Los dos nacieron en el mismo hospital: el Italiano. Uno se crió en Perdriel 2066, en la zona norte enfundando con los colores de Central. El otro vivió en Estado de Israel 525, en el sur de la ciudad envuelto con el manto de Newell’s. Ángel Di María y Lionel Messi no necesitan un intérprete. Tienen la misma mirada de lo que desean. Comulgan el mismo idioma en cancha. Ambos son tan zurdos como bien argentinos. Cuentan con varios mundiales sobre sus espaldas. En Qatar están tratando de quedar en el bronce eterno. En el estadio Lusail brillaron en una noche donde las arenas del desierto se escurrieron por los pies de los dos rosarinos mas famosos de la modernidad. Fideo y la Pulga se fusionaron cuando todos los pronósticos eran reservados y la tendencia era bastante negativa. Sin embargo, frotaron la lámpara de la creatividad y lograron quebrar la resistencia mexicana. La performance del ex canalla fue destacada, pese a que aún no está en su plenitud.
Fue el “Ángel de la guarda”. El jugador que generó destellos breves pero contundentes. Di María fue uno de los pocos embajadores que siempre tuvo en claro cuál era el rol que debía cumplir la selección nacional ante un defensivo y cauteloso equipo mexicano dirigido por Gerardo Martino.
Fideo trató de ir siempre al frente. De ser incisivo. Punzante y determinante. Tenía en claro que no podía flaquear. El primer tiempo colectivo no fue el deseado. Sin embargo, el seleccionado generó una chance. Y tuvo a Di María como protagonista de una acción que también involucró a Messi. El jugador surgido de El Torito y catapultado al profesionalismo en Central lanzó un buen centro para Lautaro Martínez, quien logró cabecear pero la pelota se fue arriba del travesaño.
En la etapa final se enchufó más y dejó un surco por el carril derecho. Su jerarquía se exhibía con enjundia en un partido donde muchas piernas parecían doblarse como alambre. Pero el volante ofensivo no se apichonó. Y en un instante de furia hizo estremecer los corazones albicelestes.
A los 64’ encaró y elaboró una especie de pared rápida con Messi, quien sacó un misil que terminó quebrando la resistencia que impuso México. Golazo y a festejar, mientras ese flaquito que iba con su madre a entrenar a la ciudad deportiva con la bicicleta “Graciela” corría para fundirse en un fuerte abrazo con el otro rosarino más famoso de la modernidad. Se miraron, sonrieron y se despegaron llenos de felicidad para continuar el partido.
Cuando iban 68’, Fideo salió para darle lugar a Cristian Romero. Había que reforzar la retaguardia y modificar el sistema táctico. Luego llegó el 2 a 0 facturado por Enzo Fernández y el final se tornó más esperanzador para todos. Incluso el propio Di María confesó con emoción tras el encuentro que “pudimos darle una alegría a la gente, a nosotros, a nuestras familias. Seguimos luchando, como siempre, intentando dar todo. Por suerte se dio y es una tranquilidad para todos”.
Luego remarcó. “El primer partido no se dio como esperábamos. Pienso que hoy hicimos un gran partido contra un gran rival. Sabíamos que no iba a ser fácil, que no íbamos a ganar por muchos goles”.
“Estamos acá, seguimos peleando. Siempre intentamos dar todo. Es una tranquilidad para todos. Hicimos un gran partido. Se dio espectacular”, cerró un Ángel tan claro como punzante tras haber brindado un gran show.