Policiales

Matan de 30 balazos a un chico de 17 años frente a un puesto de drogas

Lo remataron en el piso ante el estupor de vecinos aterrados por la violencia causada por tal actividad ilícita. Fue en Ludueña. La gente destruyó el quiosco de los narcos. Elías Bravo vivía en la zona y tenía prontuario

Domingo 16 de Octubre de 2011

"No hay más alita (de mosca) para nadie". La advertencia, en boca de un residente de French al 2100, iba dirigida a los tres o cuatro consumidores que en el lapso de diez minutos habían llegado a comprar cocaína a un quiosco de venta de drogas que los vecinos destruyeron ayer a la madrugada tras el feroz asesinato de un muchacho de 17 años. A Elías Gabriel Bravo le dispararon para que jamás se levantara. Treinta impactos de bala tenía su cuerpo cuando los vecinos se animaron a salir de sus casas, el viernes a la medianoche, tras la tempestad de plomo calibre 9 milímetros que se desató contra el pibe, de prontuario abierto. En el lugar se incautaron al menos 35 vainas servidas. En la autopsia se extrajeron ocho fragmentos de bala. Pero muchas no quedaron en el cuerpo.

"Al petiso lo remataron en el piso como un perro. Sobre el cemento se pueden ver los corchazos (impactos). Sabían que si lo dejaban malherido él los iba a ir a buscar. El petiso se la aguantaba", comentó un joven de la zona. "En mis casi 30 años de servicio, es la primera vez que veo un crimen de esta ferocidad. Lo rociaron con plomo y hay muchos impactos por la espalda. Fue una ejecución de rastreros" (en jerga delictiva, traidor o despreciable), precisó un jefe policial a este diario.

"Los vecinos del pibe muerto quemamos el quiosco de venta de drogas porque estamos hartos de que nuestros pibes estén presos o, lo que es peor, que nunca sepamos si cuando volvemos de trabajar los encontraremos vivos", exclamó una mujer del barrio.

De la nuca hacia las piernas, en especial por la espalda, Elías Bravo recibió 30 disparos calibre 9 milímetros. Los pesquisas indicaron que por lo menos hubo dos tiradores y sobre la hipótesis de la metra indicaron que, si bien consideraron la hipótesis en un primer momento, luego la dejaron de lado. "Los disparos fueron desde muy corta distancia. Muchas ojivas quedaron entre las ropas de la víctima. Lo que quiere decir que la munición de 9 milímetros no alcanzó a tomar velocidad".

Lugares comunes. French al 2100, entre Felipe Moré y las vías del ex ferrocarril Belgrano, es la conjunción de los barrios Ludueña, Empalme Graneros e Industrial, de la vía al este. Es la zona ubicada sobre el barrio Toba, a dos cuadras del lugar donde el viernes a la medianoche se perpetró el homicidio 124 de 2011. El asesinato de Elías Bravo tiene muchas conexiones con historias narradas por LaCapital en los últimos años. Es las de un pibe con antecedentes y la de un quiosco de drogas que vendía ante los ojos de los vecinos.

Ocho antecedentes. Según la Unidad Regional II Elías Bravo tenía ocho antecedentes policiales y una orden de captura emitida por el Juzgado de Menores 4ª, a cargo de Dolores Aguirre Guarrochena, en 2010, por una causa de abuso de armas, lesiones y daño.

Vivía en Olavarría al 1200 bis, en una casa de dos plantas, a metros de Génova. Esa vivienda fue allanada en enero pasado por efectivos de la comisaría 17ª. El operativo tenía a Elías en la mira pero terminó con el secuestro de 20 carteras, 30 billeteras, llaves de distintos rodados, tarjetas de crédito y de medicina prepaga. Todo aquello era fruto de arrebatos de delincuentes en moto que se registraron en la zona de los barrios Ludueña, Empalme Graneros y Fisherton. Otros policías recordaban cuando en un allanamiento en la casa de Elías un familiar del pibe le dio un ladrillazo en la cabeza a un comisario en actividad.

Cuando tenía 14 años a Elías se lo mencionó como principal sospechoso del asesinato de Maximiliano Ricardo Maglio, de 19 años, en diciembre de 2009, a metros de su casa. La crónica indicó entonces que un pibe de 14 años llegó al lugar manejando una moto y cuando estuvo frente a Maglio le disparó dos veces: Un plomo le perforó el tórax y el otro le impactó en el muslo derecho.

La ejecución. Lo que motivó la furia contra el puesto de drogas fue el homicidio, ocurrido cerca de la medianoche. Según fuentes allegadas a la causa y los vecinos consultados, minutos antes de las 24 el pibe Bravo circulaba con una moto Honda Tornado negra, sin patente y una joven rubia detrás suyo de acompañante.

  Al límite de la jornada, Elías estaba en el interior del pasillo. Algunos vecinos refirieron que al pibe lo persiguieron y lo encerraron en ese lugar un auto (del que dieron las características) y dos motos. Los más jóvenes de los residen en el pasillo reconocían a Elías como alguien que frecuentaba diariamente la zona. “Si vos no te metías con él todo bien. Si te le cruzabas por algo te cagaba a tiros”, lo recordó un muchacho.

Al lado del quiosco. La escena de la ejecución hace inferir que Bravo se bajo de la moto y parlamentó el tiempo que lo dejaron. Todo pasó a menos de cinco metros del ingreso al quiosco de venta de drogas. La Tornado negra no tiene un rayón o un impacto. Quedó tirada a tres metros del cuerpo de su dueño. “El pibe decía: «Por favor no. Por favor no». Y ahí se escucharon los disparos”, describió un vecino. Una vez que Bravo estuvo de bruces sobre un piso de cemento frente al 2110 del pasillo de Fench lo cocinaron a tiros.

  “Tenían de todo. Dos pistolas y no se si una metra (como en la jerga se reconoce a la FMK3)”, rememoró un joven. Mientras duraron los disparos, y un poco más, nadie asomó las narices al pasillo.

  Los primeros en llegar al lugar fueron efectivos de la subcomisaría 24ª, que está ubicada a 200 metros, sobre Juan José Paso. “Se guiaron por el ruido de los tiros. Cuando llegaron el pibe ya estaba muerto”, precisó un oficial superior con mando en la zona.

Sellado con saña. De la nuca hacia las piernas, en especial por la espalda, Elías Bravo recibió 30 disparos calibre 9 milímetros. Los pesquisas indicaron que por lo menos hubo dos tiradores y sobre la hipótesis de la metra indicaron que, si bien consideraron la hipótesis en un primer momento, luego la dejaron de lado.

   Tras tres horas de espera, la mortera municipal se llevó el cuerpo y los vecinos ajustaron sus cuentas con el quiosco de venta de drogas. El crimen es investigado por efectivos de la comisaría 12ª y la sección Homicidios, bajo la tutela del juez de Instrucción Luis María Caterina.  

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