyuntura de crisis civilizatoria más integral. Por lo tanto repensar lo que Freire llamaba la dialogicidad, una pedagogía de la escucha, de la pregunta, una decodificación de las palabras y del propio mundo es fundamental. En ese plano, algunos de los ejes de los que hablamos tienen que poder ser apropiados, resignificados y transversalizados en el ámbito escolar. Pienso en la pedagogía de la tierra: hoy problematizar la cuestión ecológica y socioambiental es clave. Es cómo construimos una ética en les estudiantes que pueda contemplar al mundo como una gran comunidad. También pensaría el vínculo entre Freire y la necesidad de implementación de la ESI, porque él habla de cómo el cuerpo está habitado por una memoria histórica que remite a formas de violencias múltiples. También el lenguaje inclusivo, Freire trabaja mucho, sobre todo en sus últimos años de vida, la problemática del lenguaje y cómo está habitado por relaciones de poder y dominación. También el diálogo entre saberes, que para Freire no solo era denuncia de injusticias sino un anuncio, una esperanza y una apuesta por la defensa de la vida.