Tal vez ante la ola de alarma y psicosis colectiva que inunda el planeta convenga poner un poco de contexto con información científica. Veamos la última pandemia, la de la gripe A en 2009, que luego de provocar unos 200 mil muertos ese año se estableció como el virus estacional cosmopolita, en todo el planeta. La vacuna se produce desde 2010. Para el invierno boreal de 2018/19, los Centers for Disease Centers and Prevention de EEUU reseñaban: "Los virus de la gripe A fueron los predominantes. Si bien los virus de la gripe A (cepa H1N1pdm09) predominaron desde octubre de 2018 hasta mediados de febrero de 2019, los virus gripe A (H3N2) se notificaron con mayor frecuencia a partir de fines de febrero de 2019. La temporada tuvo una gravedad moderada basada en los niveles de enfermedades similares a la gripe en pacientes ambulatorios, las tasas de hospitalización y las proporciones de muertes relacionadas con la neumonía y la gripe". ¿Y cuál es esta "gravedad moderada" para los CDC estadounidenses? Bien, ahí van los números: "Los CDC estiman que la carga de la enfermedad durante la temporada 2018-2019 incluyó un estimado de 35.5 millones de personas que se enfermaron, 16.5 millones de personas que acudieron a un proveedor de atención médica por su enfermedad, 490.600 hospitalizaciones y 34.200 muertes" (informe completo: https://www.cdc.gov/flu/about/burden/2018-2019.html). Vale repetirlo: 34.200 muertes solo en los EEUU por ya olvidada gripe A. No hubo ningún titular ni "zócalo" televisivo de tono apocalíptico con esa información.



























