Policiales

Emboscaron a un motociclista en la zona oeste y lo mataron a balazos

"¿A nosotros nos venís a robar rastrero? Tirate ahí porque te mato". Eso fue, según relato de vecinos de Campbell y Cerrito, lo último que escuchó en su vida Juan Carlos Soto, asesinado a balazos ayer.

Sábado 29 de Diciembre de 2012

"¿A nosotros nos venís a robar rastrero? Tirate ahí porque te mato". Eso fue, según el relato de los vecinos de Campbell y Cerrito, lo último que escuchó en su vida Juan Carlos Soto, el muchacho de 21 años asesinado a balazos ayer, poco antes de la 5 de la mañana, a una cuadra del parque Ricardo Balbín, en el barrio Villa Urquiza del oeste rosarino. Una vez que esa voz se calló, el pibe recibió un disparo de remate que lo dejó agonizante. Fue el punto final de una cacería que se prolongó unos 100 metros y que, según los peritos policiales, estuvo animada por al menos 25 disparos de tres calibres diferentes. En la escena del crimen se secuestraron cinco vainas calibre 22; siete de 11.25 y once de 9 milímetros. Y también una Yamaha XTZ 250 roja donde iba la víctima.

Tal vez el asesinato de Juanca, como conocían a la víctima en el barrio Cinco Esquinas donde vivía, terminó por salvarle la vida a su cuñado y compañero de andanzas. Diego, de 19 años, corrió a pesar de haber recibido balazos en la pierna derecha y el brazo izquierdo y se refugió en un contenedor de basura plástico, a menos de 30 metros de donde Soto fue ejecutado. "La policía lo encontró al rato de que pasó todo porque el pibe se asomó un par de veces para ver si los que mataron a su amigo se habían ido. En una de esas se asomó, un policía lo vio, fue y lo sacó del contenedor. Se lo llevaron al Hospital de Emergencias y parecía que estaba grave", relató ayer una mujer de la cuadra. Más tarde se supo que el muchacho recibió el alta médica y que fue demorado hasta determinar si había pagado una deuda con la ley que meses atrás lo tuvo preso en la cárcel de Riccheri y Zeballos.

Más de 20 tiros. La dimensión de la balacera hace parecer sustentable cualquiera de las versiones que los vecinos de Campbell y Cerrito contaron ayer a la mañana a este cronista, aunque bien por lo bajo y sin dar sus nombres. La zona todavía no lograba reponerse aún de un crimen cuando la parca volvió a florearse por el barrio (ver aparte). Tanto Juanca Soto como su primo Diego vivían en el barrio Cinco Esquinas, a metros de la cancha del club Lavalle y del Cementerio de Disidentes y a 17 cuadras del lugar donde ocurrió el episodio la madrugada de ayer.

De acuerdo a fuentes de la investigación en manos de la jueza de Instrucción Raquel Cosgaya, los allegados a los muchachos baleados no ocultaron que tenían prontuario abierto y que andaban en una moto "floja de papeles". "Estamos averiguando si no fue robada horas antes del crimen en la zona noroeste", dijo un pesquisa a La Capital.

De acuerdo a lo que se pudo reconstruir a partir del relato de vecinos y la pesquisa policial, Juanca y Diego circulaban por Ituzaingó y Campbell en la Yamaha cuando fueron interceptados por tres hombres en dos motos. Eran aproximadamente las 4.40 de la mañana y todo se desarrolló en los 120 metros que separan el cruce de Ituzaingó y Campbell, donde quedó tirada la moto roja, hasta Cerrito y la cortada Aregua, donde Diego se refugió entre la basura. En ese trayecto los vecinos dicen haber escuchado entre 20 y 25 disparos de distintos tipos de armas.

"El grupo que mató a Soto lo conocía, porque lo llamaron por su apodo. Lo que no está claro es el por qué del ataque. En principio, descartamos que sea un ajuste por drogas y estamos tratando de determinar donde fue robada la moto", explicó un vocero.

A los gritos. "Esto fue una locura. Hace varios días que algunos pibes del barrio (haciendo referencia a los que manejan la calle) están muy alterados. Como perseguidos. Ven una moto, cargan el fierro, la corren y se vuelven. Así una y otra vez. ¿Si fueron ellos? No lo creo", indicó un vecino. "Hasta la esquina donde cayó malherido el pibe (Soto) los canas contaron 25 disparos. Uno de esos balazos pegó en el radiador del auto de mi hermano, que hace cuatro meses que está en la calle", indicó otro residente mientras mostraba el rebote del proyectil que impactó en el Renault 18 estacionado frente a la marmolería "Ruedas de metal", identificada con una pintada homenajeando a Norberto Pappo Napolitano y su grupo Riff. "Hubo dos momentos bien marcados de los balazos. Primero fue como un idea y vuelta. Entre un calibre 22 y armas más pesadas. Y después dos disparos sueltos. Lo que sí escuché claro fue que uno de los pibes gritó: «Me dieron, boludo». Y a los pocos segundos otra voz que decía: «A este hijo de puta matalo»", explicó una mujer.

Una sola vecina, entre una decena de entrevistados, sumó la hipótesis del crimen ligado al mundo de las drogas. "Estos (los que mataron a Soto) son los del búnker de drogas que está en Brasil al 1700. ¿Yo ya no se dónde denunciar para que lo cierren?", indicó la doña. El lugar referido está a unas catorce cuadras del lugar del ataque.

¿Soto estaba armado? De uno de sus bolsillos los investigadores le sacaron dos vainas servidas calibre 22, aunque no le incautaron arma alguna. Tenía un disparo en la zona lumbar y dos en la rodilla izquierda. Su cuerpo quedó tirado sobre la vereda, a una cuadra del parque Ricardo Balbín. Diego, por su parte, zafó al zambullirse en el contenedor de la basura. Ahí se quedó hasta que lo encontró un policía, cerca de las 5 de la mañana. Tampoco tenía armas. De los agresores, poco y nada. Uno de los vecinos dijo haber visto a uno que vestía ropa oscura, "como de empleado de seguridad, aunque por el corte de pelo te dabas cuenta que no era. Pero lo vi a lo lejos". El crimen de Soto es investigado por la comisaría 14ª y la sección Homicidios de la policía rosarina.

Dos crímenes en sólo 100 metros

El cirmen de Juanca Soto ocurrió a sólo 100 metros de donde el pasado 22 de diciembre la policía mató a Claudio El gordo Muñoz, un muchacho de 35 años que obnubilado por su adicción a la droga intentó robarle a un repartidor y, según la versión oficial, se enfrentó a balazos contra agentes del Comando Radioeléctrico muriendo con un certero disparo en el rostro. “No hace una semana de lo de El Gordo y ahora pasó esto”, comentó una vecina de la cuadra antes de aclarar: “Los pibes baleados no eran del barrio. Ningún vecino del barrio los reconoció. Eran muy pibitos”.

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