Un parate con aguas que parecían calmas y comenzaron a agitarse. Eso es lo que vivió hasta aquí Central en estos seis meses sin fútbol en Argentina, con un equipo parado pero al que no le faltaron cambios que movieran el avispero, apareados a una economía que, como en muchos otros órdenes de la vida, sintió los coletazos. Frente a la imposibilidad de jugar y de esa forma mostrar jugadores, Central se vio imposibilitado de generar recursos en la dimensión que tenía proyectado. Por eso las partidas de algunos de sus futbolistas fueron a préstamo y no mediante ventas que le hubiesen permitido al club lograr algún otro tipo de recaudación. En el medio, un cambio de entrenador, el rearmado de un plantel que se desmembró más de lo que se fortaleció y la lógica intriga de cómo responderá el equipo cuando le llegue la hora de salir nuevamente al ruedo.



























