Curtido durante dos décadas y media en la jungla del sistema de salud, el médico Miguel Rabbia incursiona desde ayer en otro terreno pantanoso: el Senado provincial. El hasta ahora secretario de Coordinación de Salud del Área Metropolitana de Rosario reemplazó a Marcelo Lewandowski, que juró la semana pasada como senador nacional, y completará el mandato que el periodista deportivo tenía hasta 2023. Con habilidades anfibias para moverse entre el mundo público y el privado, sus recetas no siempre fueron bien recibidas.
En el entorno de Lewandowski aseguran que Rabbia combina lo mejor de los dos mundos: la eficiencia de los privados y el conocimiento de los laberintos del Estado. “Tiene mucha experiencia en gestión y es un tipo práctico”, definen.
Formado en la Universidad Nacional de Rosario y especializado en medicina familiar y en sistemas de salud, Rabbia empezó en 1997 su carrera profesional como médico privado, auditor de obras sociales y coordinador de redes prestacionales en salud.
En ese trayecto, trabajó para el Suteryh, Camioneros, la obra social de Empleados de Comercio (Osecac) y el empresario rafaelino Carlos Tita, que puso un pie en Rosario y busca expandirse.
También fue jefe de la Zona VIII de Salud entre 2004 y 2007, durante el segundo gobierno de Jorge Obeid. En los largos doce años de caminata peronista por el desierto, Rabbia se vinculó con legisladores justicialistas, entre ellos Roberto Mirabella, mano derecha del gobernador Omar Perotti.
Rabbia juró ayer como senador ante la presidenta de la Cámara alta, Alejandra Rodenas
Contraindicaciones
En ciertos ámbitos, el pragmatismo de Rabbia no dejó el mejor recuerdo. Por ejemplo, profesionales de Osecac lo señalan como el brazo ejecutor de un plan que dejó a los médicos en una situación todavía más precaria.
Una persona que conoce bien tanto el paño de la salud pública como el sistema privado tiene bien fresco otro episodio: al comienzo de la administración de Omar Perotti, Rabbia fue el encargado de renegociar los fondos que entrega la provincia a las intendencias por la atención de pacientes de alta complejidad en efectores municipales, por el que el año pasado Rosario recibió más de 4 mil millones de pesos.
Ese mecanismo, basado en un decreto y que funcionaba de manera aceitada cuando la provincia y la municipalidad tenían el mismo signo político, se trabó con el regreso del peronismo al poder: Rabbia propuso cambiar una partida fija del presupuesto por un pago por prestación. Eso, explica una persona que conoce a fondo ambos sistemas de salud, generaría que todo el trámite sea más engorroso: por cada práctica habría que hacer una auditoría.
“Rabbia amenazó con retener fondos, después corrieron el interlocutor”, dijo un directivo de un efector de salud que siguió de cerca las negociaciones entre ambos niveles de gobierno.
Rabbia y el secretario de Salud de Rosario, Leonardo Caruana. Foto: Héctor Río / La Capital
En el entorno de Lewandowski indican que el nuevo senador provincial es crítico del modelo de gestión en salud que edificó el socialismo. El eslogan sería “menos marketing y más atención integral”.
Al igual que Lewandowski, Rabbia integra Encuentro por Santa Fe, el espacio referenciado en María Eugenia Bielsa, y se autopercibe peronista, pero no perottista.
La relación política entre ambos es tan estrecha que una parte del equipo del ex comentarista de Fútbol para Todos se mudará a Buenos Aires pero otro grupo se quedará trabajando con Rabbia en la provincia.
Luego de jurar en el Senado, Rabbia planteó que su trabajo se centrará en en la salud y adelantó que con el bloque Lealtad ya están trabajando en proyectos de ley sobre el tema que presentarán en el comienzo del próximo año legislativo.
Incluso entre quienes están parados en la vereda opuesta le reconocen a Rabbia capacidad de lobby para articular intereses y mantenerse en la cima de esos espacios de poder. Se verá si el médico puede desplegar esa habilidad en una Cámara dominada por una mayoría de viejos caciques territoriales que juegan de memoria entre ellos y con los que la Casa Gris tiene una relación que sigue en estado crítico y no muestra señales de recuperación.