Rusia 2018

El encefalograma de la selección argentina dio una señal de vida

La victoria de Nigeria le sacó el respirador artificial al equipo de Sampaoli. El triunfo se festejó como propio en la concentración.

Sábado 23 de Junio de 2018

El encefalograma de la selección argentina daba plano. Estaba muerto ayer antes de que arrancara el partido entre Islandia y Nigeria. Los jugadores y el técnico Jorge Sampaoli lucían hundidos de ánimo. Hasta daba pena verlos sufrir de esa manera. Venían de una noche sin poder ni querer conciliar al sueño. Todos aplastados por el papelón que hicieron a la vista del mundo el día anterior contra Croacia. Esa imagen los perseguía con insistente crueldad por la concentración de Bronnitsy. No volaba ni una mosca. Nadie hablaba. La cena y a dormir. Para un plantel autodestructivo y de dudoso orgullo como el argentino, las horas posteriores a la goleada sufrida en Nizhn Nóvgorod fue el peor día de la estadía de los jugadores en Rusia. Incluso, alguien desde adentro radiografió con igual crudeza lo que se estaba viviendo: "Esto es un velorio. Nadie dice una palabra", contaba con voz entrecortada.

   Pero de repente el sistema nervioso de la selección empezó a dar síntomas vitales. Entonces, cuentan que se escucharon gritos a lo lejos en el centro de entrenamiento argentino en Rusia, que está ubicado en el medio de la nada misma. Mucho desahogo. Estallidos de bronca contenida que partieron desde el sector de la utilería. En esa zona se festejaron a rabiar los goles que devolvía la pantalla. Es que con el triunfo de Nigeria el equipo argentino pasó de estar eliminado anímicamente del Mundial a tener una vida más.

   "Gritamos los goles de Nigeria con mucha bronca y un gran desahogo. Hubo puteadas en cada festejo. Seguimos teniendo vida en el Mundial y ahora depende de nosotros. Ojalá el equipo muestre otra cara contra Nigeria y logre pasar de fase porque estos jugadores se lo merecen", narraron desde la concentración argentina, ya entrada la noche en el país en el que se está disputando el Mundial.

   Los jugadores argentinos se instalaron en el enorme salón de reunión y desde ahí presenciaron cómo Nigeria los ayudaba y les sacaba el respirador artificial ganándole 2 a 0 a Islandia en Volgogrado. Con un doblete del africano Ahmed Musa, que calza perfecto su apellido para jugar con la alegoría que Lionel Messi fue su musa inspiradora. También vieron un rato TV, ya que en el predio hicieron instalar una señal satelital para ver canales argentinos y estar al tanto de lo que pasa en el país.

   El cambio de planes que ideó Sampaoli al menos valió la pena. El Zurdo adelantó una hora y cuarto el horario del entrenamiento vespertino en Bronnitsy para que los jugadores siguieran el partido de Nigeria. La modificación de la hoja de ruta trajo buenos augurios. La mayoría de los futbolistas vio el partido en la pantalla gigante de la concentración y otros optaron por quedarse en sus habitaciones. Aunque el desahogo se escuchó en todo el complejo, en cada rincón de la concentración. Ya entrando la noche, el clima se hizo más respirable y no tan insoportable como fue en la madrugada que llegaron al aeropuerto de Moscú.

Silencio de hospital

Eso sí, por la tarde hubo un entrenamiento bajo un ambiente de silencio de hospital. Los que jugaron contra Croacia cumplieron tareas de recuperación de energías en el gimnasio de la concentración. Y los que estuvieron en el banco de los suplentes se exigieron con un ensayo en espacio reducidos. Dicen que entre trabajo y trabajo el aire apenas se podía cortar con una navaja.

   El destino puso a Sampaoli y a esta generación de futbolistas que tildan de defraudadora en una situación que encuentra similitudes con lo que ocurrió en Corea-Japón 2002, cuando aquella formación de Marcelo Bielsa que había maravillado al mundo debía ganarle a Suecia para avanzar a octavos y un empate la expulsó de la copa. Justamente si algo les hiela la sangre a estos jugadores es el hecho de quedar señalados como partícipes directos de la historia negra del fútbol argentino. Ya les alcanza y sobra con convivir día a día con esa oblea de perdedores que llevan pegada sobre sus espaldas. Entre otras cosas, lo que provocó este nuevo escenario para encarar lo que viene fue atenuar el movimiento sísmico que significó haber estado las últimas horas con las valijas preparadas para irse prematuramente del Mundial.

   A la selección argentina la taparon con diarios una vez consumado el fracaso futbolístico contra Croacia y ahora habrá que ver si aprovecha la obra de beneficencia que le realizó Islandia al perder contra los nigerianos.

Otro Mundial

Lo cierto es que arranca otro Mundial para Argentina. El torneo que ya no ofrece segundas oportunidades, que baja el martillo para aquellos equipos débiles de cabeza y pies. También para Jorge Sampaoli comienza otra historia. El Zurdo se siente culpable del colapso del equipo. Está arrumbado, ya no sabe qué trole hay que tomar para reconvertirlo y hacerlo medianamente competitivo. Seguramente realizará cambios para el decisivo partido del martes ante Nigeria en San Petersburgo. Pero se descarta que exponga algún jugador. Todos los cañones apuntan a que Wilfredo Caballero saldría del equipo luego de la fallida resolución con los pies que tomó en el primer gol croata. Tampoco sería descabellado que oxigene algunas posiciones con caras que habitualmente están sentadas en el banco de los suplentes. Ya es hora de que acierte con la formación y que no maree a los jugadores con las modificaciones compulsivas que introduce en cada práctica. Son tiempos en los que al Zurdo le entran todas las balas. El hincha argentino que acompañó a la selección en Rusia se la agarró con él y el jueves, cuando el resultado ya era inmodificable, bajaron cánticos que pedían su alejamiento de la conducción técnica.

   Así como ese rechazo lo golpeó en lo más profundo del corazón y le hirió el orgullo, la señal de vida que encontró ayer con el triunfo de Nigeria lo sublevó. Lo corrió de ese estado de estatismo en el que había quedado tras la goleada ante Croacia. Siente que está a tiempo de encontrar algún antídoto para todos los males futbolísticos que aquejan al equipo. Aunque por ahora, la mano de la señora providencia halló más soluciones que él en el banco argentino.

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