En La Hormigonera, una organización social del barrio Ludueña ubicada en Humberto Primo al 2200, los lunes se abren sus puertas para distintas actividades. El grupo de mujeres lleva adelante el taller de gastronomía, mientras que en otro momento funciona la escuela de taekwondo. Pero este lunes, el último de mayo y cuando el frío parece haber llegado de manera definitiva, los integrantes de este movimiento barrial pusieron una pausa en su agenda habitual. Tuvieron que ocuparse de organizar el velorio de Hugo Guantay, para ellos Huguito, un pibe de 18 años que formaba parte de este espacio de militancia y que el domingo por la tarde fue asesinado a balazos en un hecho en el que también resultó herido otro joven.
La información brindada por la policía indica que cerca de las 18.30 del domingo Hugo y su amigo Alan C., de 19 años, caminaban por la zona de Camilo Aldao entre Humberto Primo y pasaje Rafaela cuando fueron atacados a balazos. Según testigos a los chicos se les fue encima una Renault Kangoo gris en la que iban unos tipos armados. Hugo murió en el lugar mientras que su amigo pudo sobrevivir. Lo llevaron de urgencia al Hospital Alberdi, desde donde lo trasladaron al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (Heca). Tiene varias heridas de arma de fuego, una de ellas en la cabeza, y su estado es delicado. La investigación quedó a cargo de la fiscal Gisela Paolicelli.
Los vecinos de esa zona de Ludueña aportaron más datos. Cuando ocurrió el ataque había, a unos treinta metros, cuatro gendarmes que suelen custodiar la zona a pie. No pudieron hacer nada porque la desventaja fue total. Los homicidas huyeron a toda velocidad en su vehículo y los gendarmes apenas pudieron acercarse a ver la consecuencia de los disparos: un pibe muerto y otro agonizando.
Minutos después cayó la noche y dejó el lugar a oscuras, delatando así la falta de alumbrado público en la zona. Los vecinos que dialogaron con La Capital difundieron imágenes de los momentos posteriores al crimen: una oscuridad densa en la que el cuerpo de los agentes de Gendarmería es lo único que resalta. Aseguran que después del hecho llegaron al lugar varias decenas de efectivos de la fuerza federal, pero que así también se fueron después de custodiar la zona. Es que, además de los policías que comúnmente llevan a cabo las pericias de rigor, en el lugar estuvo el secretario de Seguridad de la provincia, Claudio Brilloni.
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En pocos minutos, cuando funcionarios y medios televisivos se fueron del lugar, el barrio volvió a ser esa especie de desierto apenas custodiado por gendarmes a pie que horas antes había sido el escenario adecuado para el asesinato de Hugo. Desde La Hormigonera, lugar de militancia que el pibe frecuentaba, este lunes —entre la angustia y la impotencia— tramitaban los papeles para el velorio del chico mientras aguardaban novedades sobre el estado de salud de Alan.
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Militancia
Ese rol ocupa hoy una organización que se conformó en mayo de 2020 cuando en el barrio habían empezado a aparecer las consecuencias sociales de la pandemia de Covid-19: muchas familias sin laburo y sin comida para poner en la mesa. Entonces, a pesar de los riesgos sanitarios y de violar el aislamiento, se realizaban ollas populares casi a diario para repartir comida entre los vecinos. Con el tiempo La Hormigonera mutó a un espacio de talleres y contención con actividades recreativas.
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Así se vincularon Hugo y Alan, a quienes los referentes vieron crecer en esas calles de Ludueña. Hugo fue uno de los primeros jóvenes en formar parte de la organización. Con el tiempo participó de "Pibes improvisando presente", que trabaja en la formación de grupalidad barrial, y después pasó a integrar un taller en la capilla Santa Rita, ubicada sobre calle Puelche, a pocos metros de donde lo mataron y donde lo velaron.
Ya en febrero pasado desde la organización habían atravesado las consecuencias directas de la violencia que se vive en el barrio. Fue cuando balearon a Samir (8 años) y Axel (16 años), que también integran el grupo, y realizaron una campaña para juntar fondos y mejorar las condiciones de la vivienda del más chiquito, que había sido perforada a balazos.
Barrio castigado
El crimen de Hugo ocurrió a metros de la Escuela Luisa Mora de Olguín, conocida en el barrio como la escuela del padre Edgardo Montaldo. Con solo apenas revisar los archivos periodísticos surgen los testimonios de aquel cura tercermundista, fallecido en 2016, que desde comienzos de la década del 2000 advertía sobre el crecimiento de la violencia en Ludueña. Hoy, frente a la institución y a metros de donde mataron a Hugo, hay un mural con varias leyendas y una muy gráfica, tan utópica: "Ni una bala más, ni un pibe menos".
En ese barrio luego del asesinato de la militante social Mercedes Delgado, en enero de 2013, el Estado provincial se vio obligado a poner en marcha el programa Nueva Oportunidad que para entonces apenas estaba proyectándose, para lo cual necesitó vincularse con los movimientos sociales que tenían trato diario con los jóvenes. Hace años que en ese marco las organizaciones de barrio Ludueña, así también de otras zonas de la ciudad, tambalean entre la agenda propia —que propone actividades y busca un horizonte digno en la vida de los pibes y vecinos del barrio— y la que impone la realidad, que en esos sectores de la ciudad suele ser despiadada. No solo por la violencia callejera y los entramados del narcomenudeo, sino también por la situación económica que suele complicarse mucho más en tiempos de crisis.
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Ese es el marco en el cual transcurren los episodios violentos que en los últimos meses se dan en Ludueña con mucha frecuencia. El contexto actual, según fuentes policiales y vecinos del barrio, es una disputa —relacionada al narcomenudeo— que sostienen dos grupos. Uno es el de Fran Riquelme, preso en Coronda por la balacera contra una testigo en el juicio contra el narco Esteban Alvarado. El otro es el de Mauro Gerez, quien cayó detenido la semana pasada por una causa por extorsiones y balaceras.
Riquelme y Gerez, según fuentes de distintas investigaciones, responderían a Alvarado y Los Monos respectivamente. Así se explicaría, en líneas generales, una bronca que repercute de manera atroz en las calles de los barrios Ludueña, Empalme Graneros y Larrea. De los 118 homicidios que se registran en lo que va del año en el departamento Rosario, 27 ocurrieron en estos tres barrios.
Sobre el crimen de Hugo los vecinos dicen que no hay "ni siquiera rumores de por donde puede venir". Aseguran que ninguna de las dos víctimas tenía algún problema directo, aunque sugieren ya no es un argumento válido. Que hay zonas del barrio, así como de la ciudad, en las que implica un peligro tácito caminar calles o pasillos en los que dejar un muerto a balazos es todo un mensaje.