Muy atrás quedó la última presentación canalla en la Superliga, que fue aquel empate apenas discreto 1 a 1 ante Lanús en La Fortaleza, cuando Matías Caruzzo conectó de cabeza y estableció una nueva igualdad, la séptima consecutiva del equipo que conduce Diego Cocca. Porque luego, en las pasadas dos semanas, debido al receso de la Fecha Fifa, el fútbol quedó en un segundo plano en el mundo Central. Y tomaron fuerza las cuestiones institucionales producto del repudio generalizado que desencadenó la confección del último balance, de parte de la mayoría del arco opositor hacia el oficialismo. Entonces afloró un contrapunto discursivo que indudablemente contaminó de verborragia cada poro del planeta de Arroyito, justo cuando los resultados no acompañan del todo (sumó 13 puntos sobre 27 en juego), más allá de que el equipo canalla aún es el único invicto del certamen. Por eso el cotejo de hoy ante Vélez, un rival insolente que saldrá a atacar a Jeremías Ledesma, es una gran ocasión para que se desactive la tormenta institucional y desde el campo de juego surjan las respuestas positivas que irradien tranquilidad en el club auriazul. Central se está jugando muchísimo y el foco tiene que estar totalmente en la pelota, lo contrario será caminar por una cornisa demasiado peligrosa.
La calma institucional de Arroyito se vio alterada en los últimos días. Porque el balance, que arrojó un pasivo en el ejercicio de 99 millones de pesos y el reconocimiento de que la deuda global de Central asciende a 16 millones de dólares, le puso los pelos de punta al arco opositor, desde donde partieron dardos filosos hacia el oficialismo, que igualmente explicó los motivos del pasivo, al que catalogó como absolutamente “manejable”. Y el punto máximo de ebullición fue la asamblea del último miércoles, cuando el balance fue aprobado por los “asambleístas”, ante el repudio generalizado de un grupo nutrido de socios en Cruce Alberdi.
En este río revuelto llega Central a afrontar un partido importantísimo como el de esta tarde ante Vélez, en el que tiene la mochila de cortar la seguidilla de siete empates en fila y volver a ganar luego de la segunda fecha, cuando venció 1 a 0 a Talleres en el Gigante, con grito de Diego Zabala. Esa alegría quedó muy lejos en el almanaque (3 de agosto) por lo que volver a sumar de a tres es imprescindible para el canalla.
Habrá que ver si los futbolistas logran abstraerse del contexto agitado y ser aplicados ante el Fortín. Diego Cocca, que no confirmó el equipo, todo indica que apostará por el ingreso de Nicolás Colazo en la banda izquierda del mediocampo en reemplazo del juvenil Joaquín Pereyra, que de titular en los últimos dos partidos pasó a estar marginado hasta de la lista de concentrados. Y también son positivas las señales del Colo Gil respecto a la dolencia muscular que lo llevó a entrenar diferenciado en el inicio de la semana y, salvó algún contratiempo de último momento, será de la partida.
La buena fue que Central arranca el domingo afuera de los últimos tres puestos del promedio, pero conformase con el beneficio de los resultados ajenos no alcanza. Por ello tiene que hacer su parte para empezar a encarrilar el promedio. Y no la tendrá fácil ante el piberío de calidad del Vélez del Gringo Heinze, una formación que si huele sangre puede hacer estragos. Pero Central depende de Central. De ser sólido atrás, dinámico en el medio y que se le abra arco a Gamba y Riaño.
Central necesita despabilarse en lo futbolístico, levantar el nivel de las individualidades y fabricar una victoria desde el carácter y el juego aceitado. Para eso será sustancial el aporte de Rius y Colazo por la bandas, sumado a la dinámica del Colo Gil para romper por sorpresa por el medio.
Así, una victoria canalla aliviaría el promedio, generaría confianza en un equipo que la necesita como el agua, consolidaría el trabajo del DT Diego Cocca y, además, le aportaría una bocanada de oxígeno a la vida institucional que se alteró en los últimos días. Por todo eso, Central no juega un partido más ante Vélez.