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Victoria del agua

Desde el año pasado tenía intenciones de participar en el calendario del Grand Prix internacional de aguas abiertas. Y lo concretó esta temporada. Victoria Mori es de San Lorenzo y la única de la región que recorrió distintos países para nadar en pruebas donde "la cuestión mental es lo más importante", según describió la joven de 22 años, estudiante de segundo año de Odontología. Especialista en pileta, acumuló experiencia y anécdotas en carreras en circuitos naturales que le demandaron hasta más de 9 horas, soportar aguas frías, olas de dos metros y hasta cortes en un brazo. Terminó en un 8ª puesto del ránking de la Federación Internacional de Natación que espera mejorar en 2016.

Miércoles 11 de Noviembre de 2015

Desde el año pasado tenía intenciones de participar en el calendario del Grand Prix internacional de aguas abiertas. Y lo concretó esta temporada. Victoria Mori es de San Lorenzo y la única de la región que recorrió distintos países para nadar en pruebas en las que “la cuestión mental es lo más importante”, según describió la joven de 22 años, estudiante de segundo año de Odontología. Especialista en pileta, acumuló experiencia y anécdotas en carreras en circuitos naturales que le demandaron hasta más de 9 horas, soportando aguas frías, olas de dos metros y hasta cortes en un brazo. Terminó en un 8ª puesto del ránking de la Federación Internacional de Natación que espera mejorar en 2016.
  A principio de año, Mori se propuso “clasificar (en el selectivo nacional) a la Santa Fe-Coronda”, que en esta ocasión no formó parte del Grand Prix. Si bien lo consiguió, la carrera “se canceló por una tormenta” a las 2 horas, 45 minutos de nado. La siguiente meta fue “ir a México”, a Cozumel, por la 2ª fecha del Grand Prix, para decidir si seguía participando en el circuito. “Terminé en la 9ª posición (3 horas, 48 minutos, 29 segundos) y entonces con mi familia decidimos que fuera a correr a Canadá”, contó la nadadora, ausente en la 1ª fecha, la Hernandarias-Paraná.
  Mori dijo que fue “difícil” nadar en Cozumel, no sólo porque se trató de su “primera prueba afuera del país”, sino porque “la corriente del mar aumentaba a medida que pasaba el tiempo y hubo muchos incidentes con los corales. En un momento bajó el agua, quedé nadando arriba de los corales y me corté mucho el brazo”, relató.

La más extensa. La gira continuó en Canadá (“antes de irme ya había hablado con mi familia de terminar el circuito”), en el lago San Juan de Quebec, histórica carrera ganada cinco veces por el rosarino Claudio Plit, de 32 kilómetros. “Las condiciones fueron complicadas. Pese a que era verano, el agua estaba a 18 grados, llovió y hubo mucho viento, con olas de dos metros”, describió.
“Cuando terminé fue increíble. No podía creer haber competido tantas horas. Tengo recuerdos del comienzo y del final, pero me parece que en el medio no hubiese pasado nada. Fue una experiencia gratificante terminar en el quinto puesto (9 horas, 3 minutos, 41 segundos), siendo que hubo diez abandonos por hipotermia”, dijo.
  Por las olas, se resintió de un dolor que arrastraba en el hombro y al día siguiente no podía mover el brazo. Pero a la semana compitió en el lago Magog de Quebec, competencia que no formó parte del Grand Prix. “Fueron diez kilómetros y hubo tormenta”. Pese al clima, llegó a la meta.
  A los pocos días fue el turno del lago Megantic, de 10 kilómetros, por la Copa del Mundo, calendario paralelo al Grand Prix. “Tuve problemas con el guía. No conocía bien el recorrido y no logré finalizar por un par de segundos (se pasó el tiempo límite), pero quedé contenta al medirme con muchos nadadores de nivel internacional”.
  
Sin bote guía. Regresó a la Argentina y al mes siguiente se fue a Macedonia para otra fecha del Grand Prix, en el lago Ohrid, de 33 kilómetros. “Todos me decían que era tranquilo, que por lo general el agua está planchada. Pero justo hubo viento. Encima mi bote guía tuvo problemas con el motor y seguí nadando sola 20 minutos”, dijo. Para comprender su situación, la comparó con “un nadador ciego”.
  “El nadador ve a través del guía y hace lo que él dice, por dónde nadar, te hidrata y da de comer”, explicó Mori, que para colmo vivió una situación particular con otro bote guía. “Traté de explicarles a las personas que iban en el bote y que hablaban en macedonio, que necesitaba que me guiaran. Costó, pero al final me hice entender”.
  Pero hubo más complicaciones. “Me sentí mal durante la carrera y faltando un kilómetro estaba además cansada. Tomé la decisión de terminar ahí, un poco pensando en la Capri-Nápoles”, comentó.
  Mori, que entrena en el club Echesortu con Gustavo D’Andrea y Graciela Hernández, dijo que después de la competencia en Macedonia se sentía “muy mal anímica y físicamente”. Fue el respaldo de muchos competidores lo que la predispuso con otro espíritu para la última fecha, la Capri-Nápoles, de 36 kilómetros.

Mar abierto. “La Capri-Nápoles fue muy linda pero muy dura para mí, que nunca había nadado en el mar abierto y con mucho viento. No ver nada alrededor fue una novedad”, comentó.
“En todo momento nos decían que ya llegábamos y que se veía el castillo (Castel dell’ Ovo, de Nápoles). Yo no veía nada. Después de la carrera nos reímos recordando eso”, dijo.
  Mori fue 9ª (7 horas, 49 minutos, 53 segundos) y comentó que “la prueba tiene mucho peso argentino. Esta fue la 50ª edición y se recordó a los ganadores, a Claudio Plit, Diego Degano, Damián Blaum, que justo terminó primero. Siendo Plit un grande, como Degano, representar a la Argentina tiene mucho peso para nosotros”, sostuvo.
  “Ya empecé a entrenar para el próximo año, con el objetivo de mejorar mi posición en el ránking y estar más cerca del podio. Quiero completar todo el circuito y agregar algunas pruebas de 10 kilómetros, además de competir en pruebas de agua fría”, manifestó la nadadora, que ya tiene decidido dedicarse “exclusivamente a las aguas abiertas”.

El dinero para solventar los gastos
“Una gran parte lo puso mi familia y otra la Municipalidad de San Lorenzo y (el flamante gobernador) Miguel Lifschitz. Lo que más cuesta son los vuelos y el alojamiento. Los premios de las carreras solamente son para los primeros del ránking. No tengo ninguna beca y estoy buscando sponsors para solventar esto”.

El vínculo con los colegas
“Es un ambiente de amistad. Es necesario en este deporte. Me llevo muy bien con Damián (Blaum) -ex campeón mundial- y con (su esposa) Esther (Núñez, española). Me dieron un montón de consejos. Damián fue el primero que me recibió cuando llegué a la meta en Canadá y Esther lo hizo en Macedonia y en la Capri-Nápoles”.

El cuarto título mundial de la porteña Geijó
“Pilar (Geijó) se lo merece. Es muy buena como persona, también física y ante todo mentalmente. Lo mental es lo más importante. Te permite exigirte aunque no estés tan bien físicamente”.
 

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