Lo que estaba preparado para una jornada festiva terminó en desolación y muerte en las inmediaciones de Flammarion al 5100, a pocos metros de los monoblocks que están en el cruce con Lamadrid, en la zona sur de la ciudad. Laureano Miguel Cardozo, un muchacho de 23 años, se acercó en su auto hasta la casa de sus padres junto a su esposa y su pequeña hija de cuatro meses para regalarles una foto enmarcada de la bebé. Una vez en la vivienda pensaron en qué cenar y decidieron ir a comprar un pollo. Antes de ir a hacer las compras, alrededor de las 21.30 del viernes, Laureano sacó a la perra familiar para que hiciera sus necesidades y cuando estaba en eso, frente a la casa, pasó un Fiat Uno color blanco con dos ocupantes y uno de ellos le disparó entre dos y tres balazos. Uno de los proyectiles le impactó en la mano y otro, mortal, en el pecho.
“Acá es así, pasan y tiran a quien más le guste. Después van y cobran 20 mil pesos por el mandado que les ordenaron. Eso vale tu vida o la mía acá: 20 mil pesos”, explicó este sábado uno de los allegados al muchacho asesinado.
Fue una mañana de contrastes bien marcados la de este sábado en el asentamiento de calle Flammarion. Mientras desde una de las ONG que trabajan con los niños en el barrio iban casa por casa preguntando si allí vivía algún menor para invitarlos a participar de un festejo por el Día de las Infancias, la familia Cardozo no podía con su dolor.
“A vos te parece que en esta zona, donde matan gente todo el tiempo, donde hay balaceras, tiroteos y aprietes, no hayan puesto una cámara (de videovigilancia). No hay cámaras. Ni de la Municipalidad ni de la provincia. No hay nada. Digo, aunque sea para caretearla de que les importamos y que van a venir a buscar a los asesinos. No hay nada. Aunque sea en la esquina de los monoblocks de Lamadrid y Flammarion. Mirá que hicimos marchas pidiendo seguridad y nunca nos dieron pelota”, dijo dolido e indignado uno de los amigos de Laureano.
image.jpg
Uno de los impactos en el frente de la casa de los padres de Laureano Cardozo. Sus amigos dicen que pudo ser para cualquiera.
Foto: Celina Mutti Lovera.
Veinticinco personas fueron asesinadas en un rango de 12 años en un perímetro comprendido por Uriburu, Anchorena, bulevar Oroño y las vías del ferrocarril Mitre escoltadas a un lado por calle Flammarion y al otro por Margis. Buena parte de esos crímenes como consecuencia de la violencia callejera que ha tenido como escenario el asentamiento Flammarión y sus barrios satélites (Las Delicias, Tiro Suizo y el complejo Fuerte Apache) y a “Los Gorditos”, la banda de Brandon Bay, como protagonista. Vivir en el barrio no debe ser sencillo. Una pintada en un paredón de Flammarión y Regimiento 11, en aerosol negro, sirve como síntesis para la reflexión: “Basura, por Flammarion. Gracias!”.
El crimen de Cardozo hace rememorar a los vecinos dos cruentos ataques sin motivación delictiva del que fueron víctimas Mauro Villamil, un muchacho de 36 años y padre de tres niños, asesinado cuando compraba en una verdulería de Corrientes y Gutiérrez, en el barrio Tiro Suizo, la noche del 3 de mayo pasado; y la de Matías Jonatan Isassa, de 33 años, quien fue asesinado a puñaladas cuando quisieron robarle su moto en Oroño y Lamadrid el 7 de agosto último.
Vecinos de toda la vida
Los Cardozo son vecinos de toda la vida en el asentamiento. Residen en una humilde vivienda de material cuyo fondo da a las vías del Mitre. Laureano era el hermano del medio de tres. Tras haber formado pareja y ser padre se independizó y dejó la casa de los viejos, la misma a la que volvió de visita este viernes por la noche. “Laureano era un chico lleno de proyectos. Un laburante que vivía para darle lo mejor a su hija de cuatro meses y a su familia. Ya estaba juntando plata para el cumpleaños. Había sacado el carnet para manejar colectivos y todo ese esfuerzo se fue con él solo porque dos tipos pasaron matando al azar. O quizás lo pudieron haber confundido con otro, pero Laureano no tenía problemas con nadie”, explicaron sus amigos.
Laureano había llegado hasta su casa paterna junto a su esposa y su bebé. Dejó el auto en la esquina de los monoblocks y caminó 30 metros hasta la vivienda de los padres, con quien decidieron qué cenar. Y cuando Laureano iba a comprar pollo, la perra de la familia comenzó a ladrar para que la sacaran a la vereda. “Sacá la perra y después comprá el pollo porque nos va a volver locos”, le dijeron a Laureano sus padres.
El muchacho salió con el animal y casi de inmediato se escucharon las detonaciones. “Nos dijeron vecinos que vieron un Fiat Uno blanco con dos tipos arriba. Primero pasaron, doblaron en «U» en Lamadrid y cuando pasaron otra vez se toparon con Laureano y le dispararon a quemarropa”, relató uno de sus amigos. A la altura del lugar donde se produjo el ataque, por Flammarion pasa un auto a duras penas y hay una loma de burro. Por eso la víctima se arrinconó para dejar que pase el vehículo, pero desde ese mismo auto y sin sacar la mano le dispararon.
image (2).jpg
Flammarion al 5100, la escena del crimen.
Laureano fue trasladado por sus parientes en un auto particular hacia el Hospital Roque Sáenz Peña y de allí, por la gravedad de las heridas, derivado al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez donde murió pasadas las 22.
“El barrio es un desastre, pero se había tranquilizado algo. Lo que pasa es que acá todo tiene precio. Vos o yo en este momento cotizamos 20 mil pesos. Por esa plata pasa uno y nos pega un tiro. Y después va, pasa por caja y se lleva la plata. Funciona así. Ya no importa si estás metido o no, si tenés broncas o no, si sos bueno o malo. Si alguien encargó el mandado, vos o yo somos boleta. Y si no éramos el blanco, vuelven y le tiran a otro. Y de nuevo pasan por caja. Necesitan tirar un muerto, ponen 20 lucas y ahí está tu muerto”, indicó un conocido de Laureano.