Después del Mundial de Brasil 2014, Lionel Messi ya había expresado en su círculo íntimo el deseo de renunciar al seleccionado y según pudo conocerse en ese momento incluso fue un tema de conversación en el seno del cuerpo técnico de Gerardo Martino, quien recién había asumido como entrenador albiceleste y debía definir si lo convocaba para disputar algunos amistosos. Luego todo fue negado desde lo formal y el episodio quedó en un cono de sombras, casi reducido a una anécdota. Pero lo cierto es que para el jugador emblemático de Barcelona no poder obtener un título con Argentina ya era un elemento de presión que comenzaba a perturbarlo entre tanta gloria adquirida en suelo europeo. Donde creció cuidado y sin demasiado espacio para la crítica. Ahora habrá que esperar que la bronca y el dolor por no haberse consagrado en alguna de las cuatro finales disputadas comience a decantar para conocer si finalmente su determinación se mantendrá en el tiempo. A sabiendas que hoy son pocos quienes podrán hacerlo cambiar de opinión si la misma tiene un anclaje en su sentir. Y esos pocos están en su círculo familiar. Fuera de ese contexto íntimo nadie logrará persuadirlo. Mucho menos alguno de los actuales dirigentes de la AFA, quienes han llevado al fútbol argentino a este estado de situación calamitosa desde lo administrativo, financiero y deportivo. Y que el propio capitán se encargó de exponer públicamente a través de una red social, algo que sorprendió porque es inusual a su forma de conducirse.























