La permanencia en Arroyito no fue extensa. Pero fue suficiente para colmar las expectativas y dejar una huella indeleble. Roberto Molina es recordado en estos pagos como un volante derecho punzante, muy técnico y preciso. Jugó en Central entre 1994 y mediados de 1995. Luego paseó su buen juego por Independiente, Perú y en el fútbol de México, donde hoy reside. Sin embargo, el Nuno ya no está vinculado al mundo de la redonda. “Buscaba un cambio de vida. Necesitaba reencontrarme conmigo mismo. Y acá encontré la paz”, afirma de entrada el ex mediocampista. ¿Qué hace en la actualidad el mendocino? “Estamos construyendo la primera ciudad solar sustentable del país, en la selva de Tulum”, le confesó a Ovación desde las entrañas de la maravillosa y paradisíaca Riviera Maya.
“Luego de jugar arranqué un proyecto de seis cabañas a las que denominé La Felicidad en un exclusivo sector de la selva de Tulum. Es el refugio que encontré y ahí fui sintiendo la energía de la naturaleza”, relata con pasión Roberto.
Molina inmediatamente argumenta que “ahí fue cuando conocí a Félix, hoy mi amigo y socio en este proyecto de ciudad sustentable que se llama Koop Luum”. Y acota: “Estamos además dándole esperanza a la gente que la está pasando mal por la pandemia”.
“Busco aportar un granito de arena. No hay que esperar que el gobierno cubra las necesidades porque es imposible llegar a todos. La mitad de los mexicanos viven al día. Y esta cuarentena los desprotege más. Por eso abrimos las puertas para que se sientan contenidos mientras aprenden además a hacer una huerta orgánica. Tienen que producir el propio alimento porque se puede. De hecho, plantamos frijoles, maíz calabaza, tomates y mucha variedad de frutas. Se puede hacer huertas en las casas además. Hay que enseñarles nomás”, remarca con convicción.
El Nuno además agregó que “la fundación más importante de México se sumó al proyecto, como varias personalidades más. Estamos creciendo y construyendo algo importante”. El relato se basa en que la gente está comprando metros en la ciudad sustentable porque apuesta a una mejor calidad de vida, pese a que por el coronavirus armaron una sección para contener a personas en situación de calle y brindan comida a 80 padres de familias que colaboran día a día.
Roberto cuenta casi como una anécdota que solo una vez probó seguir ligado al fútbol tras retirarse como jugador. “La experiencia fue como auxiliar de Francisco Ramírez en el equipo de ascenso Cafetaleros de Tapachula, de este país. Pero veía que no me llenaba por dentro”, abunda con simpleza y claridad.
“Al fútbol se juega con una pelota y son once contra once. No tenés que andar poniendo un 4-4-2 o 4-5-1, etcétera. Esas son tácticas absurdas que limitan y confunden a todo el mundo e hicieron perder la magia. El que la agarra tiene que pasársela bien al compañero y listo”, acota a modo de resumen sobre el porqué apuntó hacia nuevos desafíos. Fue así que empezó este sano y natural proyecto que encabeza en suelo maya y lo cuenta con placer en diálogo con Ovación.
¿Qué hacés específicamente en México?
Acá estoy, en un lugar maravilloso como es la Riviera Maya, en Tulum. Estamos proyectando junto a un amigo y socio como Félix Paat la primera ciudad sustentable solar de México, que sea totalmente autónoma. De hecho, ahora tratamos de terminar el sistema se riego como para luego poder sembrar sobre más terreno, pese a que ya lo hicimos en casi 30 mil metros en plena selva. Trato de colaborar con todo el pueblo de Macario Gómez, que a su vez no la está pasando bien por el tema de la pandemia y las imposibilidades que tiene la gente para ir a trabajar. Ellos viven al día y necesitan alimentarse. Entonces en estas tierras le damos la oportunidad de hacerlo.
¿La gente es descendiente de la cultura maya o hay de otras civilizaciones?
Hay de todo, pero en su mayoría son como mi socio Félix, quien es un ejidatario de la cultura maya y un ser maravilloso que siempre trata de ayudar al otro. De hecho, estamos colaborando con las familias nativas como también con aquellas personas que quedaron varadas en el aeropuerto. Estamos para brindar ayuda al otro. Hay que compartir y ser solidarios.
