La Casa Rosada tuvo un impulso, tal vez un arrebato, allá por el 26 de enero cuando Alberto Fernández firmó la convocatoria a sesiones extraordinarias en el Congreso con un pretencioso temario que incluye 18 temas. La idea era no parar la rueda de producción de leyes tan necesarias, justo a la salida de la pandemia y en un año crucial para la recuperación argentina. Pero enero se fue en silencio y con las luces apagadas en el Palacio, y febrero, ya con el decreto de llamado a extraordinarias vigente, todo indica, correrá una suerte parecida.
Luego de la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque del Frente de Todos (FdT) en Diputados, y su sustitución por el rosarino Germán Martínez, el debate por los alcances precisos del acuerdo con el FMI, y su consecuencia política al interior del frente gobernante, pasaron a dominar el escenario político de manera excluyente. Y ninguna otra iniciativa parece prosperar hasta tanto no se resuelve el memorándum con el FMI.
“Lo único que suena para las dos semanas que restan del mes sería la definición de algunas comisiones clave”, confió una fuente del oficialismo en el Senado a LaCapital. La única preocupación concreta del FdT en la Cámara alta, a esta hora, será garantizar el control de las comisiones más determinantes, colocando sus presidentes, ya sea con propios, o con aliados. Se sabe, la relación numérica del frente gobernante se modificó, abruptamente, y a la baja, luego de las elecciones de noviembre de 2021. Respecto de la puesta en marcha del Congreso con un temario amplio y extendido, en el Senado todavía cunde cierta sorpresa: “si el gobierno llama para tratar en febrero semejante temario, se supone que previamente habló con los senadores, propios y extraños. Lo curioso es que en esta oportunidad se mandaron con el decreto, pero no arreglaron previamente con nadie. Los resultados están a la vista”, abundó la misma fuente.
El clima en Diputados, respecto de la puesta en marcha de la extraordinarias, va en igual sintonía: no se mueve casi nada. La reforma del Consejo de la Magistratura – tema político y crucial para el gobierno-, como la promoción de la Electromovilidad, de Promoción de inversiones en la Industria Automotriz, y, entre otros, el Régimen de Fomento al Desarrollo Agroindustrial Federal, conservan pocas o nulas chances de abordarse durante febrero. Ya durante los dos últimos veranos el gobierno Alberto se jugó con una agenda nutrida para enero y sobre todo febrero, y la cumplió apenas, parcialmente. Este año, ese porcentaje, empeora.
Mientras desde la presidencia de la Cámara de Diputados, Sergio Massa muestra agenda junto al Consejo Agroindustrial Argentino y al ministro Julián Domínguez, en el impulso del proyecto de Ley de “Régimen de Fomento al Desarrollo Agroindustrial Federal, Inclusivo, Sustentable y Exportador”, y evita transitar sobre la crisis política del bloque oficialista, el nuevo titular de la primera minoría de 118 miembros, Martínez, ya habla de pelear “voto a voto” el apoyo de los diputados oficialistas a un proyecto de ley al que aún no se le conocen los detalles. Y que llevará al menos dos semanas más de elaboración.
Alberto Fernández, a la vuelta de su viaje por Rusia y China, se metió con fuerza a empujar a la oposición para conseguir que acompañe el memorándum en el Congreso. Contar los votos, antes de conocer los detalles, podría conducir a un estado de confusión, y debate en el vacío.
Las relaciones de la Casa Rosada con el Parlamento transitan una zona de pausa, e incertidumbre. Y no sólo por la crisis de que desató la renuncia de Máximo Kirchner. En el Senado, por caso, ni el titular del bloque del FdT, José Mayans, ni mucho menos Cristina Kirchner, se manifestaron respecto del preacuerdo que anunció Alberto Fernández con el FMI. “Si no se expresan los senadores, ni Cristina, es porque el tema está abierto. No quiere decir que se esté gestando una rebelión, quiere decir que el tema no ha sido tratado y que no hay posición tomada”, abundó una fuente que estudia en detalle los movimientos del peronista formoseño.
La tensión política se encamina entonces al 1ro de marzo, cuando el presidente vuelva al Congreso para la apertura de las sesiones ordinarias, coincidente con publicación en detalle del esperado memorándum. Febrero, entonces, y la intención de adelantar el debate en extraordinarias, quedaría en mero intento.