Perpetua por matar de un tiro a un remisero en un asalto
Un joven de 26 años fue condenado a prisión perpetua al ser encontrado culpable del asesinato de
un remisero durante un robo registrado en el barrio Las Palmeras, en la zona oeste rosarina, en
octubre de 2006. La evidencia más sólida pareció suministrarla el acusado por el lugar elegido para
desplegar su acción: el crimen ocurrió en la misma cuadra...
12 de diciembre 2008 · 01:00hs
Un joven de 26 años fue condenado a prisión perpetua al ser encontrado culpable
del asesinato de un remisero durante un robo registrado en el barrio Las Palmeras, en la zona oeste
rosarina, en octubre de 2006. La evidencia más sólida pareció suministrarla el acusado por el lugar
elegido para desplegar su acción: el crimen ocurrió en la misma cuadra donde había vivido toda su
vida. Y al menos dos vecinos de él no solamente vieron una secuencia fundamental del incidente sino
que también reconocieron sin dudar a su protagonista.
Javier Espinoza, conocido como el Chino, fue condenado como autor del crimen de
Héctor Avila, un policía retirado de 52 años, por entonces remisero. A las 10 de la mañana del 6 de
octubre de 2006, Avila llegó en su remís VW Polo blanco a dejar pasajeras en una calle paralela a
la avenida de Circunvalación. Las mujeres bajaron en la calle Benítez al 2200 y Avila avanzó unos
metros antes de ser interceptado por dos hombres que, a la vista de varios en el barrio, intentaron
asaltarlo.
El ataque. A minutos del hecho, un periodista de LaCapital escuchó en el lugar
que los agresores eran "el Chino y el Verde. Según lo investigado, lo golpearon cuando estaba en el
asiento del conductor y le robaron la remera que llevaba puesta. Ante la resistencia del conductor,
el Chino le efectuó un disparo con un arma calibre 32 largo que lo hirió en la pierna. El chofer
alcanzó a salir del auto, pero sin mediar palabra el atacante lo baleó en la espalda. El chofer
cayó de frente al suelo y quedó tendido inconsciente en el lugar.
El hombre que lo había baleado le sustrajo la billetera y escapó con su
acompañante por un pasillo que desemboca en el barrio Santa Lucía. El juez que dictó la condena,
Carlos Carbone, apuntó como valioso el testimonio de una vecina. Ella dijo que desde dentro vio
entrar a su vivienda "a un tal Chino que vive por calle Benítez adelante de mi casa". Adujo que su
hija le abrió la puerta y que a él, antes de escapar saltando un alambrado, le oyó decir: "Abrime
el portón que hice una grosa y no quiero ir en cana".
A raíz del rumor del barrio, Javier Aníbal Espinoza estuvo sospechado por el
crimen y la policía allanó varias veces su casa sin resultados. Había estado detenido cuatro años y
siete meses en Piñero hasta 20 días antes del crimen del remisero. No tuvieron noticias de él hasta
que en julio de 2007 la policía rosarina recibió un oficio desde Chaco señalando que un preso de la
alcaidía de Resistencia, que decía llamarse Víctor Alejandro Cabrera, requería que contactaran a
sus padres en una casa de Benítez al 2200.
La foto. En la subcomisaría 22ª el domicilio era conocido: lo habían allanado
varias veces en busca del Chino. Cuando les enviaron a sus pares chaqueños una foto de Espinoza,
resultó ser el mismo hombre condenado allá, bajo el nombre de Cabrera, a cuatro años y seis meses
de prisión por robo calificado.
Trasladado a Rosario, Espinoza juró que al ocurrir el crimen ya estaba en Chaco.
"El 8 de septiembre salí en libertad de la cárcel de Piñero. Un par de días después mi hermana me
dio 500 pesos y me dijo que vaya por ahí a buscar trabajo. Yo me fui a Chaco buscando trabajo. Con
esos 500 pesos me compré una casa en Resistencia, en una villa, pero me detuvo la policía y me
acusó de un robo".
El juez Carbone condenó a Espinoza por homicidio calificado por el robo a la
víctima y el uso de arma de fuego. Su defensora ya apeló la pena: Espinoza jamás reconoció la
autoría. Adujo que en la rueda fue marcado por vecinos que lo conocían de antes y no por implicado
en el hecho. Para el juez, en cambio, los testimonios y señalamientos en su contra —"que
lucen contundentes, espontáneos y verosímiles"— no pudieron ser desvirtuados por el resto de
la prueba colectada.