Policiales

"No hay justicia que te saque el dolor que tenemos dentro nuestro"

Daniel Ibáñez, padre del estudiante de ingeniería asesinado el último viernes de junio en su departamento de Zeballos al 2100, aseguró que hay dos versiones sobre la muerte de su hijo.

Domingo 08 de Julio de 2018

Antes de la madrugada del viernes 29 de junio, Sonia y Daniel Ibáñez eran padres de tres hijos: Martín, Ignacio y Juan Cruz. Lo siguen siendo, pero Juan Cruz, de 23 años y a sólo dos materias de recibirse de ingeniero, fue asesinado en un robo a la una de la mañana de ese viernes en un departamento de Zeballos al 2100, en el macrocentro de Rosario. Una semana después, un chico de 17 años sospechado de haberlo matado, fue capturado y está alojado en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente Rosario (Irar). En tanto, en Murphy, un pueblo de 4.000 habitantes con calles y veredas anchas a un costado de la ruta 33, la familia incompleta cuenta cómo sus tres hijos salieron de allí para "conocer el mundo" sin saber que uno de ellos jamás volvería con vida.

Ignacio vive en Buenos Aires y es abogado. Martín es nutricionista y trabaja en Venado Tuerto. Juan Cruz tenía su propia empresa tecnológica a la par que trabajaba en otra similar en la zona rosarina de Puerto Norte y le restaban dos materias para recibirse de ingeniero informático. En el diálogo con La Capital en su casa de Murphy, Daniel y Sonia ya pueden hablar en pasado: "Juan Cruz era un chico muy especial, muy lúcido. Abierto desde chico a todo. Inteligente y adaptable a la vida de los demás. Con muchos amigos y la casa siempre poblada de gente", cuenta el padre detrás de una lámina de luto que apenas le permite no quebrarse ante el hijo ausente. A los hermanos , en tanto, de a poco se les cuelan los verbos conjugados en presente.

Un viernes triste

El viernes es frío en Murphy y el aire se siente más triste. La casa de los Ibáñez es un chalet con techo a dos aguas que en la vereda muestra una sábana con la leyenda "Justicia para Juan Cruz" y una camiseta pintada de la selección con el número 11. Ignacio no duda: "Jugaba mal a la pelota, pero si le decías se enojaba. El último mensaje que le mandé, creo que el jueves, lo gastaba diciéndole que era pésimo". Sonia no está, fue a misa, vendrá después y mirará a su familia con los ojos celestes que de llorar se le volvieron un poco grises.

Daniel trabaja hace "cuarenta años" en su distribuidora de fiambres y las fotos de hace dos semanas atrás muestran a un hombre que ya no existe. "Yo como padre acepto la inseguridad, un accidente, una balacera, una enfermedad. Pero ¿de esta forma? ¿Que entre una persona a tu casa y te apuñale catorce veces y te mate? El tema estaba hablado en la familia y si el tipo lo hubiera amenazado con un revólver Juan le daba todo, o le habría hablado o directamente se encerraba y que el ladrón se llevara todo".

— ¿Descartan que Juan Cruz conociera al ladrón de algún lado?

— Totalmente. Esto fue al voleo. El edificio es de fácil acceso por el balcón y las zapatillas del que lo mata están marcadas en el balcón y en la entrada de la casa por el balcón. Le da la primera puñalada y Juan se desangra, pelea como puede porque estaba durmiendo. Los amigos lo llamaron para salir ese jueves pero él les dijo que estaba cansado y que quería venir a Murphy el sábado a mirar el partido de Argentina (contra Francia) conmigo".

Juan Cruz vivía solo y en el mismo departamento de un dormitorio funcionaba su empresa de garaje Web Commerce, dedicada a gestionar y crear páginas web; la consecuencia lógica de un casi ingeniero en sistemas. Tenía una novia, Florencia, "una chica divina" como dice el papá de Juan Cruz. Daniel cuenta que "hay dos versiones de la muerte. Una que me dijo el forense, que Juan se desangró y murió alrededor de la una de la mañana; y otro médico policial me dijo que fue a las cinco". El destino no tiene horarios exactos.

Sin explicaciones

"Cuando capturaron al muchacho que lo mató ví por las fotos de los diarios que tenía puestas las zapatillas de mi hijo. El ladrón se llevó una guitarra criolla, una computadora, un celular. Nada. Esto fue una ejecución a la que no le encontrás explicación y tenés un remordimiento total. Le pido a Dios que a nadie le toque vivir esto y ya que Juan Cruz fue tan importante en estos pocos 23 años que estuvo y se hizo querer tanto, pido que esto sirva para que haya más centros de rehabilitación para estos chicos, más prevención, que la policía y la Justicia tomen medidas. Esto se podría haber evitado. Que la jueza tenga elementos para detener a un chico con problemas. En un caso de estos tendría que hacerla con todas las de la ley. Pero por más merecida que sea la pena, lo que tenés adentro no se soluciona. No hay Justicia que te lo saque. Por eso le pido a Dios que no le pase a nadie más".

Una preocupación de Daniel es si Leandro O., el chico de 17 años detenido por el caso podría escaparse. "El 7 de octubre cumple los 18 y ¿cómo funciona la rehabilitación donde está este pibe?", pregunta al cronista.

