Mauro Augusto Villamil tenía 36 años. Trabajaba desde hacía 17 años como playero en una estación de servicios del marcocentro y para apuntalar un buen sueldo, cuando terminaba su turno se subía a manejar un taxi. Incluso supo tener en su casa un quiosco y granjita. Una radiografía del laburante medio rosarino que le quita horas de descanso a su vida para sumar una moneda que le permita llegar a fin de mes con el salario. En ese marco de lucha, hace poco menos de un mes había formalizado con un casamiento la relación que tenía con la madre de sus tres hijos. Pero la vida no es justa ni nada que se le aproxime. El miércoles a las 18.53 Villamil se estaba yendo de la verdulería de Corrientes y Gutiérrez con las bolsas de verduras que le faltaban para hacer la ensalada que acompañaría el asado que iba a comer con sus amigos. En ese mismo momento el negocio fue blanco de un demencial ataque a tiros con tinte mafioso. Al menos un hombre con una pistola ametralladora efectuó más de 30 disparos. En un parpadeo, Villamil estaba muerto y dos empleadas de la verdulería resultaron heridas, una de ellas con un disparo en la cadera.
Minutos después de las 19, los amigos de Mauro Villamil se dieron cuenta que algo no andaba bien. Es que la idea del miércoles a la noche era comer un asado que había quedado postergado del fin de semana. Villamil, que tenía franco en la estación de servicios de 27 de Febrero y Corrientes, era el encargado de las compras. Pasaría por la verdulería ubicada a dos cuadras de su casa y luego en su Renault Logan iba a pasar a buscar a un compañero para recalar en la casa donde se realizaría la comida. Pero todo quedó en modo potencial. “Pasamos de cagarnos de risa esperando que llegara, a llorarlo esperando poder velarlo”, explicó ayer uno de sus amigos. Pasadas las 20 del miércoles, las pantallas de los noticieros de la tele se inundaron con carteles de “urgente” y “último momento” dando la noticia de un “nuevo homicidio en Rosario”. Ese ultimo momento dejó en la nada el asado de los amigos. Era el asesinato de Villamil.
El día después de esa muerte injusta, en el barrio Tiro Suizo todo fue consternación. Sobre la vereda y el pavimento frente a la verdulería quedaron 35 círculos con tiza, evidencia de la bestialidad con la que actuó el tiratiros que puso su mira en el comerció “La vieja esquina”. El vecindario trataba de aportar al trabajo de la prensa con la esperanza de que “otro laburante no termine como este pobre pibe”, como definió uno de los residentes de la zona.
La misma postal de dolor e indignación se vivió a dos cuadras de la escena del crimen, en González Castillo al 4800, donde “La barra de Castillo” lloraba a Mauro junto a sus vecinos y familiares. Y en la estación de servicios de 27 de Febrero y Corrientes, donde Villamil trabajaba desde los 18 años.
Sueño arrebatado
“Mauro tenía tres hijos pequeños y su esposa. Era sustento de su familia, una persona muy servicial, siempre con buena cara. Acá, los chicos más jóvenes lo tenían como un padre porque era uno de los más grandes. Cuando nos juntábamos a jugar a la pelota, Mauro era el que organizaba todo”, explicó Pablo, compañero de Villamil en la estación de servicios. “Habíamos organizado un asado con los compañeros. Mauro había comprado todas las cosas y faltaba nada más que las ensaladas. Y luego iríamos a la casa de otro compañero para empezar a cocinar y pasó lo que pasó. Mauro vivía a dos o tres cuadras de esa verdulería. Era cliente de ahí, porque yo mismo lo he acompañado en alguna oportunidad para comprar las verduras. Siempre hacía lo mismo: dejaba el auto estacionado, comprábamos y nos íbamos al asado”, agregó Pablo.
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La verdulería de Corrientes y Gutiérrez el día después. Mauro Villamil fue asesinado con una ráfaga de pistola ametralladora.
“Mauro era un pibe que lucho mucho para construir su sueño. Para darle forma, tener una familia, un trabajo. Siempre buscando la vuelta para que a la familia no le faltara nada. Laburaba en la estación de servicios y cuando podía metía unas horas en el taxi de su papá. Todo para redondear un sueldo que lo ayudara a llegar a fin de mes. Y no lo dejaron disfrutar su sueño. Lo mataron en una verdulería haciendo las compras. Un lugar al que solía ir con sus hijos. Le arrebataron el sueño en esta ciudad donde no te perdonan una. Mirá, estábamos coordinando para juntarnos a ver las fotos y los videos de su casamiento. El se casó el 11 de marzo pasado”, explicó otro amigo de Villamil.
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Ultima compra
El miércoles a las 18.50 Mauro estacionó su Renault Logan a metros del cruce de Gutiérrez y Corrientes, casi sobre la parada de la línea 134. Puso las balizas y bajó a la verdulería a hacer las compras. El negocio en cuestión está frente a la plaza “De los Derechos Humanos”, donde hay un playón municipal y “El cabildo”, la cancha donde se realiza el tradicional clásico entre Newell's y Central de los vecinos de Tiro Suizo y otras barriadas de la zona sur en las previas de los clásicos oficiales del fútbol de la ciudad. Y en diagonal a los monoblocks que en un principio se conocieron como “El palomar” por lo pequeño de sus ventanas, y que hoy son reconocidos como “La M” de Tiro Suizo.
Minutos más tarde, cuando estaba saludando a las empleadas, ya con la bolsa con las compras en su mano, por detrás de él pasó un muchacho vestido de oscuro que entró a la verdulería, miró, dejó caer una bolsa y salió. “Lo que sabemos es que una persona se acercó y después que se retiró se escucharon los disparos”, explicó la fiscal Georgina Pairola, que investiga el cruel asesinato. La salida del hombre de negro marcó el inicio del pandemónium. Investigadores contaron que en la escena se pudieron haber realizado hasta 40 disparos.
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“Yo escuché primero las ráfagas de ametralladoras. Un sonido que te congela. Y después escuché disparos más espaciados. Más pum, pum, pum. Ese ruido seco y metálico. ¿Cuántos disparos? Es imposible. Nadie se pone a contar eso”, explicó un viejo vecino de la cuadra donde ocurrió el ataque. Villamil murió en el lugar, su cuerpo quedó en medio de un charco de sangre y detrás de varios cajones de verduras. En el local quedaron heridas Ariadna Gómez, Dafne Moreira y Mariana Manzo. La primera con un disparo en el cuello; su compañera con un balazo en un brazos; y Manzo con un disparo en la espalda, a la altura de la cadera. El auto de Villamil también recibió varios impactos.
El ataque fue captado por al menos dos cámaras de vigilancia fijas y un domo ubicados en la vereda de enfrente de la verdulería. En un tramo de 30 metros quedaron marcados 35 círculos de tiza dando constancia del material balístico detectado. El tirador, uno solo a los ojos de los investigadores, huyó corriendo a balazos por Gutiérrez hacia Entre Ríos. Según los vecinos al menos otras dos personas lo cubrieron y se subieron a un auto blanco que lo esperaba.
Los Gorditos
Las inmediaciones de la verdulería de Corrientes y Gutiérrez (es decir las barriadas de Tiro Suizo, el complejo Fuerte Apache, el asentamiento de calle Flammarión y Margis, y el barrio Las Delicias) es un territorio patrimonio de la banda narcocriminal de “Los Gorditos”, cuyo patrón es Brandon Bay, preso, condenado y con un pedido de prisión perpetua en una audiencia preliminar de octubre de 2022 en la ciudad de San Lorenzo, donde fue acusado por los asesinatos de Gerardo Pérez, Brian Sánchez y Rodrigo Gigena.
Los Gorditos irrumpieron en el hampa local a fines de 2015 cuando el 4 de diciembre de ese año asesinaron a José Eduardo “Cepillo” Fernández, un conocido vendedor de drogas de la vieja guardia de la villa Flammarión. En varias investigaciones judiciales se mencionó como un punto neurálgico del esquema de venta de droga de Bay un búnker ubicado en Lamadrid al 1600, lindante al patio trasero del club Tiro Suizo, en el comienzo de Fuerte Apache.
En ese lugar el 10 de noviembre de 2022 fue asesinada Camila Celeste Escobar, de 21 años; y el 28 de noviembre del mismo año mataron a Zacarías Sharif Azum, de 15, en Del Campo y Olegario Víctor Andrade, a 300 metros del punto de venta antes referido.
Otra investigación que peinó la zona puesta bajo la lupa tuvo que ver con el crimen de Pablo Leonel “Finito” Sosa, ocurrido el mediodía del 8 de agosto de 2021 en Esteban de Luca y Paraguay. La víctima tenía 25 años y pedido de captura por el ataque a tiros contra el abogado Ariel González Zevallos. Fernando “Enano” Morel, oriundo de villa La Lata y organizador de una serie de ataques extorsivos supuestamente ordenados por Ariel Máximo “Guille” Cantero desde prisión, fue acusado por el fiscal de la Unidad de Homicidios Gastón Avila como instigador del asesinato del sicario Sosa y el apellido del Enano volvió a escucharse ayer en las calles de Tiro Suizo.