Tres delincuentes fueron detenidos ayer a la tarde cuando intentaron cometer un
asalto en una distribuidora de ladrillos de barrio Belgrano. Primero se hicieron pasar por
clientes, pero segundos después arremetieron contra la dueña y cuatro empleados del local. El golpe
aún no les reportaba un jugoso botín cuando la policía, alertada por un vecino que se comunicó con
el 911, llegó al lugar. Uno de los hampones intentó escapar y para cubrirse abrió fuego sobre los
uniformados. En el intercambio de disparos recibió un plomo que lo dejó herido en una pierna.
Uno de los delincuentes apresados, que tiene 29 años, había estado detenido como
sospechoso en el asalto a una concesionaria de autos en el que fue asesinado en abril de este año
el agente policial Leonardo Caro (ver aparte).
El atraco y posterior tiroteo ocurrió cerca de las 14.40 de ayer en un corralón
y ladrillera ubicado en White 7478, a unos 50 metros al sur del cruce de Circunvalación y Mendoza.
"Rosario Chacabuco" es la denominación del emprendimiento. Se trata de un predio que cuenta con un
playón grande para el ingreso de camiones y que sobre su lateral derecho posee un galponcito o
taller y otra edificación donde funciona la administración.
En ese momento se encontraban en el lugar Raquel Arroyo, dueña del negocio junto
a su hijo, y cuatro empleados. Todos estaban en el taller cuando aparecieron por el lugar tres
muchachos que dijeron tener interés en comprar 100 ladrillos, según contó a este diario la misma
Arroyo.
"Algo me llamó la atención, pero no me dieron tiempo a nada. Uno de ellos me
quería pagar los ladrillos en el acto, como que quería ir a la oficina directamente. Yo le dije que
no era necesario, que me pagara cuando tuviera la mercadería. Entonces salieron y dijeron que
volverían en otro momento", recordó la mujer cuando el procedimiento policial ya había
concluido.
Uno de los falsos compradores vestía una camiseta de Rosario Central y otro una
remera de color rojo, según la descripción de los testigos. A simple vista lucían ropa liviana y en
ningún momento se pudo ver que alguno de ellos llevara escondida una escopeta de caño recortado u
otra arma.
A toda acción. Pero todo era una farsa. El trío regresó rápidamente, esta vez
con armas. Una escopeta calibre 16, un revólver calibre 22 y una pistola Bersa de igual porte. "Nos
hicieron tirar al piso. A los muchachos los ataron con alambres y a uno de ellos le pegaron dos
culatazos en la cabeza y empezaron a pedir la plata. Les dije que no había nada, pero insistían. Me
preguntaron por el dueño, contesté que no estaba. Entonces les dije que les iba a dar todo lo de
valor que tenía", recordó Raquel.
De esa forma la mujer llevó a uno de los ladrones hasta la oficinita contigua al
taller. Los otros dos se quedaron con los empleados, que estaban controlados y maniatados en el
piso. En la administración la mujer entregó poco más de mil pesos, pero eso pareció no conformar al
delincuente. "¿Vos me estás cargando?", le espetó. Después, el hombre comenzó a revolver todo a su
paso y guardó lo que podía en una mochila. Luego le advirtió a Raquel que la llevaría hasta su casa
en busca de más dinero.
"¿Quién es el dueño? ¿Vos dónde vivís? Ahora nos vas a llevar a tu casa para
darnos toda la guita y ojo con lo que hacés", escuchó Raquel. Ante este diario, la propietaria del
comercio admitió que se había resignado a ir a su casa y que el ladrón estaba tan sacado que hasta
se llevó una tabla de surf de su hijo que estaba en el local.
Lo que nadie tuvo en cuenta hasta ese momento fue que un vecino advirtió la
extraña movida que ocurría en el corralón y se comunicó con el 911. Los primeros en llegar fueron
dos agentes de la subcomisaría 22ª y enseguida una patrulla del Comando Radioeléctrico. "Cuando
salía con el ladrón para dirigirme hacia mi auto vi que llegaba el móvil de la policía", contó
Raquel, quien revivió la primera reacción del asaltante. "Hijos de puta, nos agarraron", gritó. La
mujer reaccionó: retrocedió un paso y se encerró en la oficina.
Furia contra una puerta. El ladrón se vio solo, del lado de afuera, y descargó
su furia contra la puerta. "Hija de puta abrí", gritó mientras sacudía a puntapiés la abertura. Los
uniformados avanzaron y el hampón corrió hacia el interior del predio, entre unos camiones que
estaban estacionados. "Los policías le impartieron la voz de alto, pero lejos de acatarla el sujeto
agredió con su arma a los agentes, quienes repelieron el ataque y lo hirieron en una pierna. Así lo
apresaron", consignó un vocero.
Los otros dos asaltantes fueron capturados en el interior del galpón. Uno de
ellos intentó hacerse pasar como empleado de la firma, pero resultó que era el único que no estaba
atado. Al otro lo encontraron escondido en el mismo lugar. La policía secuestró una pistola Bersa
22, un revólver 22 y una escopeta recortada.
Los ladrones fueron identificados como Sergio Damián Vallejos, de 29 años; Juan
Manuel Junco, de 29; y Carlos Miguel Cáceres, de 23, quien resultó herido. Los dos primeros tienen
domicilio en el Fonavi de Seguí al 6300 y Cáceres en Barra al 1100 bis, en Empalme Graneros.
Los restos de la arquitecta y catequista Renata Toscano, asesinada el lunes
cuando quisieron robarle el auto frente a su casa de Wilde, fueron inhumados ayer, tras lo cual 500
vecinos reclamaron el esclarecimiento del crimen frente a la comisaría de esa localidad.