Cuando habla de Sonia, a Daniel la voz se le hace un hilo de agua mansa: "Ella es un poco más fuerte que yo. Es la encargada de mantenernos levantados y sostenernos. Hace más fuerza que nosotros. Es muy creyente y ahora vamos a hacer una marcha (hoy) para agradecer al pueblo todo el apoyo que nos da. Ella está mas entera que todos". Y su hijo Martín suma: "Yo pensé que iba a estar acostada todo el día, pero no. Es la que sostiene la familia en medio del dolor".

A Juan Cruz le gustaba cantar y tocar la guitarra. Era el centro de las fiestas, y como cuentan vecinos de Murphy "era un chico distinto. Si entraba al almacén saludaba a todos lo que estaban ahí; al almacenero, a los vecinos, a algún amigo que no veía hacia unos días. Jugaba a la pelota con todos, con los pibes que viven en el lugar más alejado y con los hijos de los millonarios del pueblo. Tenía un ángel especial este chico".

Llega Sonia, la mamá de Juan Cruz y se suma al diálogo: "El domingo vamos a hacer una marcha y una misa para agradecer al pueblo. En el panfleto que se va a entregar en la ruta 33 va a decir «Esto pasó y no tiene que volver a pasar»".

La mujer se instala en el comedor de su casa como un guerrero samurai que pelea su destino. "Yo nací en el pueblo y cuando los chicos crecieron los impulsé a que se fueran a otro lugar. A Rosario, a Buenos Aires, que se abrieran al mundo, que pudieran elegir, ser alguien. No me arrepiento y estoy bien acá, pero les dije a mis hijos que se desarrollaran".

La herida vuelve a sangrar. "Cuando falleció mi papá me pelee con Dios, tenía mucha bronca. Pero ahora sé que Juan cruz está al lado de Jesús. Era una persona siempre sonriente, todo luz. Y si lo eligió a él por algo será. Soy muy creyente y no hay otra cosa que se pueda hacer".

Sonia recuerda anécdotas de su hijo y sus ojos pálidos y celeste se iluminan un segundo. "Cuando era chiquito saludó a una amiga de mis hijos mayores y a todos los que la rodeaban. La chica estaba de casualidad parada allí y no conocía a los que Juan saludó. Le pregunté a quién había saludado y él me dijo que no sabía, que lo hizo por que yo siempre le recomendaba que había que saludar a todo el mundo. Un chico de pueblo confiado y feliz". Entonces Sonia se sonrío.

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Rodeado de amigos

"Era casi ingeniero, hizo la fiesta de graduación en diciembre pasado y le faltaban dos materias; pero no le gustaba que lo llamaran por el título «todavía no lo soy» me decía". Y recuerda otra historia de la vida de Juan Cruz: "Un fin de año estábamos en Mina Clavero (Córdoba) y cuando tocaron las 12 fue a cada una de las mesas y brindó con todos los que estaban ahí, sin conocerlos. Era un personaje".

Sonia recuerda que en su casa, como en la de Juan Cruz en Rosario, siempre había amigos. "Si podía le prestaba a los amigos lo que necesitaban. Es más, la oficina estaba en su casa para no gastar y él no tenía problemas".

"Lloré mucho cuando me enteré, lloré hasta cansarme. Pero una voz me dijo «basta, no llores más» y sé que por mis hijos y mi marido debo estar fuerte. Me aferró a Jesús y a la Virgen María para que me sostengan. Para que pueda volver a contarles cuentos a los chicos en las escuelas de Murphy", dice en referencia al grupo llamado "Abuelas cuenta cuentos" que ella integra y en el cual quiere seguir mientras pueda. "No sé como será después. Es mucho dolor".

—¿Qué piensa de quién mató a Juan? ¿Qué pediría?

— Piensa. Elude la pregunta y contesta otra cosa. "Voy a responder como lo hubiera hecho mi hijo: que estos chicos no tuvieron la oportunidad de tener una casa, una madre y una familia. Que no tuvieron oportunidades". Y habla no por ella sino por Juan Cruz Ibáñez, su hijo asesinado.

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>>> "Podríamos tener muchos más recuerdos con Juan Cruz"

Martín e Ignacio son los hermanos mayores de Juan Cruz. Ignacio tiene 35 años, Martín 33 y Juan Cruz tenía diez años menos, era el benjamín de la familia.

"Para nosotros es muy difícil todo lo que estamos pasando y estamos para apoyar a mis padres", cuenta Martín en el diálogo con este diario. Ignacio, con la voz entristecida, recuerda que se fue "hace 14 años de Murphy, cuando Juan recién tenía 9. Y quedaron muchas cosas para hacer con él. Te choca en 50 mil cosas que lo podrías haber ayudado. Que podríamos haber viajado juntos, los momentos compartidos y la vida cotidiana. Él siempre me pedía que lo llevara de viaje conmigo y yo siempre le decía que lo dejábamos para después. Y ahora me pregunto ¿por qué mierda no lo lleve? ¿Por qué? Tengo muchos recuerdos de Juan, pero podría tener muchos más".

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