Lionel Messi no ve la hora de que nazca el pequeño Thiago que se está haciendo rogar. Mientras tanto entrena con normalidad, cumple con los compromisos comerciales y entrevistas en las que no oculta su ansiedad por la llegada de su hijo que se apronta a llegar al mundo. Posó con la camiseta chiquita de Barcelona con el nombre del primogénito.
El rosarino calificó la inminente llegada como "lo más lindo que me va a pasar en la vida" y aseguró que espera el momento "con muchas ganas y ansioso de que este acá".
Después de recibir el Botín de Oro -acompañado por un chupete y un escarpín del mismo material-, superar los 300 goles, convertir para la selección argentina, Messi aguarda con impaciencia el nacimiento de su primer hijo. "Nervioso no estoy, estoy ansioso", admite cuando se le pregunta por Thiago.
A diferencia de su nombre -Lionel- que sus padres eligieron por la pasión que ambos compartían por el cantante estadounidense Lionel Richie, la elección de Thiago ha sido cosa de Antonella y Leo, pero sin lectura extra. Simplemente porque les gusta ese nombre, sin más vueltas.
Cerca de los chicos
Ya ha manifestado Messi que adquirió experiencia con sus sobrinos -Tomás, Agustín y Morena- por lo cual no lo asusta la paternidad. Leo ya sabe lo que es cambiar pañales y dar mamaderas. Es que además de la pelota, los chicos han sido de siempre su otra gran debilidad.
A través de su Fundación se ha encargado de ayudar a los más pequeños. Sin ir más lejos, en el Vall d'Hebron construyó un parque infantil para los niños enfermos que están allí hospitalizados.
También financia la estancia de médicos argentinos para que puedan formarse mejor a la hora de tratar a niños con cáncer en Rosario. Suelen ser habituales, sin cámaras, sus visitas a los hospitales para arrancar la sonrisa de los más pequeños.
Mientras realizaba una entrevista para Barza TV llegó su padre, Jorge, acompañado de uno de los tíos de Leo. Y contó que ahora pasa más tiempo en Argentina que en Barcelona "porque Leo ya hace tiempo que vuela solo y ya no me necesita como cuando llegó acá con 13 años", afirma mientras sigue pendiente de todos los detalles del crack.
Por mucho que Leo sea ahora una estrella mundial y global, Jorge prefiere no delegar en terceros, no por un afán de control, sino simplemente por una cuestión de cercanía con su hijo.