Una línea de teléfono intervenida para investigar el funcionamiento de la banda "Los Gorditos" llevó a la detención de dos policías que trabajaban en la comisaría 32ª y ahora están acusados de recibir un soborno de 50 mil pesos. Hay un tercer efectivo involucrado que no estaba en Rosario y ya avisó que se entregará en las próximas horas. En ese contexto hubo otros allanamientos en los cuales quedaron detenidos integrantes del grupo liderado desde la cárcel de Marcos Paz por Brando Bay, entre ellos su madre -que ocupaba el liderazgo "extramuros"- hermanas y primos. Para los investigadores la organización, que estaba funcionando gracias a las mujeres de la familia Bay, está prácticamente desarticulada al quedarse sin gente de confianza en la calle.
A partir de las 22 del lunes se realizaron una serie de allanamientos en distintas zonas de la ciudad con el fin de detener a parte de "Los Gorditos", el grupo liderado por Brandon Bay desde la cárcel. En esta ocasión la investigación, llevada a cabo por el fiscal Pablo Socca, siguió los movimientos de la banda a partir de una intervención telefónica. En ese marco se conoció que la madre de Brandon Bay ofreció y pagó a un suboficial de la policía santafesina, que trabajaba en la comisaría 32ª, la suma de 50 mil pesos para favorecer la situación de integrantes de la familia que habían sido detenidos por circular en un auto robado.
El 9 de septiembre pasado Flavia Bay y Luis Saucedo, parte de "Los Gorditos", fueron detenidos en un operativo del Comando Radioeléctrico y trasladados a la comisaría 32ª al constatarse que se movían en un auto con pedido de secuestro por robo. Una vez en la seccional Saucedo se puso en contacto con la madre de los Bay, Érica Altamirano, quien se encargó de ser intermediaria con tres policías de la 32ª para insertar un boleto de compraventa en las documentaciones policiales, justificar así la tenencia del auto y lograr que el fiscal de la causa les concediera la libertad.
Pero hubo un detalle que llamó la atención de un fiscal: el apellido Bay, vinculado a la narcocriminalidad como una de los grupos conocidos más violentos de la ciudad. Al adentrarse en el caso, y con provecho de las intervenciones telefónicas, se supo que la mujer había acordado y concretado el pago de 50 mil pesos. Por esa maniobra serán imputados los policías Axel Teliz, Hugo Figueroa y Magalí Carrizo, los tres de la comisaría 32ª, por distintos delitos vinculados al cohecho pasivo, encubrimiento agravado por ánimo de lucro y por la función pública, incumplimiento de deberes de funcionario público y falsedad ideológica.
Desde el teléfono de la cárcel
La banda "Los Gorditos" comenzó a tomar relevancia tras un homicidio ocurrido en 2015. Ese año cayó Brandon Bay, quien con unos 20 años ya era señalado como líder del grupo. Desde entonces se iniciaron distintas investigaciones que pusieron de manifiesto cómo funcionaba la banda, dedicada principalmente al narcomenudeo y a la violencia como medio para afirmarse en ese negocio, sobre todo en los barrios Flammarion y Tiro Suizo de Rosario, pero también en San Lorenzo.
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La caída de Bay no significó la pérdida de su rol cómo líder de la banda. Primero desde su lugar de detención en la cárcel de Coronda, luego en Piñero y ahora en Marcos Paz, el joven de hoy 27 años continuó al mando. Desde la fiscalía aseguran que a partir de la intervención del teléfono de la madre de Bay se supo que la mujer se comunicaba con su hijo, quien desde Marcos Paz hablaba desde el teléfono fijo de la cárcel. Lo que se desprende de eso, además de la facilidad del grupo para diagramar los movimientos desde la prisión, es que la madre de la familia había ocupado un rol de preponderancia en la banda.
El fiscal Pablo Socca le atribuye a la mujer, Érica Altamirano, el rol de "liderazgo extramuros". En ese sentido surge que, ante la caída de Bay y distintos integrantes, la banda fue readaptándose al punto de que fueran las mujeres de la familia las principales encargadas de las tareas a las que se dedicaban. En los registros de distintas investigaciones primero apareció Aldana, una de las hermanas de Brandon, como quien estaba al mando. Hasta su caída en prisión en diciembre de 2020 la joven de 27 años se ocupaba de distribuir armas de fuego y definir los blancos de ataques a balazos en el marco de disputas callejeras con otras grupos.
