El Congreso nacional cambia sus elencos; ya lo concretó Diputados, y hoy jueves, se renueva un tercio de la Cámara alta. El oficialismo mantuvo la primera minoría en ambas Cámaras, pero quedó más lejos del quorum en Diputados, y dos bancas abajo del número mágico de 37 en el Senado, el que abre la sesión. La oposición, que ganó el 14 de noviembre por dos millones de votos, sin embargo, quedó debajo de su expectativa: no resolvió a su favor de manera categórica el 2023 luego de la gran “oportunidad” que le presentó el malestar social por estrago de la pandemia. Y sorpresivamente, profundiza su fragmentación. Sobre todo, en Diputados, donde el interbloque Juntos por el Cambio (JxC) pasará de su integración originaria de tres bloques – PRO, UCR y CC-, a siete. Entre las fracciones más ruidosas de los últimos días, se destaca un sub bloque de la UCR (Evolución Radical), orientada por el senador porteño Martín Lousteau, que presidirá el diputado Rodrigo de Loredo.
Sin quorum propio para el oficialismo (tampoco la oposición), y en medio de un clima creciente de radicalización opositora contra las iniciativas de la Casa Rosada, el Congreso se encamina al empantanamiento, un empate permanente. Con excepción de algunos temas puntuales: tal vez el Presupuesto 2022, que se encuentra demorado y que comenzará a discutirse la semana próxima con la presencia del ministro Martín Guzmán, encuentre algún resquicio de acuerdo al menos con bloques pequeños, y consiga superar la línea de votación de los 129. Y quede aprobado.
Y luego la gran incógnita sobre el acuerdo con el Fondo Monetario, que de manera novedosa se ventilará en los recintos, se presume, durante el verano. Al día de hoy, el Frente de Todos (FdT), necesita, por etapas, primero discutir y conseguir un acuerdo al interior de su bloque respecto del acuerdo que se vaya a firmar (no se conoce aún), y recién luego ponerlo a consideración de las fuerzas opositoras. Que aun fragmentadas, permanecen bajo el gran paraguas de la marca electoral amarilla, JxC, con que consiguieron los 9,8 millones de votos en noviembre, casi 42 por ciento. Un número que entusiasma a muchos, pero que a la vez no es seguro que pueden conducirse unidos bajo un mismo candidato presidencial en 2023.
El divisionismo transitorio de la oposición, más vinculado a la falta de un liderazgo claro (¿Macri se retiró o no?, ¿Larreta hereda los votos de Macri, por caso, de 2015?) que a la falta de coincidencia en una cultura política y económica adversa al peronismo en general, y al kirchnerismo en particular, por ahora le da aire el oficialismo que disfruta un momento muy distinto a los días posteriores a la elección Paso. El peronismo seguirá en debate, con distintas miradas internas, pero se ordenó, normalizó la relación del matrimonio presidencial, y recupera la movilización popular.
En el FdT ya asumieron que desde los muros del Palacio (Legislativo) hacia adentro, no podrán dar grandes golpes políticos para cambiar de manera radical el destino sufriente de las grandes mayorías, que a pesar del crecimiento de la economía no ven los frutos en la ecuación ingresos y precios. Por eso la “nueva” política que ensaye el FdT necesariamente partirá de la Casa Rosada, con el aval de la calle, para desde ahí intentar permear por los siempre porosos muros del Palacio. “Los números para votar leyes de fondo nunca están, ni ahora ni antes, se construyen con la gente en la calle, la opinión pública”, auguran desde el ala kirchnerista del FdT.
El acto de mañana 10 de diciembre, en la Plaza de Mayo, con Alberto Fernández, Cristina Kirchner, el visitante Lula Da Silva, se inscribe en esa batalla cultural y narrativa: el movimiento nacional popular, la izquierda democrática latinoamericana, no cedió ante el embate por el sentido de las derechas. Y aun ganando y perdiendo, da la pelea política y electoral.
La movilización, segunda del peronismo kirchnerista en menos de un mes, incomoda a JxC: ya quedan muy atrás los tiempos de la pandemia, donde un sector de la oposición “ganó la calle”, desafiando el confinamiento, la política de vacunación, todo ante la parálisis obligada de su contrincante político.
Un Congreso empantanado, producto de un probable desacuerdo que persista en el contexto de mayor paridad de fuerzas, de todos modos, le permitiría al oficialismo avanzar con medidas “productivistas”, desarrollistas, a las que en general ningún sector ideológico suele oponerse. Es parte natural de toda agenda parlamentaria. Sin embargo, la pregunta que resuena con fuerza al interior del FdT es si con un programa “productivista”, que podría tener acompañamiento de sectores de la oposición, le alcanza al peronismo para recomponer su vínculo electoral perdido con los casi cinco millones de argentinos que dejaron de votar (de 12,9 a 8) al FdT entre el 2019 y 2021. “El país puede crecer mucho, pero podría ocurrir que sea con salarios de pobreza. Si sucede así, perdemos en 2023, y eso no puede pasar”, es la pregunta que angustia en el peronismo kirchnerista, y que todavía no tiene la respuesta esperada.
Jura en el Senado
Mientras tanto, en el Senado de nación, JxC santafesino finalmente consolidará a partir de hoy su mayoría electoral, y por primera vez colocará a los dos miembros triunfantes de esa alianza, Verónica Losada y Dionisio Scarpin, como la fuerza mayoritaria de la bota santafesina en el Senado. Marcelo Lewandowski, tomará juramento por la minoría, el peronismo. La consolidación de la fuerza amarilla en Santa Fe, principalmente a costa de la caída del frente que condujo el socialismo y que gobernó Santa Fe por 12 años, habla de una reconfiguración permanente del escenario electoral, y no sólo en Santa Fe. Las posiciones moderadas, “provincialistas”, ya sean por dentro o fuera de los grandes partidos ya no interpelan a los grandes electorados. Para bien o para mal, la argentina –y el continente- se polariza entre visiones antagónicas.