Nacieron en el potrero del mundo. Crecieron en la Cuna de la Bandera. Uno en las barriadas de la zona sur y el otro en las calles profundas de la zona norte. Allí aprendieron a gambetear rivales y obstáculos, a ser felices con la pelota, a gritar golazos imposibles, a soñar en grande. La vida los unió con la camiseta argentina y juntos, casi de la mano, llegaron a conquistar el planeta fútbol, a convertirse en leyendas, a ganar el título más difícil al que se puede aspirar: el del amor incondicional y la admiración de todo un país y hasta del universo futbolero también. Son Lionel Messi (37 años) y Ángel Di María (36), los fenómenos rosarinos que enorgullecen a la ciudad, el 10 identificado con Newell’s y el 11 con Rosario Central, que cuando se unen son dinamita y protagonizan un presente glorioso en la albiceleste. Esta Copa América será la emotiva despedida de Angelito de la selección y Leo seguirá con el legado, pero ya sin su principal compinche. Gracias genios por tanta magia, alegrías y compromiso. Gracias campeones del fútbol y de la vida.
Compañeros de mil batallas, de festejos eternos y también de tristezas durísimas, pero siempre manteniendo en alto las banderas deportivas de la dignidad sin rendirse jamás. Leo y Fideo afrontarán como dupla la última aventura con Argentina en la Copa América de Estados Unidos que comienza hoy frente a Canadá. Será el último baile de ambos con la camiseta que pusieron en lo más alto del mundo, haciendo que la ciudad de Rosario resuene con orgullo en todo el planeta.
Es que el sello de calidad Messi y Di María; o Di María y Messi, es la foto excluyente de la selección de los últimos 15 años. Sin duda, por logros y recorrido integran la dupla más importante que dio la historia de la albiceleste, sin entrar en comparaciones estériles con otros jugadores fabulosos que también tuvo Argentina.
Leo y Fideo marcaron un camino fantástico. Fiel a sus orígenes se convirtieron en los abanderados de la selección y ganaron juntos los máximos títulos a nivel mundial, no sin sobrellevar críticas tremendas y fuertes decepciones luciendo la albiceleste. Las lágrimas de las derrotas los fortalecieron y siguieron adelante.
La leyenda comenzó cuando juntos descubrieron “oro” en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Luego compartieron los últimos cuatro Mundiales: Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022, donde allí unidos alzaron la copa y dieron la vuelta olímpica tras la infartante final ante Francia.
Pero hubo mucho más, los rosarinos dorados compartieron plantel en cinco copas América: Argentina 2011, Chile 2015, Estados Unidos 2016 y Brasil 2019 y 2021, está última con festejo y título ante el local en el mismísimo Maracaná y con golazo de Angelito. Y de yapa ganaron la Finalissima 2022, en Londres ante Italia, en el duelo de campeones de Sudamérica y Europa.
Ahora los rosarinos están listos para la última gala juntos, en lo que será el final de un dúo dinámico sensacional, la postal definitiva de una trayectoria compartida fabulosa y que será muy difícil de superar en logros y talento para las nuevas generaciones en el devenir de la selección.
Di María ya avisó que en esta Copa América se termina su camino con la albiceleste y merecidamente lo hará con el afecto de los hinchas en su corazón, ese mismo que dibuja con sus manos cada vez que grita un gol.
Como animal competitivo que es, Fideo buscará ponerle el moño a esta etapa con otro título en su haber, aunque se sabe que será muy difícil y que ningún traspié en esta copa cambiará en lo más mínimo su extensa y gloriosa foja de servicio en la selección. Y Leo querrá también que el cierre del dueto tenga música de gloria en la última canción compartida.
Los dos disfrutarán este torneo como nunca, ya sin la mochila que les martirizaba la espalda en un tiempo no tan lejano. Y tratarán de hacer lo mismo que allá lejos cuando eran niños y gambeteaban con una sonrisa en los potreros rosarinos, con las medias bajas, las zapatillas gastadas y la pelota deshilachada: querrán ser felices, para qué más.
Un aplauso de pie y lágrimas de emoción y gratitud por el último baile en tándem de los rosarinos de oro: Messi y Di María.