El asesino de Marta Concepción Penayo, la mujer ejecutada de un tiro en la
cabeza el martes pasado durante un asalto a un burdel de Pichincha, se hizo atender esa misma tarde
en el policlínico San Martín por la lesión en los ojos que le había causado el gas pimienta
arrojado por la víctima. Hasta ese momento, el crimen no había tomado demasiado estado público y el
dolor y las molestias que sufría el homicida por el producto químico vertido sobre su rostro lo
obligaron a buscar ayuda profesional en el efector público donde tuvo el reflejo y la astucia de
registrarse con datos falsos.
La pista. Así lo confirmaron a este diario fuentes con acceso directo a la
investigación. La llegada del sospechoso al centro de salud fue comunicada al día siguiente del
crimen, es decir el miércoles, luego de que el médico que lo atendió se enterara de lo que había
ocurrido en Brown al 2700 y especialmente del detalle sobre la aparente resistencia a un asalto que
ejerció Penayo al utilizar un aerosol con gas pimienta. El profesional se presentó con los
pesquisas de la seccional 7ª de policía, donde quedó centralizada la investigación del
asesinato.
Desde allí se le dio aviso al juzgado de Instrucción Nº 14, que es encabezado
interinamente por Jorge Baclini, y al fiscal Edgardo Fertita. Horas después se cumplió un
allanamiento en el domicilio que la persona sospechosa había inscripto entre los datos personales
que le pidieron antes de ser atendido. Cuando los agentes policiales llegaron al lugar, que queda
en inmediaciones de Pellegrini y Ecuador, comprobaron que esa dirección no existía y que ningún
vecino conocía a una persona con ese nombre. "Era casi seguro que el procedimiento sería negativo.
El tipo no iba a dar así nomás sus datos verdaderos", indicó una fuente del caso.
Fisonomía. De todas maneras, los investigadores judiciales y policiales ya
tienen dos descripciones físicas que aportaron la amiga de Marta, que estaba en el lugar del crimen
y alcanzó a ver al agresor, y una vecina de la cuadra que presenció el momento en que el sospechoso
escapaba de la vivienda. Hablaron de un hombre robusto, de estatura mediana, tez morena y cabello
corto. Esas mismas características fueron también mencionadas por el médico que atendió al presunto
asesino.
El crimen ocurrió el martes 15, poco antes de las dos de la tarde, en el primer
piso de Brown 2779. Penayo vivía en ese lugar que también funcionaba como prostíbulo. Sus
familiares dijeron a este diario que la mujer no trabajaba allí sino que se lo cedía a unas amigas
que sí lo hacían. Lo cierto fue que en ese momento Marta estaba con una amiga cuando se presentó en
el lugar un hombre que ingresó sin ejercer violencia.
Según la policía el sujeto desenfundó un arma de fuego con intenciones de
robarle dinero a las mujeres, pero Penayo se resistió y esgrimió un envase de gas pimienta que
esparció sobre el rostro del delincuente. De inmediato el asaltante le disparó directo a la cabeza
y huyó del lugar. Tras agonizar un día, la víctima falleció en el Hospital Clemente Alvarez.
Lesión. La misma tarde del ataque un hombre se presentó en el policlínico San
Martín, de Chubut 7145, en barrio Belgrano. Allí pidió ver a un médico por una molestia que tenía
en los ojos. Cuando estuvo frente al doctor, y tras completar los trámites administrativos de
rigor, el tipo contó que había sufrido un ataque en Pichincha y que durante la pelea le tiraron con
gas pimienta en la cara. Las sospechas se presentaron al día siguiente cuando el médico tomó
conocimiento de lo ocurrido en Brown al 2700 y de algunos detalles como la presunta utilización de
ese producto por parte de la víctima.
El profesional se contactó con la policía y poco después prestaba declaración
como testigo. "Hay datos de la descripción que coinciden con las que aportaron dos mujeres testigos
del hecho, pero hay otros que no. Se sigue investigando, pero este caso viene medio difícil",
admitió anoche un pesquisa.