Pandemia

Por la crisis, un salón de fiestas se convirtió en verdulería

Está en Pichincha y su propietario la llamó "La Pandemia". Una salida para sostener el trabajo ante los efectos del Covid-19 en la economía.

Sábado 23 de Mayo de 2020

Casi 90 salones de fiestas de Rosario vienen sufriendo las consecuencias del aislamiento social y obligatorio debido al cese completo de una actividad ligada a la aglomeración de personas en espacios cerrados. Sin embargo, frente a la crisis sin precedentes que esto genera, algunos tratan de sostener el negocio con salidas imaginativas. Un complejo ubicado en el corazón de barrio Pichincha se reconvirtió en verdulería y su propietario la llamó "La Pandemia", como irónica referencia a la situación sanitaria.

Martín Wolman tiene 35 años, y es titular del salón de fiestas Mandarina, que funciona hace casi 10 años en Callao 78 bis. El jueves a la noche despachaba bolsas de papas, manzanas y cebollas, cuando hace tres meses presupuestaba fiestas de casamiento, de quince años, y todo tipo de eventos para niños o adultos. El hombre se "arremangó" y le buscó la vuelta a la apremiante situación.

Es que cuando comenzó a extenderse el coronavirus y se impuso la cuarentena obligatoria, el empresario debió bajar las persianas del local que atiende personalmente junto a tres empleadas. Imaginó que todo volvería a la normalidad en mayo, pero lejos de eso, sigue acumulando incertidumbre y algunas deudas.

La opción que encontró para hacerle frente al parate fue armar una pequeña pero coqueta verdulería en el mismo deck de entrada al local. Verdulería "La Pandemia" se lee en un pizarrón escrito con tiza asentado en la vereda de Callao entre Güemes y Brown, un corredor de Pichincha remozado por la proliferación de bares, pequeños hoteles, negocios de decoración y reductos de antigüedades.

Cuando a Martín se le pregunta sobre la decisión de instalar el provisorio despacho de frutas y verduras habla con fastidio de "esta porquería", por la propagación de Covid-19 y las ya conocidas secuelas económicas. Por razones obvias, el rubro fue uno de los primeros en suprimir la actividad. Y tal vez sea uno de las últimos en regresar a la normalidad.

"Tengo tres empleadas fijas con las que cumplo con los sueldos y vacaciones, y un acuerdo por la cantidad de fiestas que hay en el mes. Pero se vino esta porquería (por el virus) y les dije que aguantaba hasta mayo. El tema es que no quiero dejar a nadie en banda. Entonces les propuse instalar la verdulería, ellas se reparten los horarios para atenderla a la mañana, y yo a la tarde. Y acá estamos", dice algo resignado, pero sin perder entusiasmo.

"Mirá qué linda quedó", se ríe por no llorar y señala los cajones de frutas y verduras dispuestos sobre el deck de madera. Martín sacó dos bancos de plaza que tenía para recibir invitados, un par de cubos plásticos, dispuso las típicas guirnaldas de luces para adornar el hall, una balanza, colgó un par de ristras de ajos y le dio una vuelta a un espacio que hasta hace pocos meses se vestía de gala.

"Empecé a ir al mercado todos los días a las 6 de la mañana con una chatita que tengo, cargo los cajones y vengo. Aprendés todos los días porque hay hortalizas como la radicheta o la rúcula que no te aguantan más de 24 horas. Pero bueno acá estamos. Me quedé sin bananas, voy a tener que traer más", repasa la experiencia del día mientras ya piensa en sacar una heladera exhibidora que tenía en la cocina para adosar venta de fiambres y quesos.

Con música y buena onda para recibir a los clientes, cuenta que pudo arreglar el tema del alquiler del salón, pero advierte que ya no tiene fondos para hacer frente al pago de luz, gas y otros impuestos. "No me parece justo pagarlos sin poder trabajar, es algo lógico", razona.

"El tema es que por acá no pasa mucha gente, pero bueno, le pondremos el pecho porque siempre laburé", dice Martín sobre las 20, y a punto de terminar su jornada de trabajo en la verdulería "La Pandemia".

Noventa espacios en su peor momento

Preocupados pero conscientes de la situación y tratando de mirar el futuro con optimismo, desde hace tres semanas los “saloneros”, como se autodefinen los casi 90 empresarios rosarinos dedicados a la industria de los eventos y fiestas, vienen manteniendo reuniones con el Ejecutivo municipal para encontrar soluciones y revitalizar de a poco a un sector que da trabajo directo e indirecto a unas 25 mil personas.

   “En primer término, planteamos que nuestra problemática es bien puntual y por eso el enfoque era particular. Elaboramos un petitorio para que la Intendencia contemple la posibilidad de algunas excepciones en el rubro, para paliar la situación y seguir generando recursos, como mostrar los salones para futuros eventos, o aquellos que tienen cocina que puedan hacer delivery de comidas”, indicó a La Capital Iván Hawryluk, integrante de la recientemente creada Cámara de Eventos y Afines (CEA).

   En relación a las excepciones de tasas municipales, el empresario explicó que son conscientes de la crisis que también enfrenta la gestión local en relación a la recaudación de impuestos, aunque diferenció a los empresarios que deben afrontar el costo de un alquiler de aquellos que son dueños y tienen “algo más de espalda”. Igualmente, razonó: “Todos necesitamos volver a trabajar porque vivimos de las ventas”.

   Después de ese primer encuentro con autoridades de la Secretaría de Desarrollo Económico, y tras 15 días durante los cuales Santa Fe pasó sin sobresaltos a la fase 4 del aislamiento social y obligatorio, volvieron a tener conversaciones con los funcionarios municipales.

   “Insistimos con este pedido de poder mostrar los salones para eventos con fechas a futuro, incluso establecimos un protocolo propio de distanciamiento, por turno y de a una persona. Lo presentamos a las autoridades y ahora pasó al área Legal. Nuestros espacios son amplios y la verdad es que no habría problemas de contacto”, graficó Hawryluk.

   El dirigente advirtió que no sólo está en riesgo el futuro de los empresarios, sino una gran cantidad de empleos directos e indirectos, entre ambientadores, decoradores, filmadores, fotógrafos, seguridad, técnicos de sonidos, musicalizadores, camareros, cocineros, chef, pasteleros, recepción, promoción, cotillón, y decenas de otros trabajos y servicios.

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