A un día de la asunción de Hermes Binner como nuevo jefe de la Casa Gris de
Santa Fe, jalonado en la foto por sonrientes hombres clave del núcleo kirchnerista (como el jefe de
Gabinete, Alberto Fernández; el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el jefe del bloque en
Diputados, Agustín Rossi), la nueva jefa del bloque socialista, Silvia Augsburger, se mostró con
Patricia Bullrich y, entre otros, el diputado Adrián Pérez —a cargo del bloque Coalición
Cívica— principales fogoneros del último armado electoral de Elisa Carrió, con que alcanzó
más de 4 millones de votos el pasado 28 de octubre.
Lilitos y socialistas que responden a Rubén Giustiniani
anunciaron la constitución de un interbloque tanto en Diputados como en Senadores. A último
momento, el senador rosarino faltó a la cita "porque se estaba votando la emergencia económica en
el Senado", explicaron. El acto se inscribe en la dimensión de gesto político, y busca reafirmar la
lealtad hacia la jefa de la Coalición Cívica, aunque no traerá ninguna consecuencia práctica en el
funcionamiento de ambas Cámaras. El interbloque como tal no constituye una nueva entidad
jurídica.
De este modo, Giustiniani le concedió a Carrió lo que 10
legisladores de su propio ex partido, el ARI, le quitaron. Ocho diputados, incluida la rosarina
Verónica Benas, y dos senadores constituyeron el ARI Autónomo, un espacio que no aceptó acompañar
el espectacular viraje político de Carrió en los últimos tiempos.
Diferentes proyectos. La diferencias internas en el PS, y también el ARI, son
políticas, de proyectos estratégicos, más que de matices o estilos. Por un lado, Hermes Binner,
líder natural del socialismo, inauguró un paso histórico en una provincia clave, Santa Fe, y por el
otro, Rubén Giustiniani, presidente del partido hasta abril próximo, controla un sector mayoritario
del comité ejecutivo del PS. Además, también dan batalla los socialistas del distrito provincia de
Buenos Aires, cada día más involucrados en el proyecto político kirchnerista, y referenciados en el
vicejefe de Gabinete —y también diputado electo— Jorge Rivas, que a estas horas se
recupera de gravísimas lesiones que sufrió en ocasión de un robo, y ahora se encuentra alojado en
la clínica Fleni de Escobar.
Se trata de otra etapa de una ya vieja y soterrada confrontación interna
en el Partido Socialista. El senador, y presidente del partido hasta abril próximo, temeroso de su
propio opacamiento ante el espectacular crecimiento político de Binner a partir del triunfo en
Santa Fe, firmó la integración del PS a una alianza controlada por dirigentes como Patricia
Bullrich, jefa de campaña electoral, o Alfonso Prat Gay, candidateado a presidente para 2011 por la
propia Elisa Carrió.
"Estos son los peores de todos", suele confesar en la
intimidad el rosarino y por ahora presidente del PS, cuando se refiere a la pareja presidencial,
tratando de justificar la integración del PS en la CC. "Resulta patético el gorilismo tardío de la
Coalición Cívica, es como la vuelta a la Unión Democrática del ’46, sólo que ahora regresa
como farsa", contesta el sector socialista de la provincia de Buenos Aires que fue prácticamente
empujado, un paso más, hacia fuera del partido, en la última reunión de comité ejecutivo el pasado
sábado.
Un momento difícil. Luego de tomar el bastón de mando santafesino, Hermes Binner
fue explícito con algunos colegas de su partido enfrentados con Giustiniani que viajaron
especialmente a Santa Fe para el acto de asunción: "Estamos pasando un momento difícil, están
llevando una política equivocada —por Giustiniani y su sector—, pero hay que esperar,
no romper por ahora", aconsejó, fiel a su estilo. Entre marzo y abril próximos, el PS elegirá por
voto directo de los afiliados a la nueva conducción partidaria. Los socialistas K se ilusionan con
que el propio Binner asuma la presidencia, una candidatura que nadie se atrevería a discutir. Sin
embargo, el gobernador de Santa Fe no se comprará ese problema, justo cuando tiene la oportunidad
de mostrar gestión provincial.
Giustiniani, como lo hizo en la semana posterior al
histórico triunfo del 2 de septiembre, se abraza en estos días —luego de la asunción de
Binner— a Carrió. Trata de colocar peso de su lado en el sube y baja del socialismo para
evitar que el ahora gobernador aparezca nítido en las alturas, y para colmo en total armonía con la
odiada pareja presidencial. l