La investigación por el crimen de Roberto Pimpi Camino, el ex jefe de la barra
brava de Newell’s Old Boys ejecutado el pasado viernes de cinco balazos, tuvo ayer un brusco
giro con la detención de cinco personas acusadas en forma preliminar por encubrimiento agravado y
participación necesaria en el asesinato. Entre los arrestados se encuentran el sargento Alejandro
Ismael Urquiza, apodado Angelito Negro, y uno de los propietarios del bar donde ocurrió el hecho.
El resto son las dos mujeres que acompañaban a Pimpi al momento del crimen y la pareja del otro
dueño del local, quien también fue buscado por los investigadores pero hasta el cierre de esta
edición se encontraba prófugo y pesaba sobre él un pedido de captura judicial.
Entre las variadas hipótesis que manejan los investigadores para explicar el
asesinato más resonante de los últimos tiempos en esta ciudad, ayer pareció tomar más fuerza la que
describía una "venganza por razones económicas o por una abultada deuda" que al parecer era difícil
de saldar en el mediano tiempo y que la víctima mantenía con alguien cuyo nombre o apodo ya
circulaba entre las anotaciones de los pesquisas. En tanto, fuentes judiciales dejaron entrever
anoche que creen tener prácticamente identificado al sicario de Camino y confiaban, a partir de las
declaraciones de los detenidos, poder también llegar al instigador.
El abrupto viraje que tuvo la pesquisa se dio a partir de la declaración de un
testigo al que apodarían Japo y que se presentó a declarar en forma espontánea ayer a la mañana en
el juzgado de Instrucción Nº9 a cargo de Javier Beltramone. Si bien no trascendieron detalles de la
exposición de ese hombre, vinculado estrechamente al círculo más íntimo de Pimpi, sus dichos
habrían profundizado las sospechas que pesaban sobre las seis personas que ya habían declarado
pocas horas después de ocurrido el crimen.
En esa oportunidad, los ahora apresados habían hablado bajo el estatus de
declaración informativa, es decir con un rango intermedio entre la de un simple testigo y la de un
imputado. Eso implicaba que había algún grado de sospecha sobre ellos. Lo cierto fue que entre el
lunes y ayer, con los indicios que se incorporaron en la causa, Beltramone ordenó detenerlos y
allanar sus domicilios.
Allanamientos.Los procedimientos ordenados por la Justicia se realizaron durante
la tarde de ayer y estuvieron a cargo de efectivos de la Agrupación Unidades Especiales (AUE) de la
Unidad de Regional II y de la delegación sur de la Dirección de Asuntos Internos, que se incorporó
a la investigación ante la originaria presunción, ahora confirmada, de que hubiera personal
uniformado implicado en el homicidio. Los hombres de ese organismo, que depende de la Secretaría de
Seguridad Pública de la provincia y practicaron ocho allanamientos, fueron los encargado de detener
a Angelito Negro Urquiza.
Este sargento, quien el año pasado fue parte de la comitiva designada por el
actual jefe de policía de la provincia Osvaldo Toledo para ir a detener a Camino a la Capital
Federal, admitió en sede judicial haber estado en el bar Ezeiza junto a Pimpi hasta media hora
antes del asesinato y haberse enterado más tarde, y por la radio, de lo que había ocurrido. Ayer,
Urquiza tuvo que entregar su arma reglamentaria y su teléfono celular, desde el cual presuntamente
habría salido el llamado que convocó a Camino al bar donde lo mataron, para ser sometidos a
pericias. Tras ello quedó bajo arresto e incomunicado.
Asuntos Internos también detuvo a Raúl Barrionuevo, un policía exonerado de la
fuerza hace un par de décadas que figura como propietario del bar Ezeiza, de Servando Bayo al 1400,
donde Pimpi estuvo las últimas cuatro o cinco horas de su vida. Al sospechoso lo hallaron ayer a la
tarde en ese mismo lugar, según indicaron a este diario voceros allegados al caso.
La misma suerte corrieron las dos mujeres que acompañaban a Camino aquella
madruga, cuyas identidades no fueron suministradas.
Por su parte, los efectivos de AUE arrestaron a Paola O., pareja del otro
propietario del bar y apodado Toro. Este hombre, identificado como Orlando Daniel Gutiérrez, no
pudo ser localizado por los investigadores y hasta anoche se encontraba prófugo.
De acuerdo a la escasa información que trascendió, el cerco de sospechas se
amplió hacia otras dos personas, Diego T. y otro hombre conocido por el apodo Gordo Apio. Esos dos
últimos implicados también eran buscados desde ayer a la tarde.
Desde el juzgado de Beltramone ayer no se brindaron datos precisos sobre el
grado de imputación que pesaba sobre las cinco personas detenidas y los tres sospechosos que están
siendo buscados, todo eso en virtud del estricto secreto de sumario que rige en esta etapa de la
investigación. Lo único que trascendió es que los apresados hasta el momento se encuentran
incomunicados y que podrían ser indagados entre jueves y viernes. La acusación preliminar que pesa
sobre todos es la de encubrimiento agravado y participación necesaria en el asesinato de Camino. En
principio se cree que alguno de ellos pudo haber alterado la escena del crimen.
Tampoco se supo ayer de fuentes judiciales la suerte corrida por J.S.M.,
detenido el lunes en una casa de Buenos Aires al 1100 donde se secuestraron electrodomésticos
presuntamente robados de una casa de Granadero Baigorria que había sido alquilada tiempo atrás por
Camino.
El crimen de Pimpi ocurrió el viernes pasado a las 4.55. El ex jefe de la barra
leprosa se encontraba desde la medianoche en el bar Ezeiza, de Servando Bayo 1484, tras ser
convocado para asistir a una reunión. Confiado de que iba a un sitio conocido y seguro, debido a
sus presuntos vínculos con los dueños y sabedor de los policías que se hallarían ahí, Camino fue
regalado (sin armas). En un momento dado se levantó de la mesa que comportía con otras personas
para salir a la calle. Allí lo acribillaron con cinco tiros que le causaron una muerte casi
instantánea.
La mujer
A pesar del estricto secreto que imperó ayer en el
juzgado de Instrucción 9, trascendió que a la mañana declaró ante el juez Javier Beltramone la
última pareja de Roberto Camino, Cristina Acosta. Nada se supo de lo que dijo la mujer, aunque
allegados al entorno de Pimpi manifestaron que “no involucró a nadie en particular” con
el homicidio.