Pandemia

"El virus tiene una capacidad disruptiva absoluta, es 'el mensaje' de la época"

Sandra Valdettaro es posdoctora en comunicación. Docente de la UNR y directora de la Maestría en Estudios Culturales y del Centro de Investigaciones en Mediatizaciones de la UNR.

Sábado 23 de Mayo de 2020

La transformación radical de la vida que impuso el coronavirus gatilló un debate global sobre las trasformaciones que vendrán post-pandemia. La doctora en Comunicación Sandra Valdettaro cuestiona la profileración de diagnósticos sobre el futuro y remarca la incertidumbre que domina este momento de la humanidad.

   En diálogo con La Capital, la directora del Centro de Investigaciones en Mediatizaciones (CIM) de la Universidad Nacional de Rosario analiza los cambios en el debate público con respecto a la etapa pre-pandemia, advierte que a pesar de la propagación durante décadas de visiones catastrofistas “se fue instalando, de manera progresiva pero veloz, una fuerte sensación de imprevisibilidad” y desliza que algunos cambios “llegaron para quedarse”.

   La también docente de la UNR escribió un artículo para el libro El futuro después del Covid-19, editado por el programa Argentina Futura, y del que participaron intelectuales de distintas orientaciones ideológicas. Una curiosidad: de los casi treinta autores que aportaron al trabajo, Valdettaro es la única representante de la ciudad de Rosario.

      —Empiezo por la comunicación política, ¿Cómo ve el desempeño de Alberto Fernández, Omar Perotti y Pablo Javkin en este terreno durante la pandemia?

   —La comunicación política durante la pandemia se desarrolla, en general, de manera concordante entre los distintos niveles de gobierno. A pesar de algunas fricciones, el discurso político en esta coyuntura logró cierta uniformidad apelando a colectivos genéricos como “ciudadanos”. Se produce así un “efecto” de dilución —aunque no desaparición ni superación— del fuerte componente conflictivo que caracteriza la comunicación política local y nacional.

      —¿Qué balance hace de cómo se está desarrollando el debate público acerca del Covid-19? ¿Nota cambios respecto a la etapa pre-pandemia?

   —El debate público fue tomado casi totalmente por la agenda sobre el virus y sus distintos temas. La mediatización replica, en general, los distintos aspectos sobre el Covid-19. El cambio con respecto a la etapa pre-pandemia es total, haciendo desaparecer de la noticiabilidad temas muy recurrentes previamente como el del asesinato de Villa Gesell ocurrido en enero pasado. La emergencia del virus y su consecuencia de aislamiento fue tan fuerte y con efectos tan inesperados en todos los órdenes de la vida que produjo una ubicuidad mediática consonante.

      —Cito una frase de su artículo en el libro: “A pesar de la profusión de diagnósticos de todo tipo que desde hace décadas vienen anunciando la inminencia de la catástrofe, la humanidad quedó, sin embargo, en un estado de estupefacción y con un sentimiento de imprevisibilidad y suspensión del sentido común”, ¿Por qué se produjo esto?

   —Porque aunque desde hace mucho tiempo estamos en contacto con todo tipo de discursos catastrofistas, lo cierto es que ese acostumbramiento perceptivo, en el tránsito de la ficción a la realidad, no produce consecuencias concretas en los comportamientos, es decir que ese vínculo entre ficción y realidad no es directo sino muy complejo, de tal modo que lo que sucedió es que se fue instalando, de manera progresiva pero veloz, una fuerte sensación de imprevisibilidad.

      —Desde el comienzo de la pandemia hay un debate entre los intelectuales que participan del debate global, como Slavoj Zizek, Giorgio Agamben, Byung-Chul Han, sobre hacia dónde va el mundo post Covid-19, ¿Se siente más cercana a alguna de esas posiciones?

   —Acuerdo parcialmente con Han sobre el mundo post pandemia y con Zizek acerca de la crisis del capitalismo, pero no con las posturas de Agamben. Me pareció interesante el planteo de Paul Preciado sobre la genealogía que hace con Playboy. Estoy en contra del palabrerío filosófico general y remarco mucho la cuestión de la incertidumbre, no de los diagnósticos post pandemia. Me parece que el futuro está muy abierto, si es que se puede pensarlo.

      —En su texto usted plantea que “el virus es el mensaje”, ¿A qué se refiere?

   —”El virus es el mensaje” alude a una interpretación mcluhaniana de la pandemia. Quiero decir que el virus y el contagio son los vectores principales que reconfiguraron el mundo global pandémico en todos los órdenes, desde lo íntimo y lo privado, hasta la economía y la política. El virus es “el mensaje” de la época.

      —¿Qué implica pensar la pandemia como un “gran accidente integral”?

   —La noción de accidente integral de Virilio la relaciono con los planteos de McLuhan. Dicho rápidamente, el accidente integral es total, como este virus, tiene una capacidad disruptiva absoluta, es por eso que es “el mensaje” de la época.

      —De acuerdo a Ulrich Beck en la sociedad del riesgo el miedo es funcional al poder, ¿Este miedo al contagio del Covid-19 también lo es?

   —Desde un punto de vista teórico general este miedo sí es funcional al poder. Pero desde un punto de vista empírico, hay que ir observando qué tipo de fenómenos se irán produciendo ya que puede variar de un estado de obediencia a uno de resistencia y revueltas. Es necesario afrontar el carácter impredecible del comportamiento social y no descartar ningún escenario.

      —¿Cuáles son los efectos sociales y políticos de que el peligro se vuelva sistemático y cercano?

   —Habrá que ver de qué modo la humanidad irá experimentando nuevos modos de estar, de convivir, de relacionarse con la naturaleza y el medio ambiente, etc. No se puede aventurar ninguna certeza en relación a cómo será el mundo post-pandemia, pero mi sensación es que algunas cuestiones que trae aparejado el Covid-19 llegaron para quedarse.

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