Central

Que el orden no obture el progreso

A Central le empezaron a tomar el tiempo rivales con mayor dinámica. Necesita revisar y enriquecer su premisa base para generar juego, su mayor déficit hasta el momento

Miércoles 19 de Septiembre de 2018

Si en el fútbol 2 2 no siempre es 4, eso quiere decir que los postulados van y vienen, son exitosos o fracasan y ninguno tiene la verdad absoluta. En criollo, campeones hubo de todo tipo pero sí todos ellos tenían algo en común: estaban convencidos de cuál era el camino. Eso mostró el plantel que conduce Edgardo Bauza desde el vamos: seguridad en señalar cuál era el suyo, con los jugadores apuntalando el mismo discurso del orden como piedra basal del sendero a la victoria. El desafío próximo para este equipo parece ser el de qué otros atributos deberá nutrirse para que orden signifique progreso y no quedarse estancado.

Es cierto que, además de referirse a esa virtud colectiva como ley suprema, en general también siempre se señaló que se precisaba crecer. Sólo que fue tan omnipresente ese vocablo hasta ahora que, en vez de motorizar las diferentes perspectivas de juego que de allí nazcan, pareció obturarlas. Bauza siempre fue muy enfático y está bien que el conductor transmita seguridad, pero la sensación al menos es que su idea fue llevada a un extremo capaz de coartar algunas licencias tan necesarias en el fútbol, que se nutre de las sorpresas que da el talento individual, por supuesto al servicio del colectivo.

En el momento de la victoria nadie dice nada pero en las derrotas emergen cuestionamientos que obligan a la revisión. En ese sentido, el entrenador no sólo marcó la cancha sobre la idea madre desde el vamos, sino que fue enfático sobre las consecuencias de quien no las acatara: sale del equipo. Así, sin lugar a otra interpretación. Y, se sabe, no todos son hijos del rigor.

¿Pasó algo así con Carrizo el lunes por la noche? El Pachi había sido tan intrascendente como el resto hasta que, con un Defensa que dejó más espacios porque avanzó, empezó a encontrar huecos para penetrar con cambio de ritmo y velocidad, y con la diagonal que mejor sabe y más provechosa es para el equipo. Incluso por derecha, la franja incómoda para su mejor virtud. Así, por ejemplo, le dejó el gol servido a Camacho en la única situación clara auriazul. Pero cuando más encendido estaba, el técnico hizo el cambio de manual al llegar al primer cuarto de hora del complemento y lo sacó. Y Andrés Lioi, por afuera, no pudo mandar ni un centro para los grandotes 9, que es lo que pretende de los volantes externos.

A Carrizo pareció no gustarle nada el cambio y quizás hubo otras razones para la variante, pero esa imagen emergió. La de aquel que alteró el orden y pagó. Por entonces con el partido 0-0, eso sí.

Y tanto ante Racing, pero mucho más ante Defensa y Justicia, también quedó la impresión de que la dinámica rival se impuso a ese encasillamiento, que mutó en estática. Se podría decir además que frente a Talleres, en los dos partidos (el de Superliga en Córdoba y el de Copa Argentina), se dio una situación similar que Central resolvió de pelota parada, ora en un córner, ora en los penales. Sirve claro, pero no puede ser la única alternativa.

No es para hacer un mundo, por supuesto, porque la verdad es que de esta manera Central ya pasó dos fases de Copa Argentina, ganó más de lo que perdió en la Superliga y mejoró un rendimiento defensivo que venía por el piso antes de este proceso. No sería tampoco prudente no observar las señales cuando el semáforo se pone en amarillo, que del orden no emergió el juego y que los rivales empiezan a tomarle el tiempo para poner en cuestión aquello en lo que sin dudas había dado un salto de calidad. Cuando eso pasa, obliga a la readaptación sin que eso signifique bajar las banderas. La del orden en todo caso, debe ser enriquecida..

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