¿Y cómo impactó la pandemia del coronavirus en este proyecto?
En parte muy bien porque logramos avances impresionantes. Entre todos hicimos más en las últimas semanas que en los anteriores meses. La necesidad nos llevó a depositar toda la atención en la cosecha y en el avance de la ciudad sustentable. Si bien estamos en una selva, es un punto de Tulum mágico y de mucha energía. También estamos logrando poner en las casas paneles solares de aluminio y activamos para generar electricidad mediante ese recurso natural perfecto llamado agua, sea vía energía eólica o solar. Por suerte tenemos un ingeniero nuclear que nos ayuda a todos a construirlos. Lo importante es que la gente tiene hoy en día para comer en estos tiempos donde la madre tierra nos está mandando un claro mensaje a todos.
¿Cuándo arrancó este proyecto?
Hace cuatro años. Quería un cambio para mi vida. Buscaba un equilibrio porque venía de vivir en una nube de pedo. No valoraba nada. Porque cuando sos jugador de fútbol, que es un deporte maravilloso, es como que estás en otra. En realidad no estamos preparados para el retiro. Porque a los 35 años ya sos viejo y te genera un vacío interno grande. A eso le sumo que la gente te idolatra o tiene más respeto por el futbolista que por un médico, científico o profesionales que realmente le dan algo al mundo. Buscaba reencontrarme. Y acá lo logré. Me acompaña mi hermano y fiel compañero José, pese a que extraño a mis hijos Franco y Tiziana, quienes viven allá, en Necochea, con su madre.
Ahora sí que conoces la realidad y sabés perfectamente cuando la gente dice que no tiene para comer.
Totalmente. Considero que los futbolistas somos afortunados. Hacemos lo que amamos y ganamos dinero. Y mientras estás en actividad no ves todo lo que pasa. En cambio, ahora veo las carencias y necesidades que hay en el otro. Y, sinceramente, no puedo quedarme quieto sabiendo que hay chicos que no tienen para comer. Sobre todo con esta pandemia, que agudizó todo y seguramente muchos gobiernos tendrán muchísimas dificultades para volver a ponerse de pie. Habrá un cambio muy grande en la humanidad en este aspecto.
¿Te preocupa más la pandemia o que la gente no tenga para alimentarse?
En realidad todos ven al coronavirus como el problema mayor. Pero hay otro tema que en poco tiempo generará graves problemas, como será la falta de alimentos. Porque hasta ahora la gente que puede o tiene dinero logra adquirir los productos. Pero no hay que olvidarse que las industrias que generan alimentos están casi todas cerradas y en algún momento eso se notará y ocasionará un impacto muy grande en la sociedad. La mayoría de las cosas que consumimos estaban envasadas desde antes de esta pandemia. Cuando se acaben las reservas y esta cuarentena siga, ahí la gente buscará como sea obtener lo que fuera para comer. Por eso acá estamos cultivando mucho y enseñándoles a los demás cómo armar una huerta orgánica en su casa. Es más simple de lo que muchos imaginan.
¿Sabías que en nuestro país hay varias fundaciones, comedores o personas que están ayudando a otras con comida o bolsones de alimentos?
Acá también sucede. Y no sé si también está bien lo que hacen. Lo mismo va para mi Argentina. Lo digo con respeto hacia las autoridades. Considero que se está gastando mucho dinero en eso. No comparto con eso en realidad. Porque a la gente hay que enseñarle a hacer huertas para que obtengan al menos alimentos básicos. No hace falta un gran terreno para obtener verduras o frutas.
¿Se puede decir entonces que con este proyecto están tratando de dar otros mensajes que muchos no ven?
Tratamos de ayudar mostrándole que se puede organizar una huerta orgánica. Nuestra ciudad sustentable además es para eso. Queremos que sea sustentable ciento por ciento con recursos naturales. Porque la madre tierra te da todo. Solo hay que verlo. El tema del coronavirus paralizó casi todas las industrias, hizo desplomar las bolsas, generó problemas en los bancos porque se cortó la cadena de pagos. La gente no tiene o se va quedando sin dinero. Esto es más grave de lo que se ve.