A los 100 años y rodeado de sus seres queridos se apagó la vida de Francisco
“Pancho” Varallo, último sobreviviente del seleccionado argentino subcampeón en el
primer Mundial jugado en 1930 en Uruguay y otrora goleador de Gimnasia y Esgrima La Plata y Boca
Juniors.
El 5 de febrero había cumplido un siglo de vida, 80 años después de haber peleado en pos del
primer título mundial para Argentina en el legendario Centenario de Montevideo. A Varallo se lo
identifica con Boca, porque fue tri campeón con los xeneizes, donde hizo historia, porque integró
el primer ganador de un campeonato profesional en 1931, repitiendo en el 34 y 35, y porque con la
azul y oro hizo nada menos que 193 goles en 222 partidos, convirtiéndolo en el tercer goleador de
Boca.
Pero así como La Plata fue su lugar en el mundo, allí tuvo dos amores. El club 12 de Octubre,
donde empezó a darle a la pelota, de trapo, goma y cuero, y Gimnasia y Esgrima, donde debutó a los
18 años y le dio en 1929 el título de campeón al decano platense en tiempos del epílogo del
amateurismo, fueron sus otras casas en la ciudad de las diagonales. También fue entrenador de
Gimnasia entre 1957 y 1959 pero no sentía esa función y no tuvo empacho en decirlo
abiertamente.
“No tengo la fuerza de carácter que hay que poseer para esa tarea”, dijo en un
reportaje. Pero antes de aparecer en el fútbol grande, Pancho desde los 14 que era conocido por La
Plata rompiendo redes, como los ocho goles que le hizo a Rioplatense, que derivó en que Gimnasia se
llevara al joven jugador a cambio de 500 pesos y una tribuna.
Siguió siempre siendo Pancho, como le decían sus padres Antonio y Teresa, pero con el tiempo fue
“Cañoncito” por la feroz patada que tenía, el arma para batir a tantos guardavallas.
Varallo fue un actor de esos espectáculos populares de los domingos tras los ravioles, y como
muchos actores tuvo la oposición de los padres para ejercer esa función y, según contó alguna vez,
se le plantó a don Antonio diciéndole “no me voy a quedar sin jugar por usted”.
El 25 de mayo de 1930 hizo su presentación en el seleccionado y marcó el gol del empate en uno
frente a Uruguay, por la Copa Newton, en el estadio de San Lorenzo de Almagro. Ese día se ganó el
lugar para el primer Mundial que estaba a punto de jugarse, en Montevideo. En ese histórico
campeonato del cual es el único sobreviviente, participó en cuatro de las cinco presentaciones del
equipo argentino con un gol, a México (3-1).
Fue Varallo el mejor contador de las historias que ocurrieron del otro lado del río 80 años
atrás. Como cuando el entrenador le hacía pegar patadas a la pared para curar una lesión en la
rodilla. Llegó el profesionalismo y Varallo recaló en Boca e hizo desastres con Roberto Cherro y
Delfín Benítez Cáceres.
En los últimos años vivió en la calidez de la casa de una de sus hijas, pero hace unos meses
residía en un hogar de Villa Elisa. “Estaba cansado de vivir, solo abría los ojos cuando se
hablaba del fútbol de antes”, contó a DyN su sobrino Rubén De Luca.
Gastado en su físico, un catarro le complicó sus “fuelles”, como diría don Pancho y
fue internado en un sanatorio de La Plata, donde murió esta madrugada. Los restos del último
sobreviviente del Mundial del 30 eran velados desde las 16 en la casa Boccia Hermanos, de la calle
57 entre 5 y 6 de La Plata y mañana serán inhumados en la bóveda familiar del cementerio platense.
(DyN)