Sebastián Méndez fue uno de los últimos en dejar el césped del Gigante. Lo hizo un momento después que los jugadores porque se quedó protestando a los árbitros. No se supo bien qué, porque el técnico de Newell’s no dio declaraciones después de la dolorosa derrota en el clásico, una más, pero la primera suya. Y por supuesto se dispararon las conjeturas. ¿Estará ante Racing, el próximo viernes a la noche en el Coloso?
Es que el propio Méndez había dicho que habían llegado a un momento límite luego la goleada sufrida en la fecha pasada ante Estudiantes. Seguramente sus dichos tuvieron más que ver con las formas, de un equipo que en la previa del clásico se cayó ante el primer tropezón.
Claro que las decisiones tácticas que tomó Méndez para ese partido fueron muy cuestionables y no por nada cambió totalmente para el clásico, con la vuelta de jugadores titulares, eso sí. Pero ni así pudo Newell’s torcer la historia de un partido que, como las dos derrotas anteriores clásicas, no fueron por una supremacía manifiesta del rival sino por una jugada puntual. Es decir, la sensación de que se está muy cerca, pero no alcanza.
Las versiones fueron de todo tipo, pero lo cierto es que nadie tomó una decisión al cierre de esta edición. El regreso a Bella Vista fue por cierto en un clima muy apesadumbrado y habrá que ver qué pasa este domingo, si es que pasa algo.
Méndez había asimilado el golpe de Estudiantes, cambió y arriesgó, incluyendo a un jugador como Rodrigo Fernández Cedrés, de quien se había informado que le faltaban semanas de recuperación por un esguince de rodilla. El uruguayo fue amonestado rápido, pero se bancó el trámite y solo fue sustituido para los último minutos por Matko Miljevic.
De Banega ya había informado en la conferencia posterior a Estudiantes que iba a jugar y lo hizo. Salió con el partido 0-0 cuando Newell’s se quedó con diez por la roja a Martino. E hizo entrar nomás a Juanchón García, que antes que pudiera tocar la primera pelota ya su equipo quedaba con diez.
Méndez metió mano. No le alcanzó. No habló. ¿Qué pasará?