Madre al mando
Para el fiscal Pablo Socca la banda tenía una nueva jefa y era Altamirano. Las investigaciones sobre el grupo indican que no solo esta mujer, sino también otras integrantes de la familia, en el último tiempo adquirieron un rol "muy preponderante".
Lo que surge de las intervenciones telefónicas es que las mujeres se ocupaban de toda la logística importante para los movimientos de la banda. "Si tienen que conseguir un arma la consiguen, o una moto, o un piloto para ir a hacer una balacera", indicaron desde la fiscalía que siguió los pasos del grupo. A diferencia de los modos de desempeño de los hombres de la organización -de quienes, por ejemplo de Brandon Bay, se conoció que había ordenado "avanzar matando gente inocente"- los investigadores detectaron que las mujeres de la banda no manejan ese nivel de violencia. Lo cual no quita que hicieran uso de ella cuando era necesario: en los celulares secuestrados hay videos de balaceras y capturas de pantallas de noticias sobre homicidios en los que estarían involucrados.
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Érica Altamirano, como jefa, está acusada de ser el principal nexo con sus hijos presos Brandon y Aldana. De ellos recibía directivas de las que ella se ocupaba que se concretaran en la calle. Además la señalan como la encargada de supervisar la venta de drogas, de fraccionar las cocaína y la marihuana en bolsitas y de ocultarlas en su domicilio de calle Dinamarca al 500 bis, desde donde partía a otros puntos de venta de la banda, en los cuales también se ocupaba de conseguir a los vendedores y controlar la recaudación. También está sindicada como encargada de guardar armas de fuego y teléfonos celulares que eran usados por los integrantes del grupo. Ahora se le suma la acusación por sobornar a los policías de la comisaría 32ª.
Otras mujeres y la banda debilitada
Más allá de Altamirano y su hija presa aparecen otras mujeres de la familia como integrantes de la banda. Una de ellas es Giuliana, también hermana de Brandon Bay. Para el fiscal Socca esta joven es parte del grupo y como tal se ocupaba de "lo que sea necesario" para el funcionamiento de la organización. Hacía de cadete, llevaba y traía drogas o dinero a los búnkeres, visitaba periódicamente a su hermano en Marcos Paz con el fin de recibir información y órdenes de manera directa.
Un rol similar recae sobre Flavia, otra de las hermanas de la familia, también detenida en diciembre de 2020 junto a Aldana. Esta chica, según los investigadores, se ocupaba de supervisar la venta de drogas y controlar el funcionamiento de los búnkeres. En otro orden aparece una prima, Jesica, también señalada de llevar a cabo roles similares vinculados a la venta de drogas en distintos puntos de venta de la ciudad.
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Lo que trasciende de esta investigación para el fiscal Socca es que la banda pareciera estar muy debilitada. Al menos así surge dado que luego de la caída de Brandon Bay el funcionamiento de la organización había quedado sujeto a los distintos roles asumidos por gente de la familia. Ahora, al parecer sin personas de confianza en la calle, el grupo podría atravesar una descomposición inédita.
Hay algunos aspectos de las dinámicas de esta organización que llamaron la atención de los investigadores. Las casas de la familia, ubicadas en calle Dinamarca al 500 bis y de Lamadrid al 1600, ya habían sido allanados en operativos durante 2020. Resultó curioso advertir que continuaban usando esos "domicilios quemados" como puntos de venta de drogas y operaciones del grupo.
Detenidos y secuestros
En los nueve allanamientos a domicilios vinculados a "Los Gorditos" realizados la noche del lunes por orden del fiscal Socca resultaron detenidas 5 personas. Entre ellas, además de la madre y hermanas de Brandon Bay, también quedaron presos y serán imputados primos y allegados a la familia. También, en otros tres operativos, fueron detenidos los dos policías de la comisaría 32ª y un tercer efectivo que estaba en la localidad de Ceres y avisó que se entregaría a la Justicia. Entre los 8 detenidos y dos más que ya están en prisión, este jueves serán imputadas en total diez personas.
En los procedimientos, realizados en distintos domicilios vinculados a la banda, se secuestraron drogas fraccionada y en ladrillos. A saber, según comunicaron desde la Agencia de Investigación Criminal (AIC) se decomisaron 439 dosis de cocaína, 17 de marihuana, dos ladrillos de marihuana y uno y un cuarto de cocaína "de máxima pureza". También secuestraron municiones: 103 de calibre 9 milímetros, 80 de calibre 22, 70 cartuchos de escopeta calibre 12/70. Además de dinero (952 mil pesos), balanzas de precisión, elementos de fraccionamiento y estiramiento de droga, tres motos y 21 celulares.