Newell’s se reforzó por necesidad y, sobre todo, obligación. Por apuro para engrosar el promedio del descenso, ratificar su permanencia en primera división y mantener el estatus ganado de equipo grande. Las malas campañas de tiempos pasados lo llevó a esta situación de exigencia extrema y se encontró —por suerte o acierto— con un Frank Kudelka que tuvo puntería con los refuerzos solicitados. La prioridad era y es sumar puntos, por eso una vez más los pibes quedaron un tanto relegados y van apareciendo de a poco. Se sabe que Newell’s es un club vendedor y necesita de transferencias para subsistir, pero cuando se llega a la clásica manta corta (si se tapan los pies se destapa la cabeza y viceversa) se debe elegir una opción. Y no había dudas de que la permanencia es el objetivo primordial. Este buen andar alimenta las posibilidades de que futbolistas de la entidad se luzcan y así la entidad pueda cumplir o acercarse a la tan ansiada y pretenciosa cifra de vender por veinte millones de dólares.






























