“Lo vamos a agarrar a tiros, lo vamos a matar y lo van a tener que juntar con cucharita”. La amenaza le llegó en febrero a un hombre que trabajaba en una empresa constructora en la que había gestionado un retiro. Un ex compañero de trabajo lo acusó de haber intercambiado mensajes fuera de tono con su mujer y, tras anunciarle que tenía un sobrino “sicario”, le exigió que le entregara su auto y el dinero del retiro voluntario. La víctima no accedió y las intimidaciones escalaron hasta que realizó la denuncia y recibió una custodia policial intermitente. El acusado por esa saga de aprietes fue sometido el viernes a una audiencia penal por varios delitos y quedó en libertad con restricciones.
Eduardo Gabriel A., un empleado de la construcción de 40 años, fue imputado por la fiscal Ana Julia Milicic como autor de siete hechos de amenazas, intento de extorsión, encubrimiento y tenencia ilegal de arma de fuego. Si bien llegó detenido a la audiencia que se realizó el viernes pasado, el juez Carlos Leiva dispuso su libertad. Como medida alternativa a la prisión preventiva fijó la obligación de comparecer una vez por semana ante la Oficina de Gestión Judicial y además tiene prohibido acercarse o tomar contacto con la víctima, un hombre que es socio en una empresa constructora, y su familia.
Según la imputación judicial, todo comenzó el 24 de febrero pasado cuando el acusado realizó un primer llamado desde su celular a la víctima. Los dos compartían el mismo ámbito laboral en una empresa donde también trabajaba la esposa del acusado. El hombre le manifestó al constructor que había visto unos mensajes que había intercambiado con su mujer, le dijo que “se había zarpado” y le advirtió que cuando lo cruzara “lo iba a dejar en silla de ruedas”.
“Yo trabajaba en una empresa constructora y me encargaba de la entrega de departamentos y posventa”, contó el denunciante, quien por esos días estaba gestionando su retiro de la empresa: a los dos días de aquel llamado dejaría su puesto para dirigir una obra por su cuenta junto a un socio. “Esta persona que denuncio trabajaba en mantenimiento y la mujer de él se encargaba de la limpieza. Con la mujer yo tenía relación laboral por coordinar la limpieza y trabajo, se había generado una relación amena con ella. Esta persona se ve que le revisó el celular, vio las charlas que teníamos y se puso celoso. Ahí empezó el problema porque pensó que yo tenía una relación con la mujer”, dijo sobre el origen del conflicto que terminó dando pie a una causa penal.
La siguiente intimidación ocurrió al día siguiente. A. fue en su Ford Focus negro a buscar al constructor a una obra del macrocentro donde estaba entregando departamentos y lo encontró en la vereda. “Me dice ahí que todo se había ido de las manos, que ya había hablado con su sobrino que era sicario y que le tenía que entregar mi auto. Me dijo que la noche anterior había estado en la puerta de mi casa con estas personas y que ya sabía que tenía un Clio negro”, contó la víctima.
“El especulaba con que yo tenía dinero por el hecho de haberme ido de la empresa y con esa excusa reclamaba una especie de indemnización para arreglar el problema”, reveló el constructor sobre la extorsión de aquella mañana del 25 de febrero. Se retiró del lugar cuando la conversación comenzó a subir de tono aunque alcanzó a escuchar la advertencia de que no se presentara en la policía.
El 27 de febrero el empleado de mantenimiento volvió a llamar por teléfono, esta vez a la esposa de la víctima. La mujer le reprochó que estuviera apretando a su marido a cambio de dinero y el interlocutor le respondió que “lo iban a agarrar a tiros, lo iban a matar y lo iba a tener que juntar en cucharita”. Minutos antes, el constructor había recibido una llamada anónima en la cual le advertían que “se había metido con la persona equivocada” y que “si no largaba la plata el mismo día le iban a hacer una maldad”, según reproduce la imputación fiscal.
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Los incidentes cesaron por siete meses hasta que el mediodía del 23 de septiembre pasado los albañiles de una obra que administraba el denunciante le avisaron que lo estaban buscando “dos muchachos”. Cuando se asomó por el pasillo vio a dos encapuchados que, como no apareció, abollaron a patadas su Renault Clio del lado del acompañante y lo rayaron. “Les mostraron un arma a los muchachos y les dijeron que me iban a meter plomo”, contó el constructor, quien en ese momento decidió presentar la denuncia en un centro de denuncias. Debió suspender la obra una semana y le asignaron rondas de vigilancia policial.
Por los destrozos al auto la fiscal acusó a A. del delito de daño, aunque en este caso la imputación no prosperó por falta de evidencia. Sí quedó implicado en un quinto hecho del 5 de octubre pasado, cuando según la acusación se acercó una vez más a la obra y le advirtió a un albañil que todavía no se habían metido con ellos “porque eran laburantes”. Según el relato de la acusación, aclaró que “no se trataba de un problema de pollera” sino que se solucionaba con dinero. Y advirtió que si los albañiles seguían trabajando “se iban a meter y los iban a cagar a tiros”.
“Yo sé que Eduardo anda armado, se está manejando con una total impunidad porque piensa que no lo denuncié. Él quiere el dinero que piensa que tengo de haberme ido de la empresa”, resumió el denunciante al relatar los hechos.
A la imputación por estos incidentes A. sumó el delito de encubrimiento por tener en su poder una moto Honda Wave de 110 centímetros cúbicos de color blanco con los guarismos adulterados. La moto se encontró en su casa de la zona noroeste en un allanamiento del jueves pasado. En el mismo procedimiento se encontró además un revólver gris marca Italo Gra calibre 32 largo con siete municiones de diferentes marcas. Por lo que además fue acusado de la tenencia ilegal de un arma de uso